Globalización en transición: El futuro del comercio y las cadenas de valor

Las cadenas de valor globales están siendo transformadas por el aumento de la demanda y las nuevas capacidades industriales de los países emergentes, sumadas a una ola de nuevas tecnologías.

Pese a que las tensiones comerciales y a la guerra de aranceles ocupan las portadas de los medios, grandes cambios estructurales en la naturaleza de la globalización han pasado en buena parte desapercibidos. En Globalization in transition: The future of trade and value chains (PDF–3.7MB), McKinsey Global Institute analiza la dinámica de las cadenas de valor globales e identifica cambios estructurales que han permanecido ocultos a simple vista.

Si bien la producción y el comercio continúan creciendo en términos absolutos, la intensidad comercial (esto es, la proporción de la producción total que se exporta) está cayendo en prácticamente todas las cadenas productoras de bienes. En la actualidad, los flujos de servicios y de datos juegan un papel mucho más relevante para interconectar la economía global. No solo el comercio de servicios crece a mayor velocidad que el de bienes, sino que los primeros generan un valor mucho más alto que el registrado en las cuentas nacionales. Usando mediciones alternativas, pudimos determinar que los servicios ya representan para el comercio internacional un valor superior al del intercambio de bienes. Además, las cadenas de valor en todo el mundo están evolucionando hacia un uso más intensivo del conocimiento, y la mano de obra poco calificada pierde importancia como factor de producción. Contrariamente a lo que la gente cree, apenas un 18 por ciento del comercio mundial de bienes es consecuencia de la persecución de menores costos laborales.

Tres factores explican estos cambios: (i) aumento de la demanda en China y el resto de los países en desarrollo, que les permite consumir una mayor porción de su producción; (ii) expansión de las cadenas de abastecimiento locales en esos países, que redujo la dependencia de importaciones de bienes intermedios; y por último, (iii) el impacto de las nuevas tecnologías.

La globalización está en medio de una transformación. Pese a ello, el debate acerca del comercio suele basarse en cómo recapturar el pasado, en lugar de mirar hacia el futuro. El mix de países, empresas y trabajadores con mejores chances de salir victoriosos en la siguiente era también está cambiando. Comprender cómo evolucionará el escenario permitirá a políticos y empresarios prepararse para el siguiente capítulo de la globalización y para las oportunidades y los desafíos que se avecinan.

  1. Las cadenas de valor globales están atravesando cinco cambios estructurales
  2. Una de las fuerzas que está transformando las cadenas de valor es el reacomodamiento geográfico de la demanda
  3. El crecimiento de las cadenas de abastecimiento internas en China y otros países emergentes ha reducido la intensidad del intercambio global
  4. Las nuevas tecnologías impactan sustancialmente en los costos
  5. Debido a los cambios, las empresas necesitan reevaluar sus estrategias para operar a escala global
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Las cadenas de valor globales están atravesando cinco cambios estructurales

Las décadas de 1990 y 2000 fueron testigos de la expansión de las cadenas de valor complejas por todo el planeta. Pero las redes de producción no son inmutables; por el contrario, continúan evolucionando. Hemos identificado cinco grandes cambios en las cadenas de valor durante la última década.1

1. Las cadenas productoras de bienes tienen una menor intensidad comercial

El comercio se expandió a buen ritmo en prácticamente todo el mundo entre 1995 y 2007. Pero más recientemente, la intensidad comercial (es decir, el coeficiente entre exportaciones brutas y producto bruto) en casi todas las cadenas productoras de bienes ha disminuido. El comercio aún continúa creciendo en términos absolutos, pero la proporción de la producción que atraviesa las fronteras cayó del 28,1 por ciento en 2007 al 22,5 por ciento en 2017. El crecimiento de los volúmenes comerciales también es más lento. Entre 1990 y 2007, los volúmenes de intercambio crecieron en promedio 2,1 veces más rápido que el PIB real, pero desde 2011 esa tasa cayó a 1,1 veces.2

La declinación de la intensidad comercial es más pronunciada en las cadenas de valor más complejas y de mayor volumen (Gráfico 1). No obstante ello, esta tendencia no implica que estemos llegando al fin de la globalización. Más precisamente, refleja el desarrollo de China y de otras economías emergentes, que en la actualidad consumen una mayor porción de lo que producen.

Gráfico 1

2. Los servicios juegan un papel preponderante en las cadenas de valor globales y están sub-valuados

En 2017, el comercio bruto de servicios representó USD 5.100 billones, una cifra eclipsada por los USD 17.300 billones correspondientes al intercambio global de bienes. Pero el intercambio de servicios ha crecido más del 60 por ciento más rápido que el de bienes durante la última década (Gráfico 2), y algunos sub-sectores, como telecomunicaciones y servicios de TI, servicios empresariales y propiedad intelectual, están creciendo a una tasa entre dos y tres veces mayor.

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Pese a ello, el rol de los servicios es ensombrecido en las estadísticas comerciales tradicionales. En primer lugar, los servicios generan alrededor de un tercio del valor representado por los bienes manufacturados. I&D, ingeniería, ventas y marketing, finanzas y recursos humanos son algunos de los servicios que hacen posible la llegada de los bienes físicos al mercado. Además, hemos observado en muchos casos que los servicios importados están sustituyendo a los locales. En el futuro, la distinción entre bienes y servicios continuará diluyéndose, a medida que los fabricantes introduzcan nuevos tipos de leasing, suscripciones y modelos “como servicio” (XaaS) similares.

Segundo, los activos intangibles que las compañías multinacionales envían a sus subsidiarias en todo el mundo – entre otros software, branding, diseño, procesos operacionales o propiedad intelectual desarrollada por la casa matriz – representan un valor enorme, pero por lo general no se les asigna un precio ni se los monitorea a menos que estén catalogados como cargos por uso de propiedad intelectual.3 La producción de medicamentos o teléfonos inteligentes, por ejemplo, incorpora varios años de investigación y desarrollo, en tanto que el diseño y el branding ayudan a compañías como Nike y Adidas a percibir una prima por sus productos.

Por último, las estadísticas comerciales no hacen seguimiento del creciente flujo internacional de servicios digitales gratuitos, como correo electrónico, mapeo en tiempo real, video conferencias y medios sociales. Wikipedia, por citar un ejemplo, comprende unos 40 millones de artículos gratuitos en cerca de 300 idiomas. Cada día, usuarios de todo el mundo miran más de mil millones de horas de contenidos de video en YouTube, y cientos de millones de personas utilizan Facebook y WeChat. Estos servicios sin duda crean valor para los usuarios, independientemente de que se les asigne un valor monetario.

Calculamos que estos tres canales producen en conjunto valor por unos USD 8.300 millones al año, una cifra que incrementaría los flujos comerciales totales en USD 4.000 millones (o un 20 por ciento) y reasignaría el resto (USD 4.300 millones), actualmente contabilizado como bienes, a servicios. Visto desde esta perspectiva, el intercambio de servicios ya resulta más valioso que el de bienes físicos. Esta perspectiva inclinaría sustancialmente la balanza comercial de algunos países, entre ellos Estados Unidos. Este ejercicio no tiene como fin argumentar en favor de la redefinición de las estadísticas comerciales nacionales; el objetivo es simplemente subrayar el rol sub-valuado de los servicios, que será cada vez más importante para la participación de empresas y naciones en las cadenas de valor y el comercio global de cara al futuro.

3. El intercambio fundamentado en el arbitraje de costos laborales está disminuyendo en algunos países

Con la expansión de las cadenas de valor globales en la década de 1990 y comienzos de los 2000, muchas decisiones referidas a dónde localizar la producción se basaron en los menores costos laborales, en especial para las industrias productoras de bienes y servicios con alta intensidad de mano de obra. Pero contrariamente a la percepción popular, hoy día apenas el 18 por ciento de intercambio de bienes se basa en dicho arbitraje de costos (definido como la exportación desde países cuyo PIB per cápita equivale a una quinta parte o menos que el del país importador). Dicho de otra manera, más del 80 por ciento del comercio mundial de bienes no proviene de una nación con salarios bajos con destino a otra de mayores salarios. Otras consideraciones distintas de los costos laborales llevan a las compañías a decidir dónde basar su producción, como por ejemplo el acceso a mano de obra calificada o recursos naturales, la proximidad con los consumidores o la calidad de la infraestructura.

Además, la proporción del comercio basada en el arbitraje de costos laborales ha experimentado una caída en varias cadenas de valor, en especial la fabricación de bienes con alta intensidad de mano de obra, donde se redujo del 55 por ciento en 2005 al 43 por ciento en 2017). Esta tendencia refleja una mejora en los salarios de los países en desarrollo. En el futuro, sin embargo, la automatización y la inteligencia artificial podrían amplificar la tendencia, transformando la fabricación con mano de obra intensiva en fabricación con capital intensivo. Este giro tendrá fuertes implicancias para la forma en que los países con bajos salarios participan en el intercambio global.

4. Las cadenas de valor globales están volviéndose más intensivas en conocimientos

En todas las cadenas de valor, el gasto capitalizado en I&D y activos intangibles como marcas, software y propiedad intelectual es cada vez mayor como porcentaje de la facturación. En total, creció del 5,4 por ciento de los ingresos en 2000 al 13,1 por ciento en 2016. La tendencia es más visible en sectores innovadores. Las compañías de maquinaria y equipos destinan el 36 por ciento de su facturación a I&D y activos intangibles, mientras que industrias como la farmacéutica o de dispositivos médicos alcanzan en promedio el 80 por ciento (Gráfico 3). El creciente énfasis en el conocimiento y los activos intangibles favorece a los países con personal calificado, fuerte innovación y competencias de I&D, además de una sólida protección de su propiedad intelectual.5

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En muchas industrias, la creación de valor está girando hacia actividades “upstream”, como investigación y desarrollo o diseño, y “downstream”, como distribución, marketing y servicios post-venta. La proporción de valor generada por la producción de los bienes propiamente dicha está en declinación, en parte porque el offshoring redujo el precio de muchos productos. La tendencia es más pronunciada en electrónica de consumo y productos farmacéuticos, que han sido testigos del surgimiento de “fabricantes virtuales” que se dedican a desarrollar productos y delegan su fabricación a terceros.

5. Cadenas de valor más regionales y menos globales

Hasta hace poco tiempo, el comercio de larga distancia a través de los océanos estaba creciendo en importancia gracias a la caída de los costos de transporte y de comunicación y a la expansión de las cadenas de producción hacia China y otros mercados en desarrollo. La proporción del comercio de bienes entre países de una misma región (en oposición al intercambio entre compradores y vendedores más distantes entre sí) cayó del 51 por ciento en 2000 al 45 por ciento en 2012.

En los últimos años, la tendencia se revirtió en cierta medida; el comercio intra-regional de bienes aumentó 2,7 puntos porcentuales a partir de 2013, reflejando en parte el aumento del consumo en los países emergentes. Este avance es particularmente visible en Asia y en los 28 países de la UE. La regionalización es más notoria en las cadenas de valor de innovaciones, debido a la necesidad de integrar de cerca a múltiples proveedores en una secuencia “justo a tiempo”. Esta tendencia podría acelerarse en otras cadenas de valor si la automatización reduce la incidencia de los costos laborales y aumenta la relevancia de la velocidad de salida al mercado en las decisiones de las compañías acerca de dónde producir sus bienes.

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Una de las fuerzas que está transformando las cadenas de valor es el reacomodamiento geográfico de la demanda

El mapa de la demanda global, anteriormente inclinado hacia las economías más avanzadas, está tomando nueva forma, y las cadenas de valor se están acomodando en función de las decisiones de las empresas sobre cómo competir en los múltiples mercados de consumo repartidos por todo el planeta. McKinsey estima que los mercados emergentes consumirán casi dos tercios del total de bienes manufacturados hacia 2025, con automóviles, materiales de construcción y maquinaria a la cabeza. Para 2030, se espera que los países en vías de desarrollo representen más de la mitad del consumo mundial total. Estas naciones continúan profundizando su participación en los flujos globales de bienes, servicios, finanzas, personas y datos.

La mayor ola de crecimiento ha provenido de China. Estudios previos de MGI han destacado a la población en edad laboral china como uno de los segmentos de consumidores clave a nivel mundial; para 2030, se espera que sean responsables por 12 centavos de cada dólar de consumo urbano en todo el mundo. En camino a tener más millonarios que ningún otro país, China representa en la actualidad alrededor de un tercio del mercado mundial de bienes de lujo. En 2016, se vendieron en China un 40 por ciento más de automóviles que en toda Europa; en la misma línea, China es responsable por el 40 por ciento del consumo global de productos textiles e indumentaria.

Con el crecimiento del consumo, una mayor proporción de lo que se fabrica en China queda en China. Esta tendencia es una de las causas de la declinación de los intercambios comerciales. Dentro de las cadenas de valor industriales estudiadas, China exportó el 17 por ciento de lo que produjo en 2007. En 2017, la incidencia de las exportaciones se redujo a solo el 9 por ciento. Esta cifra está a la par de lo que sucede en Estados Unidos, pero es mucho más baja que las de Alemania (34 por ciento), Corea del Sur (28 por ciento) o Japón (14 por ciento). Este giro no ha sido tan notorio debido a que la producción nacional, las importaciones y las exportaciones han crecido sensiblemente en términos absolutos. En términos generales, China está rebalanceando su producción hacia un rol más importante del consumo interno.

El crecimiento de la clase media en otros países en desarrollo también está dando lugar a un mayor poder de compra. Para 2030, los países en desarrollo (sin incluir a China) representarán el 35 por ciento del consumo mundial, liderados por India, Indonesia, Tailandia, Malasia y Filipinas. Por citar un ejemplo, en 2002, India exportó el 35 de su producción de indumentaria, pero solo la mitad de esa cifra (17 por ciento) en 2017, gracias a mayores compras por parte de consumidores locales.

La mayor demanda de los países emergentes también plantea oportunidades para los exportadores de economías desarrolladas. Apenas el tres por ciento de las exportaciones de economías avanzadas tuvieron como destino a China en 1995, comparadas con el 12 por ciento en 2017. Y la proporción destinada a otros países emergentes pasó del 20 al 29 por ciento. En total, las exportaciones de economías avanzadas a países en desarrollo crecieron de USD 1 billón en 1995 a USD 4,2 billones en 2017. En la industria automotriz, Japón, Alemania y Estados Unidos envían el 42 por ciento de sus exportaciones a China y otras naciones en desarrollo. En cuanto a las industrias con uso intensivo de conocimientos, el 45 por ciento de las exportaciones de economías avanzadas tiene como destino un país en vías de desarrollo. La región de Asia-Pacífico constituye de hecho una prioridad estratégica clave para muchas marcas occidentales.

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El crecimiento de las cadenas de abastecimiento internas en China y otros países emergentes ha reducido la intensidad del intercambio global

El rápido crecimiento de China la ha colocado como un elemento clave en virtualmente todas las cadenas de valor globales productoras de bienes. En términos generales, China representa el 20 por ciento de la producción global de bienes, en comparación con apenas el 4 por ciento en 1995. En la industria textil y de indumentaria, maquinaria eléctrica, y en vidrio, cemento y cerámicos, su producción equivale a casi la mitad del total mundial.

Pero la madurez de su economía también hizo que el país pase de ensamblar componentes importados a fabricar diferentes bienes intermedios y realizar actividades de I&D en su propio territorio. Éste es el segundo factor que afecta la intensidad del tráfico internacional de bienes. En computadoras y electrónica, por ejemplo, las compañías chinas están desarrollando el tipo de chips sofisticados para teléfonos inteligentes que China solía importar de economías avanzadas. El desarrollo de industrias con una mayor integración vertical le permite a China capturar más valor agregado, y al mismo tiempo genera trabajo y desarrollo económico para las provincias más pobres de la región interior.

Otras naciones en desarrollo están comenzando a exhibir los mismos cambios estructurales que China, si bien se encuentran aún en etapas previas. En textiles e indumentaria, por caso, las redes de producción conformadas por múltiples etapas están comenzando a consolidarse en un solo país, como Vietnam, Bangladesh, Malasia, India e Indonesia.

Como región, Asia emergente depende en la actualidad menos de los insumos intermedios importados para la producción de bienes que el resto del mundo en vías de desarrollo (8,3 por ciento versus 15,1 por ciento en 2017). A la inversa, en los países emergentes de Europa, donde el crecimiento económico ha sido más lento, las empresas han continuado integrándose a las cadenas de abastecimiento de sus vecinos de Europa Occidental. La caída en la intensidad de los intercambios comerciales es consecuencia de la creciente madurez industrial de las economías emergentes. Con el tiempo, sus capacidades de producción y el consumo irán convergiendo con las de las economías avanzadas. Una menor intensidad comercial entre naciones no significa que haya llegado el fin de la globalización, sino que las tecnologías digitales y los flujos de datos se están convirtiendo en el tejido conectivo de la economía global.

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Las nuevas tecnologías impactan sustancialmente en los costos

El crecimiento explosivo de los flujos de datos internacionales, mencionado en un estudio previo de MGI sobre la digitalización global, es una realidad. Entre 2005 y 2017, el ancho de banda utilizado para comunicaciones internacionales se multiplicó por 148. Un torrente de comunicaciones y contenidos viaja por esas rutas digitales, y parte de ese tráfico corresponde a compañías que interactúan con operaciones, proveedores y clientes en el extranjero.

Las comunicaciones digitales instantáneas y de bajo costo han tenido un efecto claro: reducir el costo de las transacciones y hacer posible un mayor flujo comercial. Pero estimar el impacto de las tecnologías de última generación sobre los flujos globales de bienes y servicios no será tan simple. El impacto neto es aún incierto, si bien bajo algunos escenarios posibles la nueva ola tecnológica podría afectar el comercio de bienes en favor de los flujos de servicios.

Los adelantos en plataformas digitales, tecnologías logísticas y procesamiento de datos continuarán reduciendo los costos de las transacciones internacionales y favoreciendo nuevos flujos de todo tipo

Para los productores de bienes, los costos logísticos tienen una importancia clave. Las empresas pierden grandes cantidades de dinero en procesamiento aduanero o debido a demoras en los pagos internacionales. Tres grupos de tecnologías ayudarán a reducir esta fricción en los próximos años.

Las plataformas digitales pueden unir a participantes remotos, mejorando la eficiencia de las búsquedas y la coordinación. Los mercados de comercio electrónico han contribuido a facilitar un flujo significativo de operaciones internacionales al agregar amplias selecciones de productos y volver más transparentes los precios y su comparación. AliResearch (Alibaba) estima que las ventas B2C internacionales alcanzarán un volumen cercano a USD 1 billón para 2020. Y el comercio electrónico B2B podría representar entre cinco y seis veces esa suma. Si bien muchas de estas transacciones simplemente sustituirán a los flujos offline tradicionales, el comercio electrónico generará de todos modos entre USD 1,3 y 2,1 billones adicionales hacia 2030, con un estímulo del 6-10 por ciento para los bienes manufacturados. El rápido crecimiento del comercio de paquetes pequeños, sin embargo, pude constituir un desafío en términos de procesamiento aduanero.

Las tecnologías logísticas también continúan evolucionando. La IoT puede volver más eficiente la prestación de servicios al hacer seguimiento de los envíos en tiempo real, y la IA puede recomendar rutas de distribución basadas en las condiciones de tránsito del momento. El procesamiento automatizado de documentos podría ser de ayuda para acelerar el paso por las aduanas. En los puertos, vehículos autónomos realizarán las tareas de descarga, apilado y carga de contenedores más rápido y con menos errores. Las soluciones de transporte basadas en Blockchain pueden ayudar a reducir los tiempos de tránsito y a acelerar los pagos. Calculamos que las nuevas tecnologías logísticas podrían reducir los tiempos de transporte y procesamiento en aduana entre el 16 y el 28 por ciento. Al eliminar parte de las fricciones que ralentizan el movimiento de bienes en la actualidad, estas tecnologías en conjunto podrían dar un impulso al comercio internacional de entre el 6 y el 11 por ciento para 2030.6

La automatización y la fabricación aditiva influyen sobre los procesos de producción y la importancia relativa de los insumos

Estudios anteriores de MGI han identificado que cerca de la mitad de las tareas que realizan los trabajadores son susceptibles de automatización, lo que implicaría un cambio profundo en la importancia del capital con relación a la mano de obra en muchas industrias. La creciente adopción de automatización y robótica avanzada en los procesos de fabricación hace que la proximidad con los mercados de consumo, el acceso a los recursos, las calificaciones del personal y la calidad de la infraestructura ganen en importancia a la hora de decidir dónde producir un bien.

Los procesos de servicio también son susceptibles de automatización usando inteligencia artificial y agentes virtuales. La incorporación de aprendizaje automático (ML) a los asistentes virtuales ayuda a que puedan realizar un rango de tareas más amplio. Las compañías de países avanzados ya han automatizado parte de los servicios de atención a clientes en lugar de externalizarlos. Esto podría causar una contracción del mercado mundial de tercerización de procesos (BPO), que en la actualidad constituye uno de los sectores de servicios con mayor actividad.

La fabricación aditiva (impresión 3D) también puede tener consecuencias para los flujos comerciales futuros. Varios expertos coinciden en que no reemplazará a la producción en serie, al menos en la próxima década, ya que su costo, velocidad y calidad son importantes limitaciones. Sin embargo, la actividad está ganando tracción en la elaboración de prototipos, piezas de repuesto, juguetes, calzado y equipamiento médico. Pese a que la impresión 3D podría provocar una baja sustancial en la actividad de algunos sectores, la caída difícilmente represente más de unos pocos puntos porcentuales en el total del intercambio de bienes manufacturados de aquí a 2030. En algunos casos, la fabricación aditiva podría incluso ser un estímulo para el comercio al simplificar la personalización de los productos.

En total, creemos que la automatización, la IA y la fabricación aditiva podrían causar una retracción de los volúmenes de intercambio globales de hasta el 10 por ciento hacia 2030. Sin embargo, esta cifra refleja solamente el impacto directo de estas tecnologías al facilitar una producción más cercana al consumidor en las economías avanzadas. También es posible que estas tecnologías conduzcan al “nearshoring” o regionalización del comercio en los países desarrollados. Adicionalmente, las naciones en vías de desarrollo podrían adoptar las nuevas tecnologías para elevar su productividad y retener la producción, sosteniendo así el comercio internacional.

Los nuevos bienes y servicios generados con ayuda de la tecnología impactarán en los flujos comerciales

La tecnología puede transformar algunos productos y servicios, alterando el contenido y el volumen de los flujos comerciales en ese proceso. Por ejemplo, la Práctica Automotriz de McKinsey estima que los vehículos eléctricos representarán cerca del 17 por ciento de las ventas totales de automóviles en 2030, frente a apenas el 1 por ciento en 2017. Esto podría reducir los envíos de autopartes en hasta un 10 por ciento – ya que los VEs poseen menos piezas que los modelos convencionales –, además de afectar las importaciones de petróleo.

El giro de flujos físicos a flujos digitales iniciado hace algunos años con las películas, los álbumes de música y los juegos digitales se está acentuando gracias a los modelos de suscripción y al streaming. El streaming equivale hoy día al 40 por ciento de los ingresos de la industria de la música. La computación en la nube utiliza un modelo similar de suscripción o “pay-as-you-go” para el almacenamiento y el software, evitando a los usuarios tener que hacer grandes inversiones de capital en infraestructura de TI.

El advenimiento de las redes celulares 5G ultra-rápidas abre nuevas posibilidades para la prestación de servicios. Las cirugías remotas, por ejemplo, podrían incrementar su viabilidad si las nuevas redes son capaces de transmitir imágenes nítidas sin demoras y si los robots pueden responder con mayor precisión a las instrucciones remotas. En las plantas industriales, la tecnología 5G puede contribuir al mantenimiento remoto basado en realidad aumentada y virtual, generando así nuevos flujos de servicios y datos.

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Debido a los cambios, las empresas necesitan reevaluar sus estrategias para operar a escala global

Tanto los costos como los riesgos de las operaciones globales están cambiando. Múltiples imperativos salen a la luz para las compañías globales en este contexto:

  • Reevaluar dónde competir en la cadena de valor. Los líderes empresariales necesitan monitorear continuamente hacia dónde se mueve el valor en su industria y adaptarse a ello. Algunos han acotado el foco a las actividades de I&D y distribución, y tercerizado la producción. Por el contrario, muchos productores de bienes de consumo adoptan un abordaje híper-local, con carteras de productos personalizadas para cada mercado. Los proveedores de servicios “locales-globales”, como Airbnb o Uber, poseen marcas reconocidas globalmente pero también cuentan con grandes operaciones locales que ofrecen servicios personalizados. Las compañías de red, muchas de las cuales son proveedoras de servicios con uso intensivo de conocimientos, crean valor a través de un modelo operativo disperso geográficamente y con alcance global. Sin perjuicio de la estrategia, un punto clave es mantener el control, la confianza y la colaboración en todos los sectores de la cadena de valor. Para algunas empresas, esto puede significar internalizar una mayor porción de sus operaciones. Y quienes opten por tercerizar deberán mantener relaciones más cercanas con sus proveedores y mayor visibilidad de los escalones más bajos de la cadena de abastecimiento.
  • Considerar cómo extraer valor de los servicios. En muchas cadenas de valor, incluidas las manufacturas, una mayor proporción del valor está proviniendo de los servicios. Enfocarse en los servicios puede acarrear ventajas: ciclos de ventas más homogéneos, mayores márgenes, y generación de nuevas ventas o ideas de diseño gracias a una interacción más cercana con los clientes. En el extremo, modelos de negocios completos pasan de producir bienes a proveer servicios. Para lograrlo, las empresas necesitan conocer mejor las necesidades de los consumidores, invertir en datos y analítica, y desarrollar los contratos de servicio más eficaces con fórmulas basadas en suscripciones, pago por uso o por rendimiento.
  • Reconsiderar el footprint operacional para reflejar los nuevos riesgos. Las nuevas tecnologías de automatización, los cambios en el costo de los factores, un conjunto expandido de riesgos y la creciente importancia de la velocidad de salida al mercado en algunas industrias están impulsando la re-localización en muchas cadenas de producción de bienes físicos. Como resultado, resulta lógico localizar la producción en o cerca de los mercados de consumo clave de todo el mundo. Antes de invertir y decidir dónde producir, las compañías deben considerar los costos totales ajustados por riesgo en el lugar de consumo final; aún hoy, son muchas las que no tienen en cuenta todas las variables.
  • Ser flexibles y resilientes. Hoy día las compañías se enfrentan a un conjunto de elementos desconocidos más complejos que los que planteaba el orden mundial de posguerra. Hay una chance real de que los aranceles y las barreras no tarifarias continúen aumentando, revirtiendo lo logrado en décadas de liberalización del comercio. Asimismo, los códigos fiscales están siendo adaptados a la nueva era de lo digital e intangible. El desarrollo de operaciones ágiles puede ayudar a las empresas a prepararse para este tipo de incertidumbres. Esto puede tomar diversas formas, como el uso de plataformas comunes y versátiles para compartir componentes en varias líneas de productos y múltiples plantas. Para sus compras, las compañías han logrado flexibilidad por medio de coberturas de precios, contratos a largo plazo, influencia sobre la demanda para estimular el uso de sustitutos, y redundancias en las cadenas de abastecimiento.
  • Priorizar la velocidad de salida al mercado y la proximidad con los clientes. Empresas de todas las industrias cuentan ahora con datos en tiempo real y granulares sobre ventas y comportamiento de clientes a su disposición, pero para poder capitalizar esa información es requisito alcanzar la excelencia en fabricación y distribución. La velocidad de salida al mercado posibilita una respuesta más ágil a los deseos de los consumidores y menor desperdicio de productos debidos a errores en las proyecciones. Para ello no se requiere necesariamente una repatriación a escala de las actividades de producción ni una integración vertical absoluta en todos los mercados clave. Las compañías pueden optar por una estrategia de diferimiento, consistente en fabricar un producto relativamente estandarizado a distancia y luego terminarlo con toques personalizados en instalaciones más próximas al mercado de consumo.
  • Desarrollar relaciones más cercanas con los proveedores. Las relaciones entre partes independientes con proveedores de todo el mundo acarrean riesgos y costos ocultos. Por ello, resulta útil identificar cuáles de esos proveedores son críticos para el negocio, para luego compartir ideas y profundizar esas relaciones. Las firmas capaces de establecer una cooperación genuina pueden obtener status de cliente preferido y beneficiarse con nuevas ideas de productos o eficiencias en procesos originadas en los proveedores. Las grandes empresas también pueden proponer cambios sistémicos en la cadena de valor, mejorando los estándares laborales y ambientales. Las tecnologías logísticas y de producción tienen potencial para transformar cadenas de abastecimiento completas, pero para optimizar las actividades se requiere una integración de principio a fin. Asimismo, las empresas de mayor tamaño posiblemente deberán ayudar a sus proveedores pequeños y medianos a actualizarse e incorporar herramientas digitales para capturar todo el valor disponible.

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