Outperformers: High-growth emerging economies and the companies that propel them

Outperformers: Las economías emergentes de rápido crecimiento y las empresas que las impulsan

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Outperformers: Las economías emergentes de rápido crecimiento y las empresas que las impulsan

Algunas economías emergentes han crecido con mayor velocidad y consistencia que otras. Detrás de esas historias de éxito hay una agenda de políticas de crecimiento y un rol destacado de las grandes compañías.

Las economías emergentes han sido responsables por casi dos tercios del aumento del PIB global y más de la mitad de la expansión del consumo durante los últimos 15 años. Sin embargo, el desempeño económico varía sustancialmente a nivel de cada país.

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Why do some emerging economies outperform the rest?
Some emerging economies have managed to achieve strong and consistent growth over a long period. These are the outperformers. What’s the secret to their success?

En su informe “Outperformers: Las economías emergentes de rápido crecimiento y las empresas que las impulsan” (PDF–3.20MB), McKinsey Global Institute analizó el historial de largo plazo de 71 economías en desarrollo para identificar los mejores desempeños (aquellas que se destacaron por sobre el resto o “outperformers”) e identificó dos factores clave que ayudan a explicar esos resultados: una agenda de políticas de crecimiento que comprenden productividad, ingreso y demanda y que han impulsado un crecimiento económico excepcional, y el rol no tan valorado pero igual de importante que las grandes compañías han desempeñado para contribuir a ese crecimiento.

  1. Dieciocho de 71 países emergentes tuvieron un desempeño superior al de sus pares y las referencias globales.
  2. Una agenda de crecimiento en términos de productividad, ingreso y demanda ha conducido a resultados superiores.
  3. El rol de las empresas productoras es un atributo clave de las economías más destacadas.
  4. Los cambios en el contexto presagian nuevas oportunidades para las economías emergentes.
  5. La economía global podría recibir un estímulo de $1.100 millones si todas las economías emergentes fueran capaces de emular a las más destacadas.
 

Dieciocho de 71 países emergentes tuvieron un desempeño superior al de sus pares y las referencias globales

Analizamos la evolución del PIB per cápita de 71 economías a lo largo de más de 50 años, comenzando por 1965. De ellas, identificamos a 18 que obtuvieron resultados superiores, es decir, alrededor de una de cada cuatro.

Siete economías alcanzaron o superaron un crecimiento real anual del PIB per cápita de 3,5 por ciento durante todo el período mencionado. Este umbral representa la tasa de crecimiento promedio requerida por una economía con ingresos bajos o medios-bajos para alcanzar el status de ingresos medios-altos al final del período de 50 años, según lo define el Banco Mundial. Estas siete economías son: China, Hong Kong, Indonesia, Malasia, Singapur, Corea del Sur y Tailandia.

También identificamos un segundo grupo de 11 economías de alto desempeño no tan homogéneo y más reciente. Este grupo alcanzó una tasa de crecimiento del PIB real de al menos el 5 por ciento anual en promedio entre 1995 y 2016 (~20 años). Los 11 países son Azerbaiyán, Bielorrusia, Camboya, Etiopía, India, Kazakstán, Laos, Myanmar, Turkmenistán, Uzbekistán y Vietnam.

Los 18 países mencionados no solo exhibieron un desempeño promedio excepcional, sino que además demostraron consistencia al superar la tasa de crecimiento de referencia durante al menos tres cuartos de los períodos de 50 o 20 años, según el caso (Gráfico 1).

Seven economies had real annual per capita GDP growth of at least 3.5 percent for 50 years, while 11 other, less-heralded economies grew at least 5.0 percent annually over the past 20 years.

Colectivamente, estos países han sido el motor para sacar a más de mil millones de personas de la extrema pobreza, definida por el Banco Mundial como la necesidad de subsistir con menos de $1,90 al día. La prosperidad de estas naciones no solo logró reducir la pobreza, sino que además resultó en el surgimiento de una nueva ola de clases medias y afluentes. Entre 1990 y 2013, la cantidad de habitantes en situación de extrema pobreza en las 71 economías estudiadas cayó de 1.840 a 766 millones. Y los 18 países más destacados contribuyeron el 95 por ciento de esa variación.

Menos del 11 por ciento de la población mundial vive actualmente en la pobreza extrema, en comparación al 35 por ciento en 1990.

Simultáneamente, un creciente número de residentes de estos países se sumaron a la “clase consumidora”, es decir, un grupo de personas con ingresos suficientemente altos para consumir grandes volúmenes de bienes y servicios. En India, por ejemplo, la cantidad de hogares pertenecientes a esta clase se multiplicó por diez en solo dos décadas, pasando de 3,4 millones en 1995 a más de 35 millones en 2016. Globalmente, este grupo de consumidores urbanos se ha convertido en uno de los motores del crecimiento económico global. Los “outperformers” acumularon casi la mitad del crecimiento del gasto de los hogares en todas las economías emergentes durante los últimos 20 años.

 
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Una agenda de crecimiento en términos de productividad, ingreso y demanda ha conducido a resultados superiores

Si bien los 18 países destacados varían considerablemente en niveles de ingreso, tamaño, disponibilidad de recursos productivos y localización (con la excepción de Latinoamérica, ausente en el grupo), nuestro análisis indica que todos comparten ciertos atributos básicos de estímulo a los ciclos de crecimiento en términos de productividad, ingreso y demanda (Gráfico 2). Parte fundamental de esas bases son las políticas de competitividad que motivaron la mejora de la productividad y ayudaron a forjar las grandes empresas responsables por buena parte del crecimiento del PIB.

A pro-growth agenda of productivity, income, and demand propelled the outperforming economies.

Más de dos tercios del aumento del PIB en los países que se destacaron del resto a lo largo de los últimos 30 años es atribuible a un rápido aumento de la productividad correlacionado con la industrialización: una mejora de productividad anual promedio de 4,1 por ciento comparada con apenas el 0,8 por ciento del resto de las economías en desarrollo. Ese rápido avance da impulso a un ciclo de promoción del crecimiento al generar riqueza y estimular la demanda, lo que se traduce en mayores índices de empleo.

La acumulación de capital, posibilitada por altas tasas de inversión y de ahorro interno, contribuyó en promedio 3,8 puntos porcentuales al crecimiento económico cada año entre 1990 y 2015 para los siete países de la muestra que se destacaron en los últimos 50 años, y cinco puntos porcentuales para los 11 países que lo hicieron en el período de 20 años entre 1995 y 2015.

La inversión como porcentaje del PIB promedió el 30 por ciento para los “outperformers” de largo plazo y 20 por ciento para el resto del grupo, o entre tres y 13 puntos superior a la tasa de inversión en los demás países en desarrollo. La tasa de ahorro interno como porcentaje del PIB fue entre diez y 30 puntos porcentuales más alta.

Los países más destacados pudieron sacar provecho de mayores niveles de ahorro interno, en algunos casos motivados por planes de pensiones administrados por el gobierno, y en otros alentados por gobiernos que desarrollaron instituciones financieras sólidas y servicios de banca digital convenientes. El mayor nivel de ahorro interno posibilitó inversiones en varias áreas, como infraestructura. Los países destacados también lograron atraer la mayor parte de las inversiones externas: casi el 70 por ciento de los aproximadamente $900 mil millones invertidos en mercados emergentes entre 2000 y 2016.

La fuerte mejora de la productividad también se tradujo en un crecimiento excepcional del ingreso. El salario real y los beneficios aumentaron en promedio el 4,6 por ciento anual entre 1980 y 2014 en los siete países que crecieron durante 50 años.

China lideró en este rubro, con tasas de crecimiento del ingreso del 8,6 por ciento anual. Y entre los países que se destacaron en el período más reciente, el salario y los beneficios aumentaron a razón del seis por ciento anual entre 1995 y 2014. Esto equivale al triple de los niveles observados en otras economías avanzadas y en desarrollo. El consumo de los hogares, impulsado por el crecimiento de los ingresos, aumentó a una tasa superior en tres puntos porcentuales en los 18 “outperformers” en comparación con las demás economías (emergentes o desarrolladas).

Otro atributo característico de estos países ha sido su capacidad para lograr la estabilidad macro-económica, incluso en épocas de volatilidad global, adaptando sus políticas al contexto local y a los cambios en las condiciones. Por ejemplo, estos gobiernos actuaron ágilmente para garantizar una rápida recuperación de episodios de volatilidad, como la crisis financiera asiática de finales de los ‘90 y la crisis financiera global de 2008-2009.

Las economías más destacadas también se han beneficiado por su potencial de aprovechamiento del aumento de la demanda global de exportaciones, que les permitió obtener economías de escala. En 1980, estas economías representaban menos del 10 por ciento de los flujos de intercambio de bienes y servicios y financieros. Para 2015, esa proporción llegaba al 20 por ciento o incluso más.

Las políticas de competitividad también prepararon el terreno para la mejora de la productividad. Muchos países con desempeño superior reconocieron la importancia de las empresas privadas y promovieron un entorno que facilitara la inversión y la competencia, y al mismo tiempo crearon incentivos para mejorar la productividad. En lugar de seleccionar a los sectores más rentables o a las compañías más exitosas de cada sector, se enfocaron en elevar la productividad de todas las industrias.

Como resultado, los sectores con una mayor proporción de compañías grandes crecieron a mayor velocidad, mejoraron su productividad más que sus pares, pagaron mejores salarios e invirtieron en mayor escala. En algunos países, pero no en todos, los gobiernos ayudaron a incubar empresas locales competitivas a través del apoyo a nuevas industrias, como préstamos a tasa reducida, tipos de cambio preferenciales, rebajas impositivas, y subsidios para investigación y desarrollo.

La protección, sin embargo, fue gradualmente reducida a medida que estas industrias se volvieron más competitivas, para reducir las distorsiones en el mercado. En algunos casos, el apoyo se sujetó a condiciones que alentaron a las empresas a elevar su productividad. Por ejemplo, la política de importaciones de Corea del Sur en los años ‘60 limitó todas las compras externas (salvo las de carácter estratégico) mediante la imposición de fuertes tarifas, pero luego el país cambió gradualmente a un esquema relativamente más abierto hacia la década de los ‘80.

 
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El rol de las empresas productoras es un atributo clave de las economías más destacadas

Mientras que los economistas enrolados en la corriente del crecimiento y el desarrollo han documentado a lo largo de décadas las políticas que impulsaron el crecimiento de las economías emergentes, la contribución al crecimiento de las compañías competitivas a escala global, con una gestión ágil y alta productividad, no ha sido estudiada en la misma medida. En los 18 países más destacados, notamos que este tipo de compañías no solo influyeron en el crecimiento del PIB, sino que además actuaron como catalizadoras del cambio a nivel local.

Definimos como grandes compañías a aquéllas con ingresos anuales superiores a los $500 millones. Entre 1995 y 2016, sus ingresos con relación al PIB casi se triplicaron en las economías emergentes mencionadas, y pasaron del equivalente al 22 por ciento del PIB al 64 por ciento, una proporción cercana a la de las economías con altos ingresos y muy superior a la de otras economías en desarrollo. Simultáneamente, calculamos que la contribución de valor agregado de estas compañías al PIB nacional también evolucionó rápidamente, del 11 por ciento en 1995 al 27 por ciento en 2016, duplicando las cifras de las economías emergentes menos exitosas (Gráfico 3).

Productive large companies have been key contributors to the growth of outperforming developing economies.

Las empresas grandes tienden a enfocarse en sectores que abastecen la demanda global, lo cual ha ayudado a impulsar una mayor participación en las exportaciones para sus países. Las mejoras de productividad son consecuencia de inversiones en activos, I&D y capacitación laboral con una intensidad mayor que la de las empresas medianas y pequeñas (PMEs), y adicionalmente pagan salarios más altos a sus trabajadores (hasta 75 por ciento más en algunos países, como Indonesia y Corea del Sur). Junto con estos efectos directos, las compañías grandes estimulan en forma indirecta la creación, el crecimiento y la productividad de las PMEs que forman parte de sus cadenas de abastecimiento, y a su vez dependen de esas empresas para obtener insumos intermedios para sus ecosistemas.

Llegar a lo más alto en una economía emergente destacada (y luego mantenerse allí) no es tarea fácil para las grandes empresas. Nuestro análisis identificó que la dinámica competitiva en muchos (si bien no todos) de los 18 países con resultados económicos superiores puede ser brutal, y solo las organizaciones más aptas logran sobrevivir.

Una señal de la competencia que se vive en el mundo corporativo es que los países destacados tienen casi el doble de compañías grandes por cada billón de dólares de PIB que el resto de las economías emergentes: poco más de 160 compañías cada $1 billón en 2016 versus 80 compañías en los países más rezagados (y 85 en las naciones con ingresos altos). Como consecuencia, el crecimiento de los ingresos se distribuye en una base más amplia.

La pelea por el liderazgo es un signo vital de un contexto competitivo. Menos de la mitad (~45 por ciento) de las compañías que alcanzaron el quintil superior en términos de generación de beneficio económico entre 2001 y 2005 lograron sostenerse en esa posición durante una década, según nuestro análisis. Esta proporción fue bastante inferior a la de las empresas tradicionales de economías con altos ingresos, de las cuales el 62 por ciento se mantuvo en el primer quintil a lo largo de la misma década.

La competencia interna, a su vez, ha permitido a los triunfadores capturar una parte desproporcionada de los ingresos y las ganancias, así como superar a sus pares de economías avanzadas en las dimensiones clave, incluido el retorno total de los accionistas. Para las empresas de países con ingresos altos, las regiones en desarrollo representan al mismo tiempo una oportunidad de crecimiento y la fuente de una nueva y dura competencia global.

Las recompensas para quienes logran sostenerse en lo más alto son significativas: el 10 por ciento superior en términos de creación de valor entre las compañías más grandes capturó el 454 por ciento del beneficio económico neto generado por todo el mercado. Esto equivale a más de cuatro veces la proporción observada en los países desarrollados, donde el 10 por ciento superior se queda con el 106 por ciento de los beneficios netos. Y el castigo por el fracaso también es mayor: el 10 por ciento inferior de las compañías de países emergentes con un desempeño económico superior genera pérdidas equivalentes al 289 por ciento del total, en comparación con el 31 por ciento del pool de beneficios respectivo para las empresas grandes de economías avanzadas.

Las empresas de mercados emergentes que sobreviven a esta prueba emergen más fuertes y se convierten en competidores formidables en el escenario global. El rango de sectores alcanzado es amplio, con diferencias significativas dependiendo de la estructura de las economías nacionales.

Entre 1995 y 2016, las empresas grandes y de capital abierto de los países emergentes más destacados lograron aumentar su ingreso neto a una tasa anual entre cuatro y cinco puntos superior a las de otras economías emergentes. A nivel global, contribuyeron cerca del 40 por ciento de los ingresos y del aumento de las ganancias de las grandes empresas que cotizan en bolsa entre 2005 y 2016, pese a representar apenas el 25 por ciento de los ingresos y las ganancias totales en 2016. Más de 120 de estas organizaciones se han sumado a la lista de 500 de Fortune Global desde 2000.

Las empresas con mejor desempeño también superaron a sus pares desarrollados en un indicador de desempeño clave: retorno total de los accionistas (TRS). Entre 2014 y 2016, el TRS del cuartil superior de las compañías de países emergentes destacados fue del 23 por ciento en promedio, frente al 15 por ciento de las organizaciones en el cuartil superior de naciones con altos ingresos y el 13 por ciento en países emergentes menos exitosos.

Para comprender la contribución de estas grandes empresas en mayor detalle, entrevistamos a ejecutivos de más de 2.000 compañías de siete países y diez industrias. Tres características se destacan sobre el resto:

Las compañías líderes de las economías emergentes dedican más atención a la innovación, y obtienen el 56 por ciento de sus ingresos de nuevos productos y servicios, una tasa superior en ocho puntos porcentuales a la de sus pares de países avanzados. Las inversiones de estas empresas, medidas como la relación entre el gasto de capital y las amortizaciones, duplican las de las compañías de países desarrollados. También son más ágiles para asignar recursos: en promedio, toman decisiones importantes entre seis y ocho semanas más rápido que compañías similares de países avanzados. Esto equivale a un ahorro de tiempo de 30-40 por ciento.

Por último, las empresas grandes más exitosas localizadas en economías emergentes tienen una tendencia a priorizar el crecimiento fuera de sus mercados de origen estimada en 27 puntos porcentuales por encima de organizaciones similares de mercados desarrollados – y eso las ha posicionado como fuertes competidores globales.

El conglomerado tailandés Charoen Pokphand Group es un ejemplo de ello. Dedicado a los negocios agrícolas, los bienes raíces, el comercio minorista y las telecomunicaciones, el Grupo CP fue el primer inversor extranjero en la zona económica especial de Shenzhen en 1981; en la actualidad, sus operaciones en China representan el 40 por ciento de un volumen de ventas anual de $45 mil millones.

 
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Los cambios en el contexto presagian nuevas oportunidades para las economías emergentes

Las condiciones globales están cambiando. Las manufacturas parecen estar avanzando a un ritmo más acelerado en los países en desarrollo, y los flujos comerciales internacionales han perdido parte de su dinamismo desde la crisis financiera de 2008. Estos cambios traen aparejados no solo desafíos sino también nuevas oportunidades para las economías emergentes en manufacturas y servicios.

Destacamos tres cambios fundamentales en el escenario global que las economías emergentes deberán enfrentar:

1. Cambios demográficos a nivel mundial

Los cambios demográficos ya están afectando la economía global. La caída de la población económicamente activa en algunos países, como Alemania y Japón, está poniendo un freno al crecimiento. En simultáneo, observamos una tendencia en sentido opuesto que se manifiesta con un crecimiento de la urbanización en países emergentes, que estimula el consumo a medida que la gente se muda a las ciudades y se incorpora a la clase consumidora. Estimamos que las economías emergentes en su conjunto representarán el 62 por ciento del aumento del consumo a nivel mundial de 2015 a 2030, o el equivalente a $15,5 billones, con un 22 por ciento del total proveniente de China.

2. Cambios en los patrones comerciales

Por primera vez en la historia, las economías en desarrollo participan en más de la mitad de las operaciones de comercio exterior de bienes. El comercio “sur-sur”, que hace referencia a las transacciones entre países emergentes (independientemente de que están en el hemisferio sur), está creciendo más rápidamente que los flujos “norte-sur” o “norte-norte” (Gráfico 4). En total, el intercambio de bienes entre mercados emergentes, tanto “sur-sur” como “China-sur”, creció del 8 por ciento del total en 1995 al 20 por ciento en 2016.

The share of goods trade among emerging markets (South to south and China to south) has increased from 8 percent in 1995 to 20 percent in 2016.

China es un poderoso motor de los flujos de comercio con países emergentes. Y a medida que China se aleja de las manufacturas con uso intensivo de mano de obra hacia sectores con mayor proporción de I&D, surgen nuevas oportunidades para países como India, Vietnam y otros emergentes, en especial para los bienes producidos en economías con ingresos bajos como Indonesia o Uzbekistán.

3. Una revolución digital en desarrollo

Estimamos que la automatización tiene potencial para elevar la productividad en las economías en desarrollo de 0,8 a 1,2 puntos porcentuales entre 2015 y 2030.

Las tecnologías digitales ya han contribuido al desarrollo de nuevos modelos de negocios y a la apertura de nuevos mercados. En Kenia, por ejemplo, M-Pesa realiza transferencias de dinero desde el teléfono móvil, mientras que en Indonesia, GoJek, una app para compartir viajes en motocicleta, ha abierto nuevas fronteras para el transporte.

En este escenario de tendencias fluctuantes, la manufactura ha sido un poderoso motor de crecimiento económico y del empleo en las economías que se destacaron sobre el resto en las últimas tras décadas, y continuará desempeñando un rol relevante. La manufactura está alcanzando su pico en una etapa anterior del proceso de desarrollo a lo que estábamos habituados, un fenómeno que Dani Rodrik, economista de la Universidad Harvard, ha dado en llamar “desindustrialización prematura”.

Este fenómeno complica pero quizás no llegue a frustrar las ambiciones de las economías en desarrollo; en nuestra opinión, la manufactura aún tiene espacio para crecer, en particular en los países con ingresos más bajos, y puede continuar siendo una fuente de creación de empleo, especialmente cuando los salarios bajos y la localización estratégica posicionen a algunos países como destino atractivo para fabricantes de indumentaria y otras actividades con mano de obra intensiva. Nuestro análisis muestra que más de 20 países aún están en condiciones de mejorar en manufactura y valor, teniendo en cuenta las tendencias esperadas sobre costo de mano de obra.

Por su parte, los servicios representan más del 60 por ciento del PIB y más de la mitad de los puestos de trabajo en las economías emergentes, pero en la mayoría de los países el sector de servicios no ha sido un aportante significativo a la mejora de la productividad. Eso está cambiando ahora gracias a la tecnología, que hace posible a proveedores de servicios como call centers o radiología competir con facilidad a escala global. La participación de los servicios como porcentaje de las exportaciones totales ha aumentado del 19 por ciento en 1995 al 24 por ciento en la actualidad. La proporción del empleo en el sector de servicios también se está volviendo más relevante en una etapa previa del desarrollo.

 
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La economía global podría recibir un estímulo de $1.100 millones si todas las economías emergentes fueran capaces de emular a las más destacadas

¿Qué sucedería si las 53 economías emergentes con un desempeño medio o bajo fueran capaces de igualar las mejoras de productividad históricas de las 18 más destacadas? Para ello sería necesario que su tasa de aumento de la productividad pase del 1,4 por ciento registrado entre 2000 y 2015 al 4,2 por ciento, la mejora anual promedio alcanzada por las economías emergentes líderes. Para estimar el impacto, tanto para las naciones emergentes como para la economía global, simulamos ese aumento utilizando un modelo macro-económico.

Los efectos son sorprendentes: para las economías en desarrollo, la tasa de crecimiento del PIB per cápita podría elevarse al 4,6 por ciento. Esto empujaría su PIB promedio más del 50 por ciento por encima de las proyecciones actuales para 2030, además de sumar unos 200 millones de personas a la clase consumidora y sacar a otras 140 millones de la pobreza, una cantidad equivalente a casi el dos por ciento de la población mundial.

La economía global experimentaría un rebote, para crecer al 3,5 anual en promedio en comparación a un crecimiento estimado en alrededor del 2,8 por ciento. Ese crecimiento representaría una adición directa de $11 billones al PIB global hacia 2030. Y de esa suma, cerca de $8 billones provendrían de las hasta ahora economías emergentes con desempeño sub-óptimo.

Los $3 billones restantes serían una consecuencia indirecta, gracias al aumento de la actividad económica y del ingreso en los 53 países beneficiados que impactarían en la demanda global de las economías avanzadas y emergentes líderes. El aumento de $11 billones de la producción global equivale a alrededor del 10 por ciento del total de la economía global, o a sumar otro país como China.

¿Qué tan viable resulta este escenario? Triplicar el aumento de la productividad es sin dudas un objetivo ambicioso, pero ya hay un precedente de ello: lo que lograron los “outperformers” más recientes entre 1995 y 2015 en comparación con el período de referencia de 1980 a 1995.

Todas las regiones geográficas tienen fortalezas y debilidades en común − y todas tienen potencial para fortalecer sus ciclos de crecimiento.

Outperformers: High-growth emerging economies and the companies that propel them

A lo largo del variado escenario global, es posible identificar ciertas naciones que aspiran a ingresar a nuestra lista de “outperformers”. Se trata de países que están fortaleciendo sus principios económicos fundamentales, de conformidad con los elementos de nuestro mapa de calor. Algunos de ellos ya alcanzaron tasas de crecimiento del PIB superiores al 3,5 por ciento en el período 2011-2016.

Cinco de ellos − Bangladesh, Bolivia, Filipinas, Ruanda y Sri Lanka − superaron ese nivel de crecimiento entre 2011 y 2016 y se ubican en el 25 por ciento más alto de nuestro índice de desempeño.

Un segundo grupo de países está formado por Kenia, Mozambique, Paraguay, Senegal y Tanzania. Estas naciones avanzaron el cuartil superior en términos de desempeño económico, reflejando las mejoras alcanzadas en variables clave de productividad, ingreso y demanda, si bien aún no han alcanzado un crecimiento consistente del PIB per cápita del 3,5 por ciento anual.

Por último, otros dos países también llegaron a la tasa de referencia del 3,5 por ciento, aunque su desempeño económico es menos destacado, lo que los ubica en el segundo cuartil. Se trata de Costa de Marfil y República Dominicana (Gráfico 5).

Countries that achieved high GDP per capita growth and strong momentum since 2011 have the potential to join the next wave of outperformers.

Por lo expuesto, si bien es los 18 “outperformers” identificados merecen nuestro reconocimiento, eso no debe ser visto como complacencia. Todas las regiones analizadas tienen potencial para continuar mejorando en una amplia variedad de indicadores.

Y con la evolución del contexto global, las naciones en desarrollo se enfrentarán a cambios de tendencias que harán más difícil su avance a un nivel superior, y en cualquier caso diferente del camino seguido por las economías destacadas que los antecedieron. Aun así, observamos grandes oportunidades disponibles tanto a nivel de países individuales como de regiones. Las compañías deben aprovechar estas oportunidades, del mismo modo que los responsables por el diseño de políticas públicas.

Por el bien de la economía global, y de los cientos de millones de personas que continúan viviendo en situación de pobreza y aspiran a una vida más próspera, es importante que lo logren.


Descargue “Outperformers: High-growth emerging economies and the companies that propel them”, el informe completo en que se basa este artículo (PDF–3,20MB).

Sobre el/los autor(es)

Jonathan Woetzel es Director de McKinsey Global Institute, del cual Anu Madgavkar es Socia, Jeongmin Seong es Senior Fellow, y James Manyika es Presidente y Director; Kevin Sneader es el Global Managing Partner de McKinsey, con base en la oficina de Hong Kong, Oliver Tonby es Socio Senior de la oficina de Singapur, Andrés Cadena es Socio Senior de la oficina de Bogotá, Rajat Gupta es Socio Senior de la oficina de Mumbai, Acha Leke es Socio Senior de la oficina de Johannesburgo, Hayoung Kim es consultora de la oficina de Nueva Jersey, y Shishir Gupta es Especialista del Centro de Investigación de McKinsey en Gurgaon.

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