Navegando en un mundo de disrupción

Las tendencias globales hacen que las diferencias entre triunfadores y perdedores sean cada vez más amplias.

Estamos en una era de disrupción, en la que poderosas fuerza globales están cambiando la forma en que vivimos y trabajamos. El crecimiento de China, India y otras economías emergentes, la rápida proliferación de tecnologías digitales, los crecientes desafíos de la globalización y, en algunos países, la ruptura con contratos sociales de larga data están causando agitación en los negocios, la economía y la sociedad. Éstas y otras tendencias globales plantean numerosas oportunidades para las empresas, los sectores, los países y las personas que las adopten exitosamente – pero las desventajas para quienes no lo logren también pueden ser desproporcionadamente grandes. Para los empresarios, políticos y el público en general, aprender a transitar estos tiempos tan complejos requerirá cierto grado de replanteamiento radical.

Este documento, elaborado para el Foro Económico Mundial de Davos de 2019, se basa en investigaciones recientes de McKinsey Global Institute (MGI), y aborda por un lado las nuevas oportunidades para crear valor, y por el otro los intensos desafíos competitivos y sociales que el mundo enfrentará en esta era de ebullición tecnológica:

  1. La disrupción se vuelve más intensa
  2. El abismo entre quienes se acomodan a los cambios y quienes no lo logran es cada vez mayor
  3. Avanzar hacia una sociedad más inclusiva

La disrupción se vuelve más intensa

Fuerzas poderosas están cambiando el mundo que conocemos. Su impacto alcanza a todos los países, sectores, compañías y, cada vez más, a los trabajadores y el medio ambiente. También se están transformando de maneras inesperadas y combinándose para producir un impacto aún mayor del esperado.

El centro de gravedad económico está girando hacia el este y el sur

Las economías emergentes, lideradas por China e India, han sido responsables por casi dos tercios del aumento del PIB global y más de la mitad de la expansión del consumo durante los últimos 15 años. Entre las economías emergentes, nuestra investigación ha identificado 18 con un desempeño destacado (los “outperformers”), que experimentaron un crecimiento significativo y sostenido en el largo plazo – y sacaron de la pobreza extrema a más de mil millones de personas desde 19901 . En siete de estas economías (China, Hong Kong, Indonesia, Malasia, Singapur, Corea del Sur y Tailandia), el PIB tuvo un crecimiento promedio de al menos el 3,5 por ciento anual en el último medo siglo. Otros 11 países (Azerbaiyán, Bielorrusia, Camboya, Etiopía, India, Kazakstán, Laos, Myanmar, Turkmenistán, Uzbekistán y Vietnam) experimentaron un crecimiento promedio aún más rápido (>5 por ciento anual), aunque durante un período más corto, de 20 años. Este desempeño superior es el resultado de agendas políticas pro-crecimiento basadas en la productividad, el ingreso y la demanda – con frecuencia ayudadas por una sólida dinámica competitiva. Ahora se vislumbra una nueva ola de “outperformers”, con países como Bangladesh, Bolivia, Filipinas, Ruanda y Sri Lanka adoptando agendas similares para acelerar el crecimiento.

El dinamismo de estas economías ha ido de la mano con el surgimiento de compañías muy competitivas en los mercados emergentes. En promedio, las economías más destacadas poseen el doble de empresas con facturación superior a los $500 millones que otros países en desarrollo. Estas compañías juegan un papel clave en el escenario global: pese a que solo representaron el 25 por ciento de la facturación y las ganancias del total de grandes empresas en 2016, al mismo tiempo contribuyeron cerca del 40 por ciento del crecimiento experimentado en ambos rubros entre 2005 y 2016. Más de 120 de estas compañías se han sumado a la lista Fortune Global 500 desde 20002 , y según varias mediciones son más innovadoras, ágiles y competitivas que sus rivales occidentales. Y también están en condiciones de ofrecer mejores retornos a sus inversores. Entre 2014 y 2016, el cuartil superior de outperformers generó un retorno total promedio de 23 por ciento, comparado con el 15 por ciento del mismo grupo de compañías en países con altos ingresos (Gráfico 1).

Los patrones de la globalización están cambiando, con un rápido crecimiento de los flujos de datos

Gran parte de la atención reciente en la globalización se ha enfocado en las trabas al comercio, el aumento de las medidas proteccionistas y la creciente hostilidad social. Como fenómeno, sin embargo, la globalización no está en retroceso; más bien, diríamos que ha cambiado de velocidad para poner más énfasis en los datos y en los flujos “sur-sur” entre países en desarrollo. Si bien es cierto que el intercambio de bienes y financiero entre naciones ha perdido cierto momentum, los flujos de datos están ayudando a estimular el PIB global. El ancho de banda de datos internacional se multiplicó por 148 entre 2005 y 2017, para llegar a más de 700 terabytes por segundo – un volumen de datos en un segundo superior al contenido total de la Biblioteca del Congreso de EEUU –, y se proyecta que esa cifra se multiplicará por nueve en los próximos cinco años con el aumento de los flujos digitales comerciales, de información, búsquedas, video, comunicaciones y tráfico interno de las empresas.

El mundo en vías de desarrollo está impulsando la conectividad global. Por primera vez en la historia, las economías emergentes participan en más de la mitad de los flujos comerciales internacionales, y el comercio sur-sur es el tipo de conexión de mayor crecimiento. El intercambio sur-sur y China-sur saltó del 8 por ciento del total global en 1995 al 20 por ciento en 2016.

En medio de estos cambios, nuestra investigación más reciente sugiere que la relación de China con el resto del mundo podría estar en un punto de inflexión. Para 2017, China era responsable por el 15 por ciento del PIB global. Por primera vez desde 1870, superó a Estados Unidos para convertirse en la economía líder mundial en términos de paridad de poder de compra. (En cifras nominales, el PIB de China equivalió al 64 por ciento del de EEUU en 2017, lo que la posiciona en el segundo puesto.) A lo largo de la década pasada, si bien su economía creció, la exposición de China al mundo, medida según la magnitud de los flujos comerciales, tecnológicos y de capital con el resto de los mercados comparados con el volumen de su economía, experimentó una declinación. Al mismo tiempo, la exposición mundial a China (es decir, la magnitud de los intercambios con China con relación a la economía global) ha crecido desde 2000. Las métricas utilizadas para medir la exposición incluyen la importancia de China como mercado y como proveedor de bienes y servicios a la economía global, la relevancia de las exportaciones de tecnología chinas para el gasto global en I&D y viceversa y, en cuanto al capital, la importancia de China como proveedor de financiamiento y destino de inversiones (Gráfico 2).

Las cadenas de valor globales también están evolucionando, en parte por la influencia de la tecnología, incluida la automatización, capaz de amplificar el giro hacia una producción más localizada de bienes, próxima a los mercados de consumo. Y también están cambiando junto con la demanda global, dado que China y otras naciones en desarrollo están consumiendo una mayor porción de lo que producen y por ende exportando una proporción menor. A medida que las economías emergentes desarrollen cadenas de abastecimiento internas más completas, comenzarán a reducir su dependencia de las importaciones de bienes intermedios.

El resultado es que las cadenas productoras de bienes han visto reducida su intensidad comercial, más allá del crecimiento vigoroso de las exportaciones de servicios – y de la generación por éstas de más valor económico que el capturado por las estadísticas, según nuestro análisis. El comercio fundamentado en el arbitraje de costos laborales está en declive, y en la actualidad representa apenas el 20 por ciento del volumen de intercambio de bienes global. Las cadenas de valor globales están volviéndose más intensivas en conocimientos y dependientes de la mano de obra especializada. Por último, las cadenas productoras de bienes (especialmente en rubros como automóviles o computadoras y electrónica) se están concentrando regionalmente, debido a la tendencia entre las compañías a establecer centros de producción más próximos a las fuentes de demanda.

El ritmo de los cambios tecnológicos se está acelerando

Las empresas han venido utilizando advanced analytics y la Internet de las cosas (IoT) para transformar sus operaciones, y las que están a la vanguardia capturan la mayor tajada de los beneficios: los líderes digitales en sus respectivos sectores crecen más rápidamente en términos de ingresos y productividad que sus pares menos digitalizados. Estas compañías logran mejorar sus márgenes de ganancias tres veces más rápido que el promedio, y suelen ser los innovadores más rápidos y los “disruptores” de sus sectores. Sin embargo, las fuerzas digitales aún deben recorrer un largo camino para alcanzar la masividad: en promedio, las industrias tienen un nivel de digitalización inferior al 40 por ciento.

Ahora se aproxima la siguiente era de innovación, consistente en automatización avanzada e inteligencia artificial (IA). Una explosión de las capacidades algorítmicas, el poder de cómputo y los datos posibilitan que las máquinas desarrollen competencias superiores a las humanas y el surgimiento de una nueva generación de innovación en todos los sistemas, como por ejemplo los vehículos sin conductor. Las máquinas ya superan las posibilidades de los seres humanos en áreas como reconocimiento de imágenes y detección de objetos, y estas habilidades pueden utilizarse para diagnosticar el cáncer de piel o incluso leer los labios con mayor precisión que un experto.

Pese a que las tecnologías mencionadas aún tienen limitaciones, las grandes mejoras de productividad logradas en una gran cantidad de sectores ya son visibles, con casos de uso de IA en funciones como ventas y marketing (por ejemplo, personalización del “siguiente producto a comprar”), cadena de abastecimiento y logística o mantenimiento preventivo. Nuestro análisis de más de 400 casos de uso detectó que la IA puede mejorar las técnicas analíticas tradicionales en el 69 por ciento de los casos de uso potenciales. El aprendizaje profundo podría representar un valor total de entre $3,5 y $5,8 billones anuales, o el equivalente al 40 por ciento del valor creado por todas las técnicas analíticas (Gráfico 3). Para la economía global, la adopción de IA también puede ser provechosa, y elevar el PIB global en hasta $13 billones para 2030, o un crecimiento extra del 1,2 por ciento anual, según una simulación realizada por McKinsey.

La IA también puede contribuir al tratamiento de grandes problemas sociales, desde la atención de la salud hasta el cambio climático o las crisis humanitarias; un compendio de casos de uso que elaboramos la asocia en mayor o menor medida a los 17 objetivos de desarrollo sustentable definidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pero la inteligencia artificial no es una solución milagrosa. Restan superar grandes cuellos de botella, en particular relacionados con el acceso a la información y el talento, además de los riesgos que plantea la IA y que tendrán que ser mitigados.

Con el envejecimiento de la población, las regiones desarrolladas deberán enfocar su atención en la caída de la productividad y los crecientes flujos migratorios

La mejora de la productividad laboral ha alcanzado su piso histórico en Estados Unidos y gran parte de Europa Occidental, pese a la recuperación del empleo con posterioridad a la crisis financiera global. El aumento de la productividad promedió apenas 0,5 por ciento anual entre 2010 y 2014, frente al 2,4 por ciento de la década anterior. Esta debilidad se suma al hecho de que las tasas de natalidad en países desde Alemania, Japón y Corea del Sur hasta China y Rusia son bastante más bajas que las tasas de sustitución laboral, y el crecimiento de la población en edad laboral se ha estancado o se ha vuelto negativo. Estas tendencias demográficas asignan mayor responsabilidad a la mejora de la productividad como motor del aumento del PIB: durante los últimos 50 años, poco menos de la mitad del crecimiento del PIB en los países del G-20 ha provenido de la expansión de la fuerza laboral, y el resto de mejoras de productividad.

La digitalización plantea grandes oportunidades de incremento de la productividad en el futuro, pero los beneficios aún no se han materializado a escala debido entre otras cosas a barreras para la adopción y efectos de retardo, además de los costos de transición. Nuestra investigación indica que la productividad podría crecer al menos el dos por ciento anual en los próximos 10 años, con un 60 por ciento de ese aumento proveniente de oportunidades digitales.

Los pensionados y los mayores de 60 años son actores cada vez más importantes para el consumo, especialmente en los países desarrollados. La cantidad de personas pertenecientes a este grupo crecerá en más de un tercio, de 164 millones en la actualidad a 222 millones en 2030. Estimamos que serán responsables por el 51 por ciento del aumento del consumo urbano en los países avanzados, o un valor de $4,4 billones, en el período que va hasta 2030. Esto equivale al 19 por ciento del aumento del consumo global. El consumo urbano de los mayores de 75 años también crecería a una tasa compuesta del 4,5 anual entre 2015 y 2030. Además de ascender en número, los individuos de este grupo están consumiendo más, en promedio, que sus pares más jóvenes, debido a la expansión del gasto en atención de la salud público y privado.

Debido a la baja fertilidad del mundo desarrollado, la migración se ha convertido en el principal impulsor del crecimiento de la población mundial y de la mano de obra disponible en las regiones desarrolladas clave. Desde 2000, el aumento del número total de migrantes en países desarrollados promedió el 3 por ciento anual, muy por delante del 0,6 por ciento anual de crecimiento natural de la población en esas naciones. Además de contribuir al aumento de la producción actual, los inmigrantes proveen un estímulo demográfico necesario a la fuerza laboral presente y futura en sus países de destino. Mejorar la tasa de dependencia de las personas mayores es un asunto de especial importancia en países como Canadá, Alemania, España y el Reino Unido, donde valores cada vez más altos amenazan la viabilidad de los planes de pensiones con contribuciones discrecionales (“pay-as-you-go”).

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El abismo entre quienes se acomodan a los cambios y quienes no lo logran es cada vez mayor

La disparidad es cada vez más pronunciada entre países, sectores, compañías e individuos, lo que contribuye al descontento político y social general, con resultados impredecibles que se suman a la disrupción.

Efectos ‘superestrella’: Beneficios desproporcionados para los jugadores más exitosos y consecuentes grandes pérdidas para quienes no logran seguir el tren

Hemos analizado a casi 6.000 de las mayores compañías de capital abierto y cerrado de todo el mundo con facturación anual de al menos $1.000 millones; en conjunto, componen el 65 por ciento de las ganancias globales antes de impuestos. Las “superestrellas” representan el 10 por ciento del total de compañías, y capturan el 80 por ciento de los beneficios económicos. Estas organizaciones pertenecen a todos los sectores de la economía global, y su diversidad ha aumentado en los últimos 20 años. Entre ellas se encuentran empresas tecnológicas de EEUU y China que no existían 20 años atrás, como Alibaba, Alphabet, Facebook o Tencent, así como macas globales que llevan décadas en el mercado (como Coca-Cola y Nestlé), además de bancos chinos, compañías de bienes de lujo francesas o automotrices alemanas. Las empresas estadounidenses representan todavía la mayor proporción de los líderes, con el 38 por ciento, si bien han perdido cierta presencia en comparación con el 45 por ciento de la década de 1990. Las compañías de China, India, Japón y Corea del Sur son las que más han avanzado, y pasaron de constituir el 7 por ciento del total al 22 por ciento en la actualidad.

Estas compañías del decil superior se quedan con 1,6 veces más valor económico hoy día que hace 20 años, gracias a facturación y márgenes de ganancia más altos que entonces. Por el contrario, el decil inferior destruye más valor que el creado por los líderes (Gráfico 4). Las pérdidas económicas de las compañías de este grupo son 1,5 veces más grandes que hace 20 años.

La desviación es aún mayor si analizamos solo al uno por ciento más alto. Las 58 empresas que generan más valor económico en todo el mundo representan el 6 por ciento de los beneficios totales. Tienen 20 veces más ventas, 4 veces más ganancias e invierten 5 veces más en investigación y desarrollo que las compañías de nivel medio con facturación anual mayor que $1.000 millones.

Las superestrellas no son “incumbentes” afianzados: Desde comienzos de los ‘90, casi la mitad del grupo de superestrellas en el decil superior es reemplazado de un ciclo al otro. La caída puede ser estrepitosa: aproximadamente dos de cada cinco de los ex-triunfadores pasaron del primer decil al último. Esto suele suceder porque el volumen de capital invertido amplifica cualquier disminución de los retornos comparados con el costo del capital. En el otro extremo, cerca del 20 por ciento de las empresas en la mitad inferior logró avanzar al 50 por ciento superior en cada uno de los dos últimos ciclos.3

La adopción de tecnología no es uniforme entre sectores, empresas y países

La digitalización ha ensanchado la brecha entre los adoptantes iniciales y el resto en todos los sectores y compañías. El comercio minorista es un caso testigo, con un grupo de empresas fuertemente digitalizadas en un contexto general de fragmentación y baja adopción de nuevas tecnologías. En la mayoría de los países, unas pocas industrias están relativamente más digitalizadas, como servicios financieros, medios y el propio sector de tecnología.

Con el advenimiento de la IA, hemos observado que industrias bien posicionadas en el Índice de Digitalización Industrial de MGI también están entre las primeras en adoptar IA y cuentan con los planes de inversión en el área más ambiciosos. A medida que estas compañías aumenten su adopción de IA y adquieran más capacidades de IA y datos, será más difícil para los rezagados alcanzarlas. En nuestras encuestas de compañías, cerca de la mitad de los participantes afirman haber incorporado al menos una funcionalidad de IA a sus prácticas estándar, y otro 30 por ciento están llevando a cabo pilotos de IA. Por ahora, sin embargo, solo el 20 por ciento de las compañías manifiestan haber integrado IA a múltiples sectores de sus negocios. El gasto en IA continúa representando una pequeña fracción del gasto digital total, y muchas organizaciones aún carecen de las prácticas fundamentales para crear valor a partir de IA a escala.

Actualmente, China y Estados Unidos son responsables por la mayor parte de las actividades de investigación y las inversiones en IA. Un segundo grupo de países que incluye a Canadá, Alemania, Japón y el Reino Unido tiene un largo historial de innovación a escala y podría contribuir a acelerar la comercialización de las soluciones de IA. Otras economías más pequeñas pero conectadas, como Bélgica, Singapur, Corea del Sur y Suecia, también se destacan por su capacidad para promover entornos productivos favorables para nuevos modelos de negocios. Los países de un tercer grupo, entre ellos Brasil, India, Italia y Malasia, se encuentran en una posición de partida algo más débil, si bien exhiben fortalezas comparativas en áreas específicas que podrían desarrollar en mayor medida. India, por ejemplo, produce alrededor de 1,7 millones de graduados anuales en ciencias, tecnología, ingeniería y matemática, disciplinas conjuntamente conocidas como “STEM”, una cantidad superior al total de graduados en esas áreas de los países del G-7 sumados. Otras naciones con infraestructura digital relativamente sub-desarrollada, baja capacidad de innovación y de inversión, y competencias digitales limitadas corren el riesgo de quedar muy por detrás de sus pares.

La automatización y la adopción de IA provocarán cambios en el mundo laboral y en las competencias buscadas

Hemos desarrollado escenarios para estimar el impacto de la automatización sobre la base del ritmo y la extensión de la innovación. Bajo un escenario promedio, alrededor del 15 por ciento de la fuerza de trabajo mundial, o 400 millones de trabajadores, podrían ser desplazados por la automatización en el período que va de 2016 a 2030. Al mismo tiempo, las mejoras de productividad, la innovación y otros catalizadores de demanda laboral, como ingresos más altos en economías emergentes o mayores inversiones en infraestructura, inmuebles, energía y tecnología, podrían impulsar la creación de entre 550 y 890 millones de nuevos puestos de trabajo.

Esto sugiere que el aumento de la demanda de mano de obra, dejando de lado los escenarios extremos, compensaría con creces la pérdida de puestos provocada por la automatización. Igual de importantes son los empleos que cambiarán con el avance de las máquinas para complementar la fuerza de trabajo humana. Nuestra investigación determinó que alrededor del 30 por ciento de las actividades en el 60 por ciento de las ocupaciones podrían ser automatizadas adaptando tecnologías ya probadas, aunque en solo el cinco por ciento de los casos sería posible automatizar todas o casi todas las tareas que componen una ocupación. En otras palabras, la mayoría de los trabajos a automatizar lo serán solo en parte.

Hemos identificado asimismo cuatro transiciones clave para la automatización y la adopción de IA. Primero, millones de trabajadores se verán forzados a cambiar de ocupación. Algunos de estos cambios ocurrirán dentro de las mismas compañías, pero una gran cantidad se dará entre sectores e incluso entre geografías. Si bien las ocupaciones que requieren actividad física en entornos altamente estructurados o procesamiento de datos sufrirán un retroceso, otras más difíciles de automatizar crecerán.

En segundo lugar, los trabajadores necesitarán otras capacidades para destacarse en el mercado laboral del futuro. La demanda de habilidades sociales y emocionales, como facilidad de comunicación y empatía, crecerán casi el doble que la demanda de muchas competencias tecnológicas avanzadas. Las habilidades digitales básicas son más demandadas que hace algunos años en todos los empleos. La automatización también estimulará un aumento en la necesidad de mayores habilidades cognitivas, en especial pensamiento crítico, creatividad y procesamiento de información compleja. La demanda de habilidades físicas y manuales retrocederá, aunque continuarán siendo la mayor categoría individual de competencias laborales en 2030 en numerosos países (Gráfico 5).

Tercero, los ámbitos de trabajo y los flujos de tareas cambiarán con la mayor incorporación de máquinas. Esto constituirá un desafío para los trabajadores, que deberán ser capacitados para interactuar con las máquinas, y para las compañías, que deberán mejorar su capacidad de adaptación.

Por último, la automatización probablemente ejercerá presión sobre el salario promedio en las economías avanzadas. Muchos puestos de trabajo de salarios medios en economías desarrolladas están dominados por actividades con alto potencial de automatización en áreas como manufactura y contabilidad, que probablemente experimenten una declinación. Los empleos con salarios altos, como profesionales altamente capacitados en medicina, tecnología u otras especialidades, crecerán notoriamente. Sin embargo, muchos de los empleos a crear, como docentes o asistentes de enfermería, suelen tener estructuras salariales más bajas. La presión probablemente será menor en las economías emergentes, donde los salarios relativamente bajos de muchos de los trabajadores tornan menos atractiva la justificación de las inversiones en tecnología.

Las sociedades desiguales se están polarizando, y hay una percepción de ruptura del contrato social

Pese al crecimiento de los salarios y de la riqueza a nivel general, la variabilidad y la desigualdad también han aumentado, y en algunas economías avanzadas una parte de la población tiene la percepción de que se ha roto el contrato social. Esto ayudó a alimentar tensiones políticas y sociales, que se han manifestado de múltiples maneras, incluido el surgimiento de partidos políticos anti-establishment que prometen romper el molde en varios países, el voto de Gran Bretaña en 2016 para abandonar la UE y las recientes protestas de los “chalecos amarillos” en Francia. Según nuestra investigación, entre 2005 y 2014 los ingresos reales cayeron o no crecieron en entre el 65 y el 70 por ciento de los hogares en las economías avanzadas. Si bien esto se debió en parte a las secuelas de la crisis financiera de 2008, otros factores – como la caída histórica de la incidencia de la mano de obra en el PIB y los cambios demográficos, evidenciados por una reducción del tamaño de los hogares en muchos países – son estructurales y no desaparecerán en el corto plazo.

Si estiramos el período de análisis hasta 2017, notamos un aumento en el ingreso real per cápita, aunque escasos cambios en la desigualdad del ingreso promedio. En el mercado de capitales se observa un crecimiento de la riqueza real por adulto y menor pobreza entre los adultos mayores, pero al mismo tiempo mayor desigualdad económica, un aumento en la cantidad de hogares endeudados y tasas de sustitución netas más bajas para pensionados.

La tensión por el medio ambiente está en aumento, con implicancias para las naciones, industrias y personas más vulnerables

Los mayores niveles de actividad económica a escala global están causando impacto, positivo y negativo, en el medio ambiente. Los crecientes niveles de emisiones de carbono provocados por la producción de energía están asociados a un mayor riesgo para los ambientes en peligro y a niveles más altos de stress ambiental. Al mismo tiempo, los adelantos en IA, baterías y fuentes renovables señalan la dirección hacia una senda de crecimiento más limpia.

Los flujos migratorios asociados a cuestiones ambientales están en auge. La cantidad de refugiados y pedidos de asilo creció en 2,5 millones entre 2005 y 2010, y luego pegó un salto de 8,1 millones de 2010 a 2015. En el futuro, el cambio climático y otras tensiones ambientales podrían impulsar a más personas a abandonar sus hogares.

Los mayores requerimientos de sostenibilidad de la industria están forzando a muchas empresas a repensar el diseño y la provisión de productos, servicios y proyectos para poner más énfasis en reducir el desperdicio y mitigar las emisiones de carbono. Para 2030, por ejemplo, la proporción de automóviles eléctricos podría llegar a hasta el 50 por ciento de las ventas de nuevos vehículos en algunas geografías, con tasas de adopción más altas en ciudades más densas y desarrolladas con regulaciones estrictas sobre emisiones e incentivos para los consumidores.

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Avanzar hacia una sociedad más inclusiva

Retomar el crecimiento inclusivo para que más personas puedan beneficiarse con el crecimiento económico futuro será un imperativo. Para estimular el debate, tratamos de determinar cómo se vería una sociedad más sostenible.

Adoptar una mentalidad pro-crecimiento y una agenda para el sector público que conduzca a un aumento rápido y sostenido del PIB per cápita

Todas las economías, avanzadas o en desarrollo, están en condiciones de aprender de las agendas pro-crecimiento que los sectores público y privado han implementado en las economías emergentes más destacadas. Éstas incluyen medidas para estimular la acumulación de capital a través de políticas industriales y de ahorro, mejores conexiones con la economía global, incentivos para mejorar la competitividad y promoción de la idoneidad, agilidad y apertura a la experimentación regulatoria en los propios gobiernos.

Capturar el impacto positivo neto de la IA y la automatización

El mayor impacto económico de la IA provendrá probablemente de sus efectos en el mercado de trabajo, como sustitución laboral, trabajo temporario y mejoras de la productividad. La IA también traerá consigo externalidades positivas, que harán posible un comercio internacional más eficiente y el uso extendido de flujos de datos valiosos de un país a otro. La aplicación inclusiva de la tecnología puede contribuir a elevar el PIB y generar beneficios concretos en áreas tradicionales, como agricultura, atención de la salud y transporte.

Administrar las implicancias para el mercado laboral de la adopción de nuevas tecnologías, por ejemplo mediante la reconversión y re-capacitación de personal a gran escala

Los trabajadores deberán adquirir nuevas habilidades y volverse más adaptables con el avance de las máquinas en el trabajo. Algunas compañías, como Walmart, SAP, AT&T4 y otras de mercados emergentes, como Tata, Infosys y Tech Mahindra, están implementando amplias iniciativas de re-capacitación, aunque se necesita un mayor compromiso de la sociedad para relanzar la educación y volverla relevante para el mercado laboral del mañana, así como para proveer a los trabajadores actuales de nuevas competencias. Se requiere mayor énfasis en creatividad, pensamiento crítico y sistémico, y aprendizaje adaptativo.

Abordar las dudas que plantean la IA y la automatización

Junto con el ensanchamiento de las brechas económicas que podría surgir como consecuencia no intencionada del despliegue de IA, empresarios y gobiernos tendrán que abordar otras inquietudes, como el uso indebido de la IA y la protección de la información.

Allanar el camino para la expansión del trabajo independiente

Entre el 20 y el 30 por ciento de la población en edad laboral de la Unión Europea y de Estados Unidos trabaja en forma independiente. Mientras que solo el 15 por ciento del trabajo independiente es llevado a cabo en plataformas digitales en la actualidad, esa proporción está creciendo a ritmo acelerado debido a que las personas utilizan estas plataformas para aprender, buscar empleo, mostrar su talento y construir redes personales. Políticos y empresarios deben esforzarse más por facilitar nuevas oportunidades de empleo y acelerar el cambio de la ortodoxia laboral.

Mejorar la paridad de género para estimular el crecimiento de las economías

Nuestras investigaciones sobre igualdad de género arribaron a la conclusión de que un escenario de “pleno potencial”, en el que las mujeres participen en la economía en la misma medida que los hombres, supondría una mejora anual de $28 billones o 26 por ciento del PIB global para 2025 en comparación con el escenario actual. Este impacto equivale a grandes rasgos al tamaño de las economías de China y Estados Unidos combinadas. Un escenario alternativo de “mejor de la región”, en el que todos los países igualan la tasa de mejora del líder regional, representaría una adición de hasta $12 billones hacia 2025, equivalentes a la suma del PIB actual de Alemania, Japón y el Reino Unido (Gráfico 6).

Los restantes desafíos incluyen una participación muy baja en empleos de alta calidad, escasa representación en el pipeline ejecutivo, fuerte exclusión financiera y digital, viejas posturas acerca del rol de la mujer en la sociedad, y problemas de violencia contra mujeres y niñas.

Integrar eficazmente a los migrantes para lograr un impacto positivo en la productividad global y reducir las brechas económicas y sociales

Los trabajadores que avanzaron a entornos de mayor productividad contribuyeron alrededor de $6,7 billones o el 9,4 por ciento al PIB global en 2015 – cerca de $3 billones más que lo que habrían producido en sus naciones de origen. América del Norte capturó hasta $2,5 de esa suma, en tanto que otros $2,3 billones tuvieron como destino Europa Occidental. Achicar la brecha salarial entre los trabajadores migrantes y los nativos del 20-30 por ciento al 5-10 por ciento mediante una mejor integración económica, social y cívica se traduciría en $800 mil millones a $1 billón en producto al año.


Cada una de las fuerzas disruptivas descriptas constituiría un desafío por sí sola; en conjunto, pueden parecer abrumadoras. Pero las oportunidades para la economía, las empresas y la sociedad que generan estas fuerzas globales son igualmente atractivas y ya están causando prosperidad entre los más rápidos en aprovecharlas. Adoptar las nuevas tendencias y al mismo tiempo mitigar sus efectos negativos sobre los que no son capaces de seguirlas y sobre el medio ambiente constituye el nuevo imperativo de nuestra era.

Sobre los autores

Jacques Bughin y Jonathan Woetzel son directores de McKinsey Global Institute y Socios Senior de la Firma basados en las oficinas de Bruselas y Shanghái, respectivamente.

Los autores desean agradecer a Michael Chui, Susan Lund, Anu Madgavkar, Sree Ramaswamy y Jaana Remes por sus contribuciones a este artículo.

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