McKinsey Health Institute

La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

| Informe

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Resumen ejecutivo

Cerebros más fuertes fortalecen la resiliencia, la productividad y la prosperidad compartida. Es momento de invertir en consecuencia.

El cerebro es el órgano más complejo y vital del cuerpo, y regula desde las funciones básicas de la vida hasta la toma de decisiones complejas. También es la base de cómo las personas viven, trabajan y se conectan, lo que lo convierte en un elemento central para el bienestar individual, las organizaciones de alto desempeño y las economías resilientes. A pesar de los rápidos avances tecnológicos, nada ha logrado aún replicar la capacidad del cerebro para contribuir a la sociedad.

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La inteligencia artificial (IA) transformará el trabajo, y la competitividad dependerá de la combinación de las fortalezas humanas y de las máquinas. Los países y las empresas deben evolucionar sus estrategias para permitir la colaboración y aprovechar las fortalezas complementarias de la inteligencia humana y la tecnología, o arriesgarse a un crecimiento más lento y a quedarse atrás en la próxima era de la economía global. Y aunque hay mucho en juego si no invertimos en la salud de nuestros cerebros y en las habilidades que nos hacen exclusivamente humanos, las ganancias potenciales —a nivel individual, social y económico— son aún mayores si optamos por hacerlo.

En este informe, la salud cerebral se define como un estado de funcionamiento óptimo del cerebro, respaldado por la promoción de un desarrollo cerebral saludable y la prevención o el tratamiento de trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias en personas de todas las edades. Sin embargo, la salud por sí sola no es suficiente. Las habilidades cerebrales —las capacidades fundamentales de tipo cognitivo, interpersonal, de autoliderazgo y de alfabetización tecnológica que permiten a las personas adaptarse, relacionarse y contribuir de manera significativa— son igualmente críticas para el progreso de la sociedad. En conjunto, estas conforman lo que se denomina capital cerebral.

La subinversión en el cerebro tiene un costo sustancial. La carga mundial de enfermedad asociada a las condiciones de salud cerebral está en aumento, impulsada por el envejecimiento de la población, el aumento de los factores de estrés y una mayor incertidumbre sobre el futuro. Cuando las sociedades pasan por alto el papel central del cerebro en la salud y la productividad, el impacto se siente en vidas interrumpidas, potencial perdido y una pesada carga para las familias y los cuidadores. Ampliar intervenciones costo-efectivas para prevenir, tratar y ayudar a las personas a recuperarse de las condiciones de salud cerebral podría evitar 267 millones de años de vida ajustados por discapacidad o AVAD (disability-adjusted life years, DALYs) a nivel mundial para 2050, generando hasta $6.2 billones de dólares en ganancias acumuladas del PIB.1 Invertir de manera temprana puede generar retornos aún mayores: los programas de calidad para la primera infancia han demostrado retornos anuales de 7 a 13 por ciento y han entregado relaciones beneficio-costo de hasta nueve a uno en países de ingresos bajos y medianos.2

En este informe del McKinsey Health Institute, en colaboración con el Foro Económico Mundial, los autores presentan el argumento a favor de invertir en el cerebro, introducen cinco palancas de acción y ofrecen una hoja de ruta para los próximos pasos. Si bien las acciones específicas pueden variar según el actor, la región o el sector, existe la necesidad de una aspiración compartida y un marco común para el cambio. Este informe busca llenar ese vacío.

Introducción

Construir capital cerebral implica valorar e invertir en la salud y las habilidades cerebrales de personas de todas las edades.

El cerebro es el órgano más complejo y vital del cuerpo, y gobierna desde las funciones básicas de la vida, como la respiración, hasta la cognición avanzada, la regulación emocional y la toma de decisiones complejas. Fortalecer la salud cerebral tiene beneficios más allá del propio cerebro, con asociaciones positivas en múltiples dimensiones de la salud, incluyendo la salud metabólica, cardiovascular, social, emocional y espiritual. Por ejemplo, una puntuación del Brain Care Score cinco puntos más alta –una medida que evalúa factores modificables de la salud cerebral– se asocia con un riesgo 43 por ciento menor de desarrollar enfermedades cardiovasculares y una incidencia 31 por ciento menor de cáncer de pulmón, colorrectal y de mama.3 Construir de manera proactiva una salud cerebral positiva y fortalecer las habilidades cerebrales puede mejorar la cohesión social, potenciar la salud integral, fortalecer la estabilidad social y promover un crecimiento económico inclusivo.4 Cualquiera que haya experimentado depresión, visto a un niño con dificultades en la escuela, cuidado a un ser querido con enfermedad de Alzheimer (EA) o presenciado a compañeros de trabajo lidiar con la sobrecarga cognitiva puede comprender los beneficios de invertir en cerebros más fuertes.

A pesar de su importancia clave, el cerebro ha sido durante mucho tiempo subpriorizado en las políticas y la inversión a nivel mundial. Esto no ha sido por falta de esfuerzo; investigadores, defensores y profesionales han planteado este argumento durante décadas,5 pero hasta hace poco, las definiciones fragmentadas, las herramientas de medición limitadas y los prejuicios y la discriminación en torno a los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias (MNS) han dificultado unificar la acción o elevar la salud y las habilidades cerebrales como prioridades económicas. Hoy, los avances de la ciencia, una comprensión más clara del papel del cerebro en la productividad y la resiliencia, y la creciente atención global a las disrupciones relacionadas con la inteligencia artificial están creando un momento en el que la inversión coordinada en el cerebro se ha convertido en un imperativo económico.

Así como la Revolución Industrial transformó las sociedades de agrarias a centradas en las máquinas, replanteando las inversiones, impulsando la innovación y catalizando el progreso global, se necesita un cambio similar para maximizar el potencial humano. Es aquí donde el capital cerebral entra en la conversación.

El capital cerebral combina dos elementos: la salud cerebral –un estado de funcionamiento óptimo del cerebro respaldado por la promoción de un desarrollo cerebral saludable y la prevención o el tratamiento de los trastornos MNS– y las habilidades cerebrales, que son las capacidades fundamentales de tipo cognitivo, interpersonal, de autoliderazgo y de alfabetización tecnológica que permiten a las personas adaptarse, relacionarse y contribuir de manera significativa. Estos dos elementos se complementan de forma natural, y la ciencia emergente destaca la interrelación entre las condiciones de salud cerebral y las habilidades cerebrales. Por ejemplo, factores de riesgo y de protección comunes y modificables, como el estrés, el sueño y la participación comunitaria, han demostrado beneficios tanto para la salud cerebral como para las habilidades cerebrales, lo que sugiere que las intervenciones dirigidas a la salud cerebral pueden generar beneficios en cascada en las habilidades cerebrales y viceversa.6

Recuadro

El cerebro y las habilidades

Si bien casi todas las capacidades humanas están mediadas por el cerebro, las habilidades cerebrales en este informe no se refieren a todo lo que hace el cerebro, sino que se centran en las capacidades que dependen, en gran medida, de funciones cognitivas, emocionales y adaptativas de orden superior, como la metacognición y la toma de decisiones complejas. Existe una diferencia entre usar el cerebro para seguir una “receta conocida” y usarlo para inventar una nueva bajo presión. Por ejemplo, conocer un flujo de trabajo específico está volviéndose menos valioso en el lugar de trabajo en comparación con tener la capacidad de replantear el enfoque cuando cambian las circunstancias. Esta última capacidad es a lo que se refiere el término habilidades cerebrales en el contexto de este informe. Este término se utiliza como una forma abreviada de indicar las habilidades no técnicas que a menudo se pasan por alto en la educación y la capacitación formales, pero que tienen un impacto desproporcionado en el desempeño humano. Entre ellas se incluyen habilidades como el pensamiento creativo y analítico, la resiliencia y la flexibilidad, que brindan a las personas la capacidad de responder al cambio con agilidad y resiliencia y están alineadas con investigaciones recientes del Foro Económico Mundial y otras entidades sobre el futuro de las habilidades en el lugar de trabajo.1

Este informe ofrece una hoja de ruta para que las partes interesadas construyan capital cerebral y se basa en un año de encuentros y diálogos globales facilitados por el Brain Economy Action Forum del Foro Económico Mundial, que ha identificado cinco palancas para construir capital cerebral:

  1. Proteger la salud cerebral garantizando el acceso a una atención eficaz para las condiciones de salud cerebral y promoviendo la salud cerebral a lo largo del curso de vida.
  2. Fomentar las habilidades cerebrales para la próxima generación, los trabajadores actuales y quienes se encuentran en etapas posteriores de la vida.
  3. Estudiar el capital cerebral definiéndolo como un campo interdisciplinario, desarrollando mediciones sólidas y ampliando la investigación y el desarrollo para impulsar el progreso.
  4. Invertir en capital cerebral financiando productos, servicios y sistemas que mejoren el capital cerebral, utilizando tanto instrumentos financieros tradicionales como innovadores.
  5. Movilizarse por el capital cerebral forjando un movimiento global coordinado que alinee a las partes interesadas en torno a una visión compartida y una hoja de ruta para construir capital cerebral.

Las secciones siguientes ofrecen más detalles sobre cada palanca, así como acciones que las partes interesadas pueden considerar.

Capítulo 1: Proteger la salud cerebral

Una salud cerebral sólida sienta las bases para individuos, organizaciones y comunidades resilientes

La subinversión en el cerebro conlleva un profundo costo de oportunidad. Con base en las proyecciones de carga para 2025, las condiciones de salud cerebral (incluida la carga primaria y asociada de los trastornos MNS, los accidentes cerebrovasculares y las autolesiones) representan el 24 por ciento de la carga mundial total de enfermedad.7 Proteger la salud cerebral requiere acciones a lo largo de todo el curso de vida, ya que diferentes riesgos y oportunidades emergen desde la primera infancia hasta la vejez. La mitad de todas las condiciones de salud mental aparecen antes de los 14 años y tres cuartas partes antes de los 24.8 Las condiciones del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, surgen en niños pequeños, mientras que otras condiciones neurológicas, como la epilepsia o la migraña, pueden presentarse a cualquier edad. Las condiciones neurodegenerativas, como la EA y las demencias relacionadas, son abrumadoramente propias de la edad avanzada, y el número de adultos mayores de 65 años que viven con demencia ha aumentado a nivel mundial en un 160 por ciento en las últimas tres décadas, de 18.7 millones en 1991 a 49 millones en 2021.9

Detrás de estas cifras hay más de mil millones de vidas trastocadas, desde niños que no pueden alcanzar su pleno potencial hasta adultos mayores que pierden su independencia (Gráfica 1).

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Recuadro

Detrás de los datos: La salud cerebral de las mujeres

Ciertas condiciones relacionadas con el cerebro —incluidas la depresión, la ansiedad, las demencias y las migrañas— afectan de manera desproporcionada a las mujeres. Por ejemplo, dos tercios de las personas que viven con la enfermedad de Alzheimer a nivel mundial son mujeres.1 Muchas de las condiciones que acortan los años de vida saludable de las mujeres (por ejemplo, la endometriosis) o su esperanza de vida (por ejemplo, el cáncer de mama) también tienen vínculos estrechos con los desafíos de salud mental, lo que agrava la carga general. Incluso las transiciones biológicas naturales pueden introducir desafíos para la salud cerebral. Durante la menopausia, la caída precipitada del estrógeno puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, un síntoma asociado con el deterioro cognitivo leve y la demencia.2 La investigación sigue siendo incipiente en muchas áreas de la salud cerebral de las mujeres, y el primer mapeo integral del cerebro materno desde la preconcepción hasta el período posparto no se publicó sino hasta 2024.3 Los trastornos mentales y neurológicos representan casi el 25 por ciento de los $1 billón de dólares en ganancias anuales del PIB mundial que podrían lograrse para 2040 al cerrar la brecha de salud de las mujeres.4 Incorporar enfoques basados en el sexo en la atención y las intervenciones puede abordar brechas en la eficacia, la adopción y la utilización que podrían afectar tanto a hombres como a mujeres.

Proteger la salud cerebral implica 1) apoyar la promoción del funcionamiento saludable del cerebro y la prevención de las condiciones de salud cerebral a lo largo del curso de vida; 2) ampliar el acceso a tratamientos y servicios basados en evidencia; y 3) innovar para avanzar en la promoción de la salud cerebral y en el tratamiento de las condiciones de salud cerebral.

1. Apoyar la promoción del funcionamiento saludable del cerebro y la prevención de las condiciones de salud cerebral a lo largo del curso de vida

La salud cerebral se configura a lo largo de todo el curso de vida. Desde la concepción en adelante, múltiples ventanas de vulnerabilidad y de oportunidad determinan el desarrollo, el funcionamiento y la resiliencia del cerebro. Sin embargo, muchos sistemas de salud están diseñados para tratar síntomas agudos en la edad adulta, perdiendo oportunidades de fortalecer la salud cerebral de manera más temprana y eficaz.

Las intervenciones proactivas apropiadas para la edad y el sexo pueden proteger la salud cerebral antes de que surjan los problemas. Por ejemplo, el acceso a una atención prenatal y perinatal de calidad promueve un desarrollo cerebral saludable antes del nacimiento.10 En la primera infancia, garantizar una nutrición adecuada,11reducir el estrés tóxico12 y proporcionar detección oportuna13 puede mejorar el desarrollo neurológico de un niño.14 Las intervenciones proactivas también son fundamentales más adelante en la vida. Alrededor del 85 por ciento del impacto mundial en la salud del accidente cerebrovascular está vinculado causalmente a uno o más de 23 factores de riesgo modificables, entre ellos la hipertensión, la contaminación del aire, las dietas poco saludables, la falta de actividad física y el consumo de alcohol.15 En cuanto a la salud cerebral en los adultos mayores, el estudio US POINTER destaca los beneficios de las intervenciones combinadas en el estilo de vida, como las dietas neuroprotectoras, el ejercicio y el entrenamiento cognitivo.16 Estas intervenciones también impulsan una longevidad saludable, reforzando los vínculos entre la salud cerebral, la salud metabólica y la resiliencia cardiovascular.17

La detección temprana también desempeña un papel fundamental. Las herramientas de evaluación cognitiva y conductual, con evidencia emergente en torno a biomarcadores digitales y biológicos, pueden establecer una línea de base e identificar problemas de forma temprana, apoyando cambios de comportamiento o intervenciones precoces cuando sea necesario.18

Promover la salud cerebral a lo largo de todo el curso de vida, dentro y fuera de los sistemas de salud, es esencial para construir capital cerebral a nivel poblacional y reducir los efectos acumulativos de las condiciones no tratadas.

2. Ampliar el acceso a tratamientos y servicios basados en evidencia para las condiciones de salud cerebral

Si bien muchas condiciones de salud cerebral pueden no tener una cura conocida, son tratables. Ampliar el acceso a intervenciones comprobadas en salud cerebral podría reducir la carga mundial de enfermedad en más de 260 millones de AVAD, una medida que capta tanto los años perdidos por muerte prematura como los años vividos con enfermedad o discapacidad.19 Esto podría traducirse en hasta 6.2 billones de dólares en ganancias acumuladas del PIB, con más personas capaces de vivir plenamente, contribuir de manera significativa y mantener sus roles como padres, parejas y miembros de la comunidad.20

El acceso oportuno a una atención eficaz es importante a lo largo de todo el curso de vida. Por ejemplo, un niño neurodivergente necesita apoyo oportuno para aprender y prosperar, una madre que experimenta depresión necesita atención para recuperar la estabilidad para ella y su hijo, y un adulto mayor que enfrenta demencia merece una identificación temprana y una atención respetuosa. Las brechas en el tratamiento siguen siendo generalizadas en todos los entornos y son especialmente marcadas en los países de ingresos bajos y medianos (PIBM), donde más del 75 por ciento de las personas con trastornos MNS carecen de acceso a servicios y apoyos adecuados.21 Cuando la atención está disponible, suele ser fragmentada, obsoleta o no está adaptada a las realidades culturales y prácticas de las comunidades locales. Sin una calidad constante, es menos probable que los pacientes mejoren, y los gobiernos y los sistemas de salud pierden la oportunidad de lograr retornos significativos sobre sus inversiones.

Esta brecha tiene un alto costo humano y económico, que incluye la pérdida de productividad y la muerte prematura. También impone una carga sustancial a los cuidadores, que a menudo enfrentan pérdida de ingresos, menor participación en la fuerza laboral y mayores riesgos para su propia salud. Sin embargo, muchos países carecen del financiamiento, la fuerza laboral y la infraestructura básica para ofrecer una atención consistente. La inversión sigue siendo baja, con solo el 2 por ciento de los presupuestos gubernamentales de salud a nivel mundial asignados a la salud mental.22 Muchas comunidades carecen de una fuerza laboral adecuada para la salud cerebral. Por ejemplo, en el África subsahariana hay, en promedio, solo un psiquiatra por cada millón de personas.23 A nivel mundial, se estima que hay 0.93 neurocirujanos por cada 100,000 habitantes, y solo la mitad de los países de altos ingresos cumplen el objetivo de uno por cada 100,000, mientras que ningún país de bajos ingresos alcanza ese umbral.24 Sin embargo, condiciones neuroquirúrgicas como la hidrocefalia, el accidente cerebrovascular, la epilepsia y las lesiones traumáticas del cerebro o de la médula espinal afectan a millones de personas en todo el mundo y, sin intervención quirúrgica, pueden conducir a un deterioro cognitivo prevenible y a discapacidad a largo plazo.

Incluso cuando existen intervenciones comprobadas y una fuerza laboral capacitada, el acceso puede verse limitado por otras barreras, como cadenas de suministro débiles que restringen la disponibilidad de medicamentos. Los medicamentos esenciales para tratar la epilepsia, la enfermedad de Parkinson, la esquizofrenia y otros trastornos MNS siguen siendo escasos en los entornos de atención primaria, en particular en regiones de África, el Sudeste Asiático y otros PIBM.25 Un ejemplo de un gobierno que aborda esta situación es el del Ministerio de Salud de Tanzania, que trabajó con la OMS para realizar compras especiales y actualizar el Fondo Nacional del Seguro de Salud con el fin de incluir la cobertura de medicamentos esenciales.26 Si bien iniciativas como esta demuestran avances en la ampliación del acceso, los desafíos persisten a nivel mundial.

Para cerrar la brecha en el tratamiento, las soluciones comprobadas deben ampliarse mediante la innovación que permita una implementación a gran escala en todo el mundo. Por ejemplo, un enfoque escalable para aliviar los desafíos de la fuerza laboral es ampliar el papel de la tecnología y de los proveedores no especialistas. Esto incluye el despliegue a gran escala de estrategias comprobadas, como capacitar y empoderar a individuos (por ejemplo, trabajadores comunitarios de salud y consejeros pares) para brindar atención básica para los trastornos MNS. La atención a nivel comunitario y los trabajadores no especialistas pueden brindar algún tipo de atención a más del 90 por ciento de los pacientes que actualmente no la reciben en los PIBM.27 También existe potencial para aprovechar el poder de la tecnología y la IA para ampliar dónde y cómo puede proporcionarse la atención, centrándose en soluciones de IA diseñadas para apoyar a los proveedores de atención en lugar de interactuar directamente con los pacientes.28

La evidencia proveniente de la modelización del curso de vida29 y de la OMS30 muestra que hoy existe suficiente base para innovar e implementar intervenciones que promuevan la salud cerebral a lo largo de toda la vida. Cuando los pacientes, los profesionales clínicos y el público en general participan, las intervenciones son más culturalmente apropiadas, sostenibles y eficaces.

3. Innovar para avanzar en la promoción de la salud cerebral y el tratamiento de las condiciones de salud cerebral

Para salvaguardar verdaderamente la salud cerebral, es necesario ir más allá de ampliar las estrategias e intervenciones existentes e innovar para promover mejor la salud cerebral, prevenir enfermedades y tratar las condiciones de salud cerebral a lo largo del curso de vida. Análisis previos han concluido, en general, que se gasta demasiado poco en la investigación en salud mental como proporción de la investigación global en salud, en relación con la morbilidad, la mortalidad y la carga económica atribuibles a los trastornos mentales a nivel mundial.31 Además, la mayor parte del financiamiento para la investigación en salud mental proviene de países de altos ingresos (PAI), lo que puede limitar la aplicabilidad de los hallazgos a una mayor proporción de la población mundial.32 En conjunto, el panorama de la investigación neurológica es diferente. Particularmente en los PAI, los niveles de financiamiento para la investigación neurológica son relativamente altos. Sin embargo, cuando se comparan con la carga de los trastornos neurológicos a nivel mundial, persisten brechas de inversión, especialmente en la investigación traslacional para adaptar y ampliar las intervenciones en entornos con menos recursos.33

En lo que respecta a la protección de la salud cerebral, los avances en tecnologías de vanguardia están abriendo nuevas fronteras en la comprensión y el monitoreo del funcionamiento cerebral, con importantes implicaciones para el diagnóstico y la innovación que pueden impactar positivamente a amplios segmentos de la población mundial. Por ejemplo, actualmente más de 55 millones de personas en todo el mundo viven con demencia, sobre todo EA, y se espera que esta cifra se duplique cada 20 años.34 Las investigaciones sugieren que solo en Estados Unidos, para 2050, el número de personas mayores de 70 años con EA aumentará a 9.1 millones.35 En este contexto, los avances médicos que retrasen la aparición de la EA durante cinco años podrían dar lugar a una prevalencia 41 por ciento menor y a un costo 40 por ciento menor de la EA en 2050.36

El potencial de innovación en torno a la EA es solo un ejemplo entre muchos. En general, la innovación para abordar incluso el 10 por ciento de la carga global de salud cerebral que hoy no se aborda podría generar un estimado adicional de 54 millones de AVAD para 2050.37

Capítulo 2: Fomentar las habilidades cerebrales

Las habilidades cerebrales impulsan la adaptabilidad, la creatividad y el desempeño en medio de un cambio acelerado

Las partes interesadas pueden fomentar las habilidades cerebrales a lo largo del curso de vida, desde la infancia hasta la adultez mayor. Estas habilidades pueden fortalecerse de diversas maneras, entre ellas: 1) brindar a los niños y jóvenes acceso a entornos seguros y enriquecedores que apoyen el desarrollo de habilidades cerebrales para el futuro, y 2) promover las habilidades cerebrales mediante intervenciones en el lugar de trabajo.38

La salud cerebral proporciona una base para adquirir, desarrollar y utilizar lo que se denominan habilidades cerebrales: las capacidades cognitivas, interpersonales, de autoliderazgo y de alfabetización tecnológica, tanto fundamentales como de orden superior, que permiten a las personas adaptarse, relacionarse y contribuir de manera significativa. Los retornos de invertir en habilidades cerebrales son sustanciales, en particular cuando las inversiones comienzan temprano, ya que los programas de calidad para la primera infancia generan entre 7 y 13 por ciento de retornos anuales y ofrecen relaciones beneficio-costo de hasta nueve a uno en los PIBM.39 Estos retornos se traducen en fuerzas laborales y sociedades mejor preparadas.

En la era de la IA, fomentar las habilidades cerebrales es más crucial que nunca. Cada año, el Foro Económico Mundial encuesta a más de 1,000 empleadores en 55 economías y 22 clústeres industriales para comprender cómo evolucionan sus necesidades. En 2025, encontró que, en promedio, el 59 por ciento de los empleados necesitará capacitación adicional para satisfacer las demandas de habilidades en evolución de aquí a 2030.40 Cuando se pregunta a los empleadores qué habilidades son más críticas para el lugar de trabajo actual y cuáles lo serán para el futuro, aquellas definidas como “habilidades cerebrales” están sobrerrepresentadas en ambas categorías (Gráfica 2).

La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

Si bien no es el foco de esta sección, la importancia de las habilidades cerebrales no disminuye a medida que las personas envejecen. Construir y mantener habilidades cerebrales sólidas en etapas posteriores de la vida permite a las personas trabajar durante más tiempo si así lo desean, protege contra el fraude a adultos mayores y respalda la continuidad de la independencia y de una interacción significativa con los demás.

Existe investigación proveniente de múltiples disciplinas —como la educación,41 la economía,42 la psicología,43 el aprendizaje de adultos,44 la neurociencia,45 la sociología,46 y el comportamiento organizacional47— que orienta la comprensión y el desarrollo de las habilidades cerebrales a lo largo del curso de vida. A pesar de la evidencia convincente de estos campos, el desarrollo de las habilidades cerebrales sigue siendo infravalorado y poco explorado. Estas habilidades pueden fortalecerse mediante 1) brindar a los niños y jóvenes acceso a entornos seguros y enriquecedores que apoyen el desarrollo de habilidades cerebrales preparadas para el futuro, y 2) promover las habilidades cerebrales a través de intervenciones en el lugar de trabajo.

1. Brindar a los niños y jóvenes acceso a entornos seguros y enriquecedores que apoyen el desarrollo de habilidades cerebrales preparadas para el futuro

Los niños y jóvenes de todo el mundo están navegando una complejidad y una incertidumbre crecientes. Sin embargo, sus entornos centrales pueden seguir desconectados de lo que la ciencia nos dice sobre cómo se desarrollan los cerebros jóvenes. Existe un amplio consenso científico en que el desarrollo del cerebro y la formación de habilidades están profundamente moldeados por las experiencias, incluyendo la construcción de la resiliencia y la esperanza.48 Las organizaciones que dependen de personas con habilidades de resolución de problemas complejos, inteligencia emocional y flexibilidad cognitiva tienen un interés directo en garantizar que estas habilidades cerebrales se nutran antes de que los jóvenes se incorporen al mercado laboral. A medida que la tecnología continúa transformando el trabajo, la brecha entre lo que enseñan los sistemas educativos y lo que necesitan los lugares de trabajo se está ampliando, lo que hace cada vez más urgente la alineación estratégica entre el desarrollo de habilidades cerebrales y las demandas cambiantes de la fuerza laboral.

Los programas de aprendizaje temprano son particularmente críticos, sobre todo cuando combinan educación con salud, apoyo nutricional y participación familiar. La Curva de Heckman indica que invertir temprano en los niños genera los mayores retornos económicos: el programa HighScope Perry Preschool generó retornos anuales de entre 7 y 10 por ciento, mientras que el Carolina Abecedarian Project y el Carolina Approach to Responsive Education promediaron 13.7 por ciento.49 En los PIBM, la atención y educación de calidad para la primera infancia para todos los niños podría ofrecer una relación beneficio-costo de nueve a uno,50 mientras que el estudio de 20 años de Jamaica mostró salarios 25 por ciento más altos para quienes recibieron estimulación temprana de alta calidad.51

Además de los programas de desarrollo en la primera infancia, los sistemas educativos tienen oportunidades para generar un impacto a corto plazo en el desarrollo de las habilidades cerebrales. Las experiencias diarias en programas al aire libre y deportivos pueden desarrollar el trabajo en equipo y las funciones ejecutivas a través del movimiento,52 los entornos digitales pueden priorizar contenidos apropiados para la edad que fortalezcan la autorregulación y la atención,53 y los programas de preparación para la fuerza laboral54 pueden ofrecer mentoría y aprendizaje basado en proyectos para fortalecer la perseverancia y la autodirección. Esto es particularmente crítico dado el rápido aumento de la exposición a la IA entre los jóvenes. Así como los empleados están recibiendo capacitación en habilidades cerebrales, los niños y jóvenes necesitarán apoyo para desarrollar las habilidades necesarias para prosperar en un mundo impulsado por la IA. Priorizar las habilidades cerebrales hoy dará forma a la fuerza laboral del mañana.

Las habilidades cerebrales se fomentan a lo largo del curso de vida. Esto implica reconocer que el desarrollo en la primera infancia y la adolescencia forma parte de la cantera de talento.

2. Promover las habilidades cerebrales mediante intervenciones en el lugar de trabajo

Los adultos pasan un tercio de sus vidas en el trabajo,55 lo que convierte al lugar de trabajo en un entorno poderoso para fortalecer o erosionar el capital cerebral. Más de uno de cada cinco empleados a nivel mundial experimenta síntomas de agotamiento (burnout).56 La inversión proactiva en la salud de los empleados, incluida la salud cerebral, podría aumentar el PIB mundial hasta en un 12 por ciento y generar hasta $11.7 billones de dólares en valor económico.57 A medida que las poblaciones viven y trabajan durante más tiempo, apoyar a la fuerza laboral —desde los recién incorporados hasta quienes se encuentran en las etapas posteriores de sus carreras— mediante una salud y habilidades cerebrales más sólidas será cada vez más importante para sostener vidas laborales productivas.

La IA está amplificando tanto la urgencia como la oportunidad. La capacidad de usar y gestionar herramientas de IA de forma estratégica y eficaz se ha multiplicado por siete en solo dos años.58 Los lugares de trabajo deberán considerar cómo la IA afecta las demandas cognitivas de los empleados, además de cómo el juicio humano, la creatividad y la comunicación seguirán moldeando la evolución de la IA. Los cambios habilitados por la IA deben ir acompañados de una inversión deliberada en habilidades cerebrales e integrarse en los flujos de trabajo emergentes. Sin ello, las organizaciones corren el riesgo de perder su ventaja competitiva y de aumentar costos evitables debido al deterioro del bienestar de los empleados.

La capacitación en habilidades cerebrales y la integración en los flujos de trabajo pueden hacer que la adopción de la IA sea más efectiva al permitir que los empleados se adapten, resuelvan problemas y trabajen juntos en entornos de inteligencia híbrida. Por ejemplo, una organización puede fomentar el uso de la IA para la programación de horarios, las traducciones o las tareas administrativas, al tiempo que garantiza que los empleados mantengan las capacidades humanas –como la comunicación, la mentoría y el pensamiento crítico– que impulsan la confianza y el desempeño. Habilidades cerebrales como la resiliencia, la autoeficacia59 y la adaptabilidad han surgido como los principales impulsores del desempeño autoevaluado y del comportamiento innovador.60 Un estudio a nivel mundial sobre trabajadores en 30 países encontró que la adaptabilidad y la autoeficacia son los principales determinantes de si los empleados sienten que están prosperando, y no solo desempeñándose.61

Priorizar la salud de los empleados puede conducir a retornos sustanciales sobre la inversión.62 Por ejemplo, una empresa de indumentaria deportiva implementó un programa que incluía acceso a una biblioteca de autocuidado, sesiones de coaching, talleres internos de bienestar (incluidas habilidades cerebrales) y capacitación en habilidades interpersonales para gerentes.63 Estos esfuerzos generaron un aumento de 11.6 veces en el ROI.64

Paradójicamente, las condiciones de incertidumbre que hacen que la adaptación sea tan importante –en particular el auge de las herramientas de IA– pueden llevar a algunos líderes a resistirse al cambio y a recurrir a comportamientos reactivos.65 Frente a demandas cognitivas y emocionales sostenidas, los ejecutivos deberán demostrar habilidades cerebrales críticas como la autorregulación, la claridad y la resistencia mental. Existen cambios organizacionales que pueden implementarse para integrar las habilidades cerebrales en la cultura, los flujos de trabajo, las taxonomías de habilidades, los programas de aprendizaje, la gestión del desempeño y el desarrollo de los empleados. Por ejemplo, la capacitación de empleados centrada en la flexibilidad psicológica relacionada con el trabajo se ha asociado con una mayor resiliencia al estrés, una reducción del agotamiento y un aumento del logro personal.66 Además, herramientas como los dispositivos portátiles (wearables) o los rastreadores digitales que monitorizan el sueño o la condición física pueden ser útiles: los líderes pueden beneficiarse de gestionar su energía mental y emocional con el mismo rigor con que los atletas gestionan su desempeño mental y físico.67

Las investigaciones en curso aclaran en qué deberían centrarse los empleadores para lograr el mayor impacto. Herramientas como el modelo unificado de salud cerebral están ayudando a orientar inversiones inteligentes y estratégicas.68 Las organizaciones que invierten en el desarrollo de habilidades cerebrales desde dentro hacia afuera estarán mejor preparadas para innovar, retener a los mejores talentos y prosperar en medio del cambio constante.

Recuadro

Análisis en profundidad de los datos: Factores transversales que impulsan el bienestar y el desempeño en el lugar de trabajo

Desarrollado por UsAgainstAlzheimer’s en colaboración con el Davos Alzheimer's Collaborative y el McKinsey Health Institute, el modelo unificado de salud cerebral proporciona un marco común para comprender cómo el cerebro influye en el bienestar mental, la función cognitiva y el desempeño laboral (Gráfica). Los empleadores pueden usar este modelo para evaluar en qué medida sus políticas y prácticas actuales respaldan o dificultan la salud cerebral, identificar oportunidades de alto impacto para intervenciones y alinear las estrategias con los objetivos del negocio. Ofrece una forma clara e informada por la evidencia para ilustrar cómo factores de riesgo y de protección comunes y modificables, como el estrés, el sueño y la participación comunitaria, pueden generar beneficios en cascada tanto en la salud cerebral como en el desempeño en el lugar de trabajo.


La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA
Capítulo 3: Estudiar el capital cerebral

Estudiar el capital cerebral revela brechas críticas y orienta la innovación hacia lo que las personas más necesitan

El concepto de capital cerebral aún es incipiente. Si bien se está realizando trabajo relevante en varias disciplinas, no existe una agenda interdisciplinaria única que pueda impulsar la inversión estratégica, el establecimiento de estándares o la acción colectiva. Para estudiar el capital cerebral, tres líneas de investigación son importantes: en primer lugar, la necesidad de un conocimiento más profundo de la propia salud cerebral –incluyendo cómo prevenir y tratar las condiciones de salud cerebral, además de cómo lograr una salud cerebral óptima a lo largo del curso de vida–; en segundo lugar, la necesidad de ampliar la base de evidencia sobre las habilidades cerebrales, en particular su impacto en la productividad y el desempeño organizacional; y en tercer lugar, la necesidad de investigación que respalde a comunidades, organizaciones y sistemas que buscan estructurarse para promover la salud cerebral y las habilidades cerebrales positivas a gran escala.

En conjunto, estas líneas de investigación constituyen la columna vertebral de una agenda de investigación para impulsar el capital cerebral. Las inversiones actuales no están alineadas con la escala ni con la estructura del desafío del capital cerebral y, sin un marco compartido de investigación y medición, resulta difícil definir, comparar o escalar el progreso.69 Al profundizar el conocimiento y dar seguimiento a lo que importa, las partes interesadas pueden contar con las perspectivas necesarias para tomar decisiones informadas de política, financiamiento y programación en torno al capital cerebral.

Estudiar el capital cerebral incluye 1) establecer el capital cerebral como un área interdisciplinaria de estudio; 2) medir el capital cerebral; y 3) acelerar la I+D para construir capital cerebral.

1. Establecer el capital cerebral como un área interdisciplinaria de estudio

Establecer un marco para el estudio interdisciplinario puede acelerar el progreso en áreas transversales que abarcan múltiples campos, sectores y geografías, lo que permite el diseño de intervenciones escalables. En otros ámbitos, como la gerociencia, una perspectiva interdisciplinaria ha proporcionado las prioridades compartidas y los sistemas de medición necesarios para movilizar la inversión, atraer al mejor talento y acelerar la innovación (Gráfica 3).

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Para dar vida a esto, las instituciones de investigación podrían establecer centros o programas dedicados al capital cerebral que abarquen explícitamente estas áreas y las unan mediante datos y mediciones compartidos. Los responsables de políticas públicas podrían reconocer la investigación en capital cerebral como un área prioritaria en las estrategias nacionales, incentivando subvenciones interdisciplinarias y alianzas traslacionales. Los innovadores y los líderes de la industria podrían coinvertir en iniciativas público-privadas para acelerar el desarrollo de herramientas e intervenciones. Los financiadores podrían adoptar el marco como una herramienta para estructurar sus carteras. Al crear un marco para el trabajo interdisciplinario sobre el capital cerebral dentro de la agenda de investigación, se hace posible dar seguimiento a la inversión y los retornos a nivel mundial, lo que posiciona tanto a las sociedades como a las empresas para prosperar en una economía cada vez más basada en el cerebro.70

2. Medir el capital cerebral

A medida que el capital cerebral gana tracción a nivel mundial, la medición debe indicar el rumbo. No existe un marco ampliamente adoptado para definir el éxito, comparar el progreso o contrastar los resultados. La creación de métricas, principios y marcos puede respaldar la alineación de recursos, sustentar el argumento a favor de una inversión sostenida y desbloquear financiamiento catalizador. Por ejemplo, en 2007, el Banco Europeo de Inversiones emitió el primer bono verde del mundo con uso específico de los fondos, el Climate Awareness Bond. Desde entonces, esto ha crecido hasta superar 1 billón de dólares y ha informado la creación de estándares de terceros.71 En otras áreas, la creación del Índice de Capital Humano y los marcos contables asociados cuantificaron la contribución de la salud y la educación a la productividad de la fuerza laboral, ayudando a los países a comprender el costo de la inacción.72

Las herramientas existentes, como el Brain Capital Dashboard de la Euro-Mediterranean Economists Association, sientan las bases de lo que es posible.73

Recuadro

Herramienta destacada: Global Brain Capital Dashboard

El Global Brain Capital Dashboard (BCD) muestra el “índice de capital cerebral” para más de 100 países. La puntuación de cada país se desglosa en métricas por componente que permiten a los usuarios evaluar las fortalezas y vulnerabilidades en distintos ámbitos.

Creado por la Brain Capital Alliance,1 este panel interactivo se desarrolló mediante la integración de fuentes de datos abiertas de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y la OCDE. La herramienta incluye métricas por componente en cuatro áreas –salud cerebral, habilidades cerebrales, entornos favorables para el cerebro y habilitadores de políticas e innovación– y permite analizar las variaciones entre países en los indicadores, las fortalezas y las brechas de política relevantes para el desarrollo del capital cerebral, así como el progreso a lo largo del tiempo. Algunos ejemplos de indicadores incluyen las tasas de suicidio, las tasas de participación en el aprendizaje organizado, el acceso a servicios sociales, la inversión en investigación y la preparación de los sistemas de salud.

El BCD se basa en los datos del pilar de salud cerebral del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME). El IHME también proporciona detalles adicionales sobre la salud a nivel de país, incluyendo datos de la era de la COVID-19 y un conjunto más amplio de trastornos y métricas (por ejemplo, los años de vida ajustados por discapacidad).2

Sobre la base de estos esfuerzos, una adopción, coordinación y perfeccionamiento más amplios serán esenciales. Por ejemplo, el campo podría definir el dominio y las mediciones para una “cuenta satélite” de capital cerebral que proporcione un mayor nivel de detalle sobre el capital cerebral que el PIB puede subrepresentar. Al igual que los satélites que orbitan la Tierra, las cuentas satélite suelen orbitar las estadísticas económicas centrales de un país (como el PIB y los datos de la industria), pero son independientes de las cuentas principales.74 Esto podría integrarse en los sistemas estadísticos nacionales para ayudar a estimar los costos de la inacción, así como el impacto positivo de las inversiones en capital cerebral.

Hacer que el capital cerebral sea medible permite a los líderes evaluar lo que está funcionando, reasignar recursos hacia esfuerzos de alto impacto y comunicar el valor a los inversionistas, financiadores y al público.

3. Acelerar la I+D para apoyar el desarrollo del capital cerebral

La I+D es una herramienta poderosa para impulsar el capital cerebral. Hoy en día, la mayor parte del financiamiento en I+D relacionada con el cerebro se centra en tratamientos en etapas avanzadas, dejando poco exploradas la prevención, la detección temprana y la ciencia del desarrollo de habilidades cerebrales positivas.75 Un enfoque más estratégico podría orientar la inversión en capital cerebral hacia las áreas de mayor impacto dentro de cada etapa de la cadena de I+D.

Situar el capital cerebral como un área interdisciplinaria de estudio es un primer paso necesario para integrar de manera estratégica los distintos canales de I+D relevantes. Los esfuerzos de I+D en capital cerebral pueden anclarse en cuatro etapas de progreso: investigación fundamental, traducción y adaptación, adopción e implementación, y escalamiento. La Gráfica 4 destaca las preguntas clave que deben abordarse en cada etapa del proceso de I+D e identifica acciones específicas que pueden acelerar el progreso.

La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

Para alcanzar el máximo potencial se requiere una inversión sostenida a lo largo de toda la cadena de I+D. Los avances en tecnologías de vanguardia, como las interfaces cerebro-computadora, la medicina de precisión y el mapeo cerebral de próxima generación, están abriendo nuevas fronteras en la comprensión y el monitoreo del funcionamiento cerebral. Un mayor enfoque en la ciencia del envejecimiento está transformando la comprensión de cómo el diseño de los lugares de trabajo y de las comunidades puede respaldar una función cognitiva alta en las poblaciones que envejecen. A lo largo de toda la vida, los estudios a gran escala estratificados por sexo y la inclusión del estado hormonal y de modificadores pueden desbloquear información específica según el sexo y la etapa de la vida. Estos ejemplos subrayan la necesidad de establecer una agenda de I+D de capital cerebral que aborde las necesidades emergentes y cree nuevos mercados.

Capítulo 4: Invertir en el capital cerebral

La inversión estratégica en el cerebro genera altos retornos en salud, productividad y crecimiento a largo plazo

El despliegue de capital para sostener y hacer crecer el capital cerebral es limitado en alcance e instrumentos. Madurar el panorama de inversión en capital cerebral puede implicar capital público, comercial y filantrópico para movilizar recursos y dirigirlos hacia donde puedan tener el mayor impacto. Esto podría requerir una combinación de mecanismos de financiamiento tradicionales (por ejemplo, subvenciones y presupuestos públicos) e innovadores (como el financiamiento combinado y las alianzas público-privadas) para reducir el riesgo de la innovación, apoyar el fortalecimiento de capacidades y dotar de recursos a la infraestructura necesaria para salvaguardar, fomentar y estudiar el capital cerebral a gran escala.76

Las partes interesadas pueden actuar para invertir en capital cerebral empleando una variedad de mecanismos de financiamiento para impulsar inversiones adecuadas a su propósito.

Impulsar una inversión significativa en capital cerebral requiere innovación financiera que se ajuste a las características únicas de este ámbito. A lo largo de la cadena de valor, esta área experimenta una subinversión en relación con sus costos y los beneficios potenciales para las personas, las organizaciones y las sociedades, con una cartera sobrerrepresentada en instrumentos financieros específicos que no persiguen retornos. Los inversionistas suelen percibir los horizontes temporales largos, los mercados fragmentados o los retornos inciertos como factores disuasorios para invertir en oportunidades que, de otro modo, tendrían un alto potencial. Las intervenciones en salud cerebral a menudo conllevan periodos de recuperación prolongados, ya que beneficios como la mejora del funcionamiento cognitivo, la reducción de los costos de atención médica y el aumento de la productividad se acumulan a lo largo de décadas. Para cerrar esta brecha, el financiamiento innovador podría reducir el riesgo para los inversionistas potenciales.

No es la primera vez que una nueva frontera económica enfrenta estos obstáculos. La Coalition for Mental Health Investment (CMHI) se encuentra entre los grupos que están creando orientaciones de financiamiento de amplia aplicación en todo el ámbito de la salud cerebral. La Gráfica 5 presenta ejemplos de barreras a la inversión, basados en un cuerpo de trabajo más detallado realizado por la CMHI.77

La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

Los inversionistas en salud cerebral pueden mirar la historia, donde encontrarán que los primeros mercados de energía limpia enfrentaron barreras similares. No fue sino hasta que los actores públicos y privados coordinaron el despliegue de herramientas como el financiamiento combinado, la filantropía catalítica, las garantías de préstamo y las alianzas público-privadas que los mercados de energía solar y eólica maduraron y atrajeron capital comercial.78 Se necesita un enfoque de financiamiento comparable para desarrollar y ampliar soluciones que salvaguarden la salud cerebral, fomenten las habilidades cerebrales y estudien el capital cerebral. Los modelos de financiamiento flexibles pueden ayudar a cerrar esta brecha.79 El financiamiento público y filantrópico puede apoyar la investigación en etapas tempranas. El financiamiento combinado puede reducir el riesgo y atraer capital privado. Los mecanismos basados en resultados, como los bonos de impacto social, pueden vincular el financiamiento a resultados a largo plazo.

Al mismo tiempo, el financiamiento innovador también podría operar dentro y junto a las estructuras de préstamo existentes en países de ingresos bajos y medianos. Los acuerdos de préstamo con instituciones multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, a veces incluyen condiciones fiscales que aún no se cumplen en estos contextos (por ejemplo, un umbral mínimo de capacidad de trabajadores de la salud). Incorporar consideraciones más amplias de capital cerebral en dichos acuerdos —por ejemplo, mediante marcos de gasto flexibles o una reestructuración de deuda focalizada— podría ayudar a los países a dirigir los fondos hacia las áreas de mayor necesidad y valor.

Recuadro

Herramienta destacada: Guía de financiamiento en salud mental

La guía de financiamiento en salud mental Keeping investment in mind: Strategies for financing mental health (Mantener la inversión en mente: estrategias para financiar la salud mental)1 fue desarrollada por la Coalition for Mental Health Investment. Esta guía es un recurso práctico diseñado para desbloquear una mayor inversión en salud mental. Traza la cadena de valor desde la innovación hasta la adopción a gran escala y ayuda a los financiadores a identificar mecanismos de financiamiento informados por la evidencia para sus casos de uso estratégicos. La guía también presenta posibles “trayectorias de escalamiento” para las intervenciones, destaca los habilitadores clave del escalamiento y ofrece estudios de caso sobre mecanismos de financiamiento innovadores en la práctica.

Un grupo de organizaciones a la vanguardia del movimiento de la economía del cerebro están liderando el trabajo en el área de la inversión en el cerebro, con planes de publicar el próximo año un recurso afiliado al Brain Economy Action Forum sobre el tema de la inversión con enfoque en el cerebro y oportunidades específicas de inversión.

Capítulo 5: Movilizarse por el capital cerebral

Movilizar a las partes interesadas garantiza que el capital cerebral se convierta en una prioridad organizacional y social

Organizaciones e instituciones globales como las Naciones Unidas (ONU),80 la OMS,81 el G7,82 el G20,83 y la OCDE84 han elevado el capital cerebral en la agenda de políticas globales. En todo el mundo, existen ejemplos de gobiernos, empresas y sectores específicos que realizan inversiones a gran escala. A pesar de esta creciente concienciación y priorización, estos esfuerzos siguen siendo fragmentados, con financiamiento insuficiente y, a menudo, aislados de la toma de decisiones económicas y de política pública. En otras palabras, la escala de los esfuerzos actuales aún no se corresponde con la magnitud del riesgo y de la oportunidad. Se requiere una acción urgente y coordinada.

Si bien los detalles pueden variar, las partes interesadas de todos los sectores enfrentan costos crecientes, riesgos de desempeño y puntos ciegos estratégicos si la salud cerebral sigue abordándose de forma insuficiente y las habilidades cerebrales permanecen poco desarrolladas. Por ejemplo, pueden surgir una serie de consecuencias específicas por sector:

  • Sector salud: desafíos sistémicos y de integración, incluidos costos en aumento, infraestructuras insuficientes de prevención e intervención temprana, y escasez de personal agravada por la presión sobre los servicios de alta complejidad.
  • Servicios humanos: desafíos sociales posteriores para las personas como resultado de necesidades de salud cerebral no satisfechas, incluida la falta de vivienda, el desempleo, la implicación con el sistema de justicia penal y el trauma intergeneracional.
  • Sector público: presión sobre los presupuestos públicos a medida que los gobiernos enfrentan los desafíos y los costos de salud asociados con poblaciones que envejecen.
  • Sector privado: síntomas de agotamiento, ausentismo, rotación, presentismo y desajustes de habilidades que pueden amenazar la seguridad en el lugar de trabajo, la productividad y el desempeño.
  • Sociedad civil: aumento de la desconexión, la polarización y la tensión mental que desafían la cohesión comunitaria.

En medio de estos desafíos existe una oportunidad para que cada grupo de partes interesadas lidere dentro de su esfera de influencia, impulsando soluciones que mejoren la salud y las habilidades cerebrales, al tiempo que fortalecen a las organizaciones, las economías y las sociedades a largo plazo.

Movilizarse para impulsar el capital cerebral incluye 1) involucrar a las partes interesadas para desarrollar una visión compartida y trazar una ruta coordinada hacia adelante, y 2) integrar el capital cerebral en la estrategia, las operaciones y la cultura.

1. Involucrar a las partes interesadas para desarrollar una visión compartida y trazar una ruta coordinada hacia adelante

Desplegar todo el potencial del capital cerebral implica evolucionar desde esfuerzos fragmentados hacia un movimiento más coordinado. Sobre la base del impulso actual, la siguiente fase del trabajo consiste en unificar estos esfuerzos en torno a una visión compartida: alinear prioridades, acelerar la acción y avanzar hacia objetivos comunes.

Otras coaliciones globales ofrecen lecciones poderosas. La Global Coalition on Aging (GCOA) reúne a empresas, gobiernos y la sociedad civil para posicionar la longevidad como una oportunidad económica.85 Mediante alianzas estratégicas y una incidencia focalizada, la GCOA moldea políticas sobre fuerzas laborales inclusivas por edad, la atención a las personas mayores y el envejecimiento saludable, demostrando cómo la colaboración intersectorial puede impulsar el cambio. El Global Cooperation Barometer 2025 subraya que la cooperación es fundamental para el capital cerebral, en particular en áreas como la innovación, el clima y la salud.86

Organizado por el Foro Económico Mundial en asociación con el McKinsey Health Institute, el Brain Economy Action Forum se lanzó en enero de 2025 para reunir a un grupo dinámico de partes interesadas a nivel mundial, situar el capital cerebral en el centro de los diálogos globales e impulsar acciones hacia un crecimiento económico sostenible y el bienestar social.

Sobre la base de este trabajo, High Lantern Group, el Instituto Milken, el Foro Económico Mundial y el McKinsey Health Institute han desarrollado un plan para la coordinación global, fundamentado en un mapeo que identificó alrededor de 50 organizaciones en todo el mundo que ya están participando explícitamente en el trabajo sobre capital cerebral, adoptando no solo el núcleo de este esfuerzo, sino también la terminología de la economía del cerebro. Este trabajo se nutrió de una serie de entrevistas con expertos de movimientos económicos anteriores, la industria, la academia y el ámbito de las políticas públicas.

Este ejercicio de mapeo reveló que, si bien la base de partes interesadas en el trabajo sobre capital cerebral es amplia, actualmente está sobrerrepresentada por actores comerciales privados. Esta distribución pone de relieve el impulso que se está generando dentro del sector privado en torno a este tema.

Estas organizaciones no se concentran en una sola geografía. La actividad entre las partes interesadas involucradas abarca todas las principales regiones del mundo, lo que sugiere tanto la universalidad de los desafíos del capital cerebral como el potencial de la colaboración global (Gráfica 6a).

Dentro del panorama actual, la movilización es el área de enfoque más común entre las organizaciones involucradas. Se identificaron alrededor de 38 organizaciones que trabajan en esfuerzos relacionados con la movilización en torno al capital intelectual (Gráfica 6b). Esto demuestra que las organizaciones reconocen la necesidad de coordinación para alinear esfuerzos y acelerar el impacto.

Gráfica 6
La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA
La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

La coordinación global es un pilar fundamental para las necesidades de movilización descritas a lo largo de este informe. Sin un enfoque coordinado, las iniciativas de capital cerebral corren el riesgo de fragmentarse, duplicarse y perder oportunidades en un momento en que la demanda de soluciones nunca ha sido mayor.

Se necesita una entidad coordinadora dedicada para cumplir cuatro funciones centrales:

  • Desarrollo de conocimiento: invertir en la generación de nuevo conocimiento que impulse el crecimiento del capital cerebral.
  • Liderazgo intelectual y comunicación: liderar la difusión de conocimientos y perspectivas.
  • Movilización: movilizar a líderes de todos los sectores y regiones hacia un conjunto unificador de objetivos y métricas.
  • Coordinación intersectorial: apoyar la coordinación entre esfuerzos alineados a nivel mundial para maximizar el ROI en la economía del cerebro.

Configurada en estrecha colaboración con las partes interesadas que lideran este movimiento, una entidad dedicada traduciría la visión en acción sostenida, lo que incluye orientar la inversión, la innovación y la colaboración futuras en torno al capital cerebral.

2. Integrar el capital cerebral en la estrategia, las operaciones y la cultura

En todos los sectores, la inversión en capital cerebral está emergiendo como una herramienta para la innovación y la resiliencia, al tiempo que contribuye a construir relevancia e impacto a largo plazo. Las inversiones en capital cerebral también complementan la adopción de la IA. A medida que las organizaciones habilitan la transformación digital, las inversiones paralelas en capital cerebral garantizan que la tecnología potencie el rendimiento humano, en lugar de erosionarlo. A la inversa, a medida que las sociedades y las organizaciones impulsen el capital cerebral, estarán mejor preparadas para aprovechar plenamente el potencial de la IA para promover el progreso económico y social.

Cuando las organizaciones invierten en capital cerebral, los efectos no se detienen en el individuo. Se extienden hacia afuera, fortaleciendo equipos, transformando organizaciones y dando forma a comunidades más saludables y resilientes.

Todo empieza por el individuo. Las inversiones en capital cerebral mejoran el bienestar y el desempeño a lo largo del curso de vida. Dentro de los equipos y las organizaciones, estas ganancias individuales pueden traducirse en mejoras medibles en la productividad, la innovación y la toma de decisiones. Las estrategias de capital cerebral ayudan a atraer y retener talento, especialmente en campos de alta presión y demanda. También reducen el ausentismo y respaldan una fuerza laboral más saludable y comprometida. Cuando las organizaciones apoyan la salud y las habilidades cerebrales de sus empleados, construyen fuerzas laborales más sólidas y ágiles, listas para satisfacer las demandas de una economía en rápida evolución.

A medida que las estrategias de capital cerebral se consolidan, se extienden más allá de las organizaciones, contribuyendo a poblaciones más saludables, a canales más sólidos entre la educación y el empleo, y a una menor presión sobre los cuidadores y los servicios públicos. Cuando el capital cerebral es una prioridad local compartida, puede impulsar una transformación significativa basada en el territorio, amplificando las oportunidades económicas y el bienestar social.

Traducir la visión en acción no está exento de desafíos. Si bien el argumento a favor de invertir en capital cerebral es claro, muchas organizaciones encuentran barreras que pueden ralentizar o estancar el impulso. Movilizarse en torno al capital cerebral requiere superar restricciones como las siguientes:

  • Conciencia interna limitada y toma de decisiones en silos entre los recursos humanos y las funciones estratégicas. Construir capital cerebral implica pasar de una iniciativa de recursos humanos a una prioridad del CEO y del consejo de administración.
  • Subvaloración del valor a corto plazo. Con demasiada frecuencia, los recursos dedicados a mejorar el capital cerebral se consideran costos en lugar de inversiones en la creación de valor.

Para superar estas barreras, las organizaciones necesitan un enfoque disciplinado y sostenido para diseñar, dotar de recursos e implementar el cambio. El marco de las 5A –aspire (aspirar), assess (evaluar), architect (diseñar), act (actuar) y advance (avanzar)– ofrece una hoja de ruta que cualquier organización puede adaptar a su escala, sector y objetivos (Tabla).87

Tabla
La ventaja humana: Cerebros más fuertes en la era de la IA

Ya sea que un líder sea un CEO que navega por los mercados globales, un alcalde que da forma a programas para la primera infancia o un líder que construye la próxima generación de pensadores, su organización tiene un papel fundamental que desempeñar. Para los CEOs, integrar el capital cerebral en la estrategia de talento e innovación garantiza resiliencia en la era de la IA. Para los líderes de atención médica y ciencias de la vida, podría significar invertir en investigación e innovación en la prestación de servicios. Para los gobiernos, esto podría implicar construir sistemas que respalden la salud y las habilidades cerebrales desde la primera infancia hasta la vejez. En conjunto, estas acciones dotan a las organizaciones no solo de la capacidad para construir capital cerebral internamente, sino también para liderar externamente, marcando el ritmo en un panorama competitivo y en rápida transformación.

Conclusión

El capital cerebral es un impulsor definitorio de la prosperidad, y su valor se está redefiniendo. A medida que la IA y la automatización transforman la economía global, muchas fuentes tradicionales de ventaja, como la mano de obra de bajo costo, se están erosionando. Los mercados están pasando de estar vinculados a activos físicos a estar impulsados por ideas, algoritmos y la capacidad de aprender a un ritmo vertiginoso. Por otro lado, si bien la IA ofrece grandes promesas para mejorar la productividad e incluso apoyar la salud cerebral, su papel creciente en la vida cotidiana también plantea nuevas preocupaciones sobre el bienestar mental y la conexión social. La forma en que los países y las organizaciones evolucionen sus estrategias de capital cerebral para aprovechar las fortalezas complementarias de la inteligencia humana y las capacidades tecnológicas se convertirá en una fuente determinante de resiliencia y valor.

Este informe plantea el argumento a favor de situar el capital cerebral como un activo económico estratégico. La oportunidad nunca ha sido mayor. Los avances en la neurociencia han creado las condiciones para un progreso transformador. Este informe se ha centrado en el caso económico para invertir en capital cerebral, pero el impacto potencial en la vida de las personas y las familias también debe mantenerse en primer plano en las discusiones más amplias. Escalar las intervenciones conocidas en salud cerebral podría recuperar más de 260 millones de años de vida ajustados por discapacidad a nivel mundial.88

Para las empresas, el caso es urgente. El agotamiento, el ausentismo y la escasez de talento ya están obstaculizando el crecimiento. En un mundo en el que se espera que el 59 por ciento de la fuerza laboral requiera mejorar sus competencias para 2030, fortalecer el capital cerebral es necesario como una estrategia central de talento e innovación. Las organizaciones que integren la salud y las habilidades cerebrales en sus modelos de negocio estarán mejor posicionadas para adaptarse, competir y crecer.

Este informe describe cinco palancas para activar el capital cerebral: salvaguardar la salud cerebral; fomentar las habilidades cerebrales; y estudiar, invertir en y movilizarse en torno al capital cerebral. Estas acciones se refuerzan mutuamente y pueden emprenderse a cualquier nivel. Ofrecen una ruta no solo para abordar los desafíos actuales, sino para dar forma a un futuro más fuerte y resiliente.

Primero, tratar la salud cerebral como un fundamento. Ninguna agenda de capital cerebral tendrá éxito sin ampliar el acceso a las estrategias, los servicios y los mecanismos de apoyo que salvaguardan la salud cerebral.

Segundo, fomentar las habilidades cerebrales a lo largo del curso de vida. Desarrollar estas habilidades requiere un apoyo intencional en una variedad de sistemas y entornos, incluidos la primera infancia, los sistemas educativos formales, los lugares de trabajo y los programas que apoyan un envejecimiento saludable.

Tercero, estudiar el capital cerebral. Esto significa elevarlo como un área de investigación interdisciplinaria que pueda conectar esfuerzos aislados, atraer inversiones más estratégicas y respaldar el trabajo crucial en medición.

Cuarto, invertir en capital cerebral a gran escala. Esto implica desbloquear financiamiento, reducir el riesgo de la innovación y dirigir recursos hacia las oportunidades de mayor impacto. Los gobiernos pueden crear entornos habilitadores. Los inversionistas y las organizaciones filantrópicas pueden ampliar el capital catalítico. Las empresas pueden liderar con el ejemplo, probando nuevos enfoques e integrando las habilidades cerebrales en las canteras de talento.

Por último, movilizar a las partes interesadas para convertir el impulso en una acción sostenida, involucrando a un conjunto más amplio de actores, no solo en salud o educación, sino también en finanzas, trabajo, tecnología y otros sectores, para elevar el capital cerebral como una prioridad económica y social.

El cerebro es un motor de la inteligencia humana y de posibilidades infinitas. El auge de la IA subraya la necesidad crítica de desarrollar la capacidad humana en igual medida. Invertir en capital cerebral es un camino hacia vidas más plenas, economías resilientes y sociedades más fuertes.

Lea el informe completo en inglés aquí.

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