Está claro que quienes trabajan aquí son personas inteligentes... pero lo que más me ha impresionado es su costado humano.

Después de trabajar como ingeniero industrial en varias compañías, estaba buscando un cambio de rumbo, un lugar donde me sintiera inspirado por las personas a mi alrededor y que me planteara desafíos. Y es exactamente lo que encontré en McKinsey.

ESPÍRITU DE EQUIPO

Aquí descubrí lo que significa el verdadero espíritu de equipo, con personas siempre dispuestas a ofrecer el 100% de su esfuerzo y apoyo, y al mismo tiempo disfrutar de hacerlo. A menudo lo comparo con un equipo de rugby, donde el valor está en cada individuo, pero el grupo es siempre lo más importante.

Es extraordinario tener acceso a semejante cantidad de expertos y a conocimientos sobre prácticamente cualquier tema. Puedes levantar el teléfono y llamar a alguien del otro lado del mundo para recibir insights que generan impacto inmediato en el cliente.

MI EXPERIENCIA EN MCKINSEY

Uno de los aspectos más reconfortantes de mi carrera en McKinsey ha sido la posibilidad de perseguir mis intereses y mantener flexibilidad respecto de mi tiempo personal. Desde el principio, mi gerente de proyecto me apoyó para ajustar mi actividad a los temas que más me apasionan y disponer de cierto tiempo libre después del trabajo. Y luego descubrí que esa es la forma habitual de trabajar en la Firma.

DESCUBRIMIENTOS INESPERADOS

Trabajar en McKinsey me obligó a conocerme a mí mismo, mis fortalezas y las áreas donde puedo mejorar. Aprendí a desarrollar habilidades de influencia, que con el paso del tiempo descubrí que pueden ser más útiles que los conocimientos de Excel, PowerPoint o analíticos para lograr impacto en el cliente. Y también que a menudo son las pequeñas cosas las que hacen la mayor diferencia en mi trabajo.