The McKinsey Podcast

Una nueva forma de pensar sobre la salud metabólica

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En este episodio de The McKinsey Podcast, Lars Hartenstein, socio del McKinsey Health Institute, y Roberta Fusaro, directora editorial de McKinsey, analizan los hallazgos de la reciente investigación de McKinsey sobre la obesidad y la salud metabólica, específicamente las posibles intervenciones para desencadenar una revolución en esta materia, el impacto económico de mejorar los resultados y las tecnologías que están surgiendo como el tejido conectivo entre la prevención y el tratamiento.

The McKinsey Podcast es copresentado por Lucia Rahilly y Roberta Fusaro.

La siguiente transcripción ha sido editada por motivos de claridad y extensión.

Cambiar la conversación

Roberta Fusaro: ¿Qué hace que la salud metabólica y la obesidad sean hoy un problema mundial tan apremiante?

Lars Hartenstein: En este momento, aproximadamente mil millones de adultos viven con obesidad en todo el mundo, y eso se debe a numerosos efectos en la salud que generan muchas enfermedades a largo plazo. Por lo tanto, la obesidad es un gran foco para todos los que están interesados en la salud global. Lo que ha cambiado es que contamos con nuevas clases de fármacos. Durante muchos años, hemos tratado la obesidad como una condición intratable. Y ahora resulta que es una enfermedad tratable. Esto cambia la conversación y nos permite ampliarla, porque la salud metabólica es una noción mucho más vasta que solo la obesidad. En general, lo veo como una enorme oportunidad económica y de salud. Va a provocar disrupción y crear oportunidades en diferentes industrias.

Roberta Fusaro: ¿Qué industrias se verán afectadas?

Lars Hartenstein: Podemos empezar con un consumidor individual que quizás esté muy interesado en su salud metabólica. Monitorea continuamente sus niveles de glucosa, por lo que podría escanear códigos de barras y demás para obtener información sobre productos en el supermercado.

La industria alimentaria está involucrada, así como la industria del bienestar en general, para acompañar a las personas en su recorrido hacia la salud metabólica. Y luego están las industrias médicas tradicionales en torno a los productos farmacéuticos, la atención sanitaria y los dispositivos de tecnología médica.

Lo veo como una enorme oportunidad económica y de salud. Va a provocar disrupción y crear oportunidades en diferentes industrias.

Prevención y tratamiento

Roberta Fusaro: Entonces, el impacto es generalizado. El informe sostiene que nos enfrentamos a una elección entre dos caminos diferentes: el camino uno centrado en el tratamiento frente al camino dos centrado en la prevención. ¿Podría explicar la diferencia entre ambos?

Lars Hartenstein: En el camino uno, seguimos la senda de la innovación. Existen estas nuevas clases de fármacos que están aportando valor en salud y valor económico en el sentido de que nos permiten tratar la obesidad de una manera diferente.

El foco de este camino está en quienes ya viven con obesidad o en quienes tienen sobrepeso y enfrentan riesgos significativos.

El camino dos es mucho más ambicioso en su conjunto. Se trata de una gran escalada hacia la revolución de la salud metabólica. El nivel de ambición es ofrecer salud metabólica para todos. Eso significa que no podemos basarnos solo en la innovación que ya tenemos. Necesitamos movilizar inversiones y liderazgo en toda la sociedad, en diferentes industrias, en el gobierno, la educación y la sociedad civil, para cambiar el entorno en el que vivimos y permitirnos ser metabólicamente más saludables.

En nuestro análisis, en el camino dos hemos visto que los beneficios para la salud pueden ser entre tres y cuatro veces mayores que si solo nos centráramos en tratar la obesidad.

Cinco vías hacia la transformación

Roberta Fusaro: Suena increíblemente transformador. Pero sabemos que eso no ocurrirá automáticamente de la nada. En el informe, usted habla de cinco grandes cambios necesarios para hacer realidad el camino dos. Las cinco palancas: avanzar en la ciencia, mejorar la transparencia, usar la tecnología para la personalización, alinear los incentivos económicos e impulsar el cambio social. Cuéntenos un poco más sobre estos cinco cambios.

Lars Hartenstein: Primero, los avances en la ciencia. No tenemos una definición clara de lo que es la salud metabólica desde una perspectiva médica y científica. No existe alineación. Por lo tanto, necesitamos poder definir con claridad qué significa la salud metabólica para todos, no solo para una persona que ya no se encuentra bien. Necesitamos definirla en un espectro que vaya desde un estado metabólicamente no saludable hasta una salud metabólica óptima, incluyendo todos los diferentes elementos dentro de ese espectro. Estos pueden incluir la glucosa en sangre, la presión arterial, los lípidos en sangre, la función de órganos como los riñones, el hígado, etcétera.

Otro cambio que necesitamos es una mayor transparencia a nivel individual. La mayoría de las personas no sabe cómo está su salud metabólica. Puede que se enteren en algún momento cuando empiezan a tener problemas, pero no contamos individualmente con transparencia sobre nuestra salud metabólica. Conocemos algunos aspectos sobre nuestro colesterol, pero ¿cuándo empezamos a evaluarlo? Depende del país y del entorno; quizá a los 50 años. Pero también es útil hablar de la salud metabólica de un niño, no solo de si tiene obesidad o no, sino de cuán metabólicamente saludable está. ¿Está desarrollando resistencia a la insulina desde etapas tempranas de su vida?

Por lo tanto, la transparencia es una noción que se aplica a todos, también a los llamados individuos sanos, lo que puede resultar complejo.

El tercero es la tecnología y la innovación, porque ¿cómo llevamos esto a las personas? Necesitamos soluciones que funcionen para ellas. Necesitamos cambiar la manera en que hablamos de nuestra salud metabólica. Esto requiere innovación tecnológica orientada al consumidor que permita a las personas involucrarse e identificar formas de optimizar y mejorar su salud metabólica, ya sea mediante la actividad física, la alimentación, el sueño u otros medios.

El cuarto, y quizás el más complejo: necesitamos cambiar algunos aspectos de nuestra configuración económica para que existan mejores incentivos para tomar mejores decisiones en la vida, ya sea en cómo nos movemos o cómo comemos. Estas opciones pueden hacerse asequibles, accesibles y atractivas. Todos estamos expuestos a muchas opciones atractivas que no necesariamente son buenas para nuestra salud. Es una realidad que afecta a todos.

Y el último cambio es transformar comunidades y sociedades a través de la educación y la participación. Mucho de esto ya está empezando a suceder.

Necesitamos poder definir con claridad qué significa la salud metabólica para todos, no solo para una persona que ya no se encuentra bien.

Roberta Fusaro: ¿Cómo empezamos a lograr todos estos objetivos? ¿Quién necesita involucrarse?

Lars Hartenstein: La respuesta es que todos necesitan involucrarse. Debe ser una prioridad social y el sector privado, en diferentes industrias, tiene un papel que desempeñar, pero sin duda también el gobierno y la sociedad civil. Y, francamente, todos nosotros como individuos.

Es una gran apuesta transformadora que atraviesa sectores y sociedades, y es necesario si queremos lograr una revolución en la salud metabólica. El argumento que planteamos en nuestro informe del McKinsey Health Institute es que vale la pena. El retorno de la inversión es enorme. Por lo tanto, merece atención.

Roberta Fusaro: Todos los cambios parecen estar entrelazados; ¿puede darnos un ejemplo de algo que esté funcionando en este momento?

Lars Hartenstein: Un ejemplo inesperado es una iniciativa gubernamental en Singapur para aumentar de manera significativa la actividad física de su población. Desde hace ya diez años, Singapur ha llevado a cabo con éxito un desafío de pasos, con cifras increíblemente altas de participación, para incrementar la actividad de una población cada vez más sedentaria. Esto contribuye a la salud metabólica y es un caso muy interesante.

Otro ejemplo sencillo es Yuka, una aplicación que escanea los códigos de barras de productos en supermercados. Puede verse exactamente qué tan saludables son los alimentos que estamos a punto de comprar. Esto influye en lo que se compra en el punto de venta.

Otro ejemplo singular es el de una compañía de reaseguros, Swiss Re. Esta empresa difunde y promueve el liderazgo intelectual sobre la salud metabólica y la resistencia a la insulina. Si bien no necesariamente se esperaría esto, han identificado que una mala salud metabólica es un riesgo potencial importante para su cartera. Están pensando qué pueden hacer, como reaseguradores de otras compañías como las de seguros de vida, frente a este riesgo. Es un tipo distinto de actor que da un paso adelante y actúa en el ámbito de la salud metabólica.

También es interesante el concepto de la alimentación como medicina. Está ocurriendo en Estados Unidos, donde en algunas situaciones se prescriben alimentos en lugar de, o además de, medicamentos. Esto establece nuevos tipos de incentivos entre quienes venden alimentos y las compañías de seguros. Es un ejemplo muy alentador.

Debe ser una prioridad social y el sector privado, en diferentes industrias, tiene un papel que desempeñar, pero sin duda también el gobierno y la sociedad civil.

Roberta Fusaro: Lars, pensando en esos cinco cambios, ¿deben ocurrir todos al mismo tiempo?

Lars Hartenstein: Creo que los cinco son necesarios. Pero no podemos correr antes de caminar. No es como accionar un interruptor. Es más bien como un largo viaje. Así es como debemos pensar en estos cambios. Hay cosas con las que podemos empezar y luego cosas con las que podemos continuar. Todas son necesarias, pero llevará tiempo y eso está bien.

Dado que le gustó Yuka, quiero enfatizar algo desde la perspectiva del consumidor, que tiene que ver con esta retroalimentación biológica continua. Existe evidencia emergente de que, si se sabe qué tan bien está funcionando el cuerpo frente a algo en particular, eso tiene implicaciones, al menos para un número de personas, sobre cómo continúan con el monitoreo de glucosa. Medir cuánta glucosa se tiene en la sangre era originalmente algo para pacientes diabéticos, o al menos para quienes ya tienen condiciones de salud metabólica. Pero cada vez se utiliza más también por “individuos sanos”, como una propuesta de valor para el consumidor, para monitorear cómo están y aprender sobre el metabolismo individual. Esto puede cambiar el comportamiento.

Lo que sabemos sobre los medicamentos GLP-1

Roberta Fusaro: Uno de los cambios que está acaparando titulares es el auge de los medicamentos GLP-1. Estos medicamentos se consideran un gran avance. ¿Podría hablar un poco sobre lo que eso significa y cuál es su promesa?

Lars Hartenstein: Estos medicamentos son transformadores. Todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre ellos, pero sabemos que son transformadores porque permiten a quienes lo usan perder más del 10 por ciento de su peso corporal; e incluso el 20 por ciento en algunos casos.

Dado lo importante que es el sobrepeso como factor de riesgo para tantas enfermedades, esta es una noticia extraordinaria. Los GLP-1 nos han permitido alejarnos de conversaciones improductivas sobre que cada persona es responsable de su peso. Culpamos a quienes tienen sobrepeso. Pero ahora contamos con herramientas que facilitan cambios de una manera diferente. Ahora reconocemos la obesidad como una condición o enfermedad. Esto nos permite debatir lo que los expertos han sabido durante mucho tiempo. ¿Cuáles son las causas reales de la obesidad y qué podemos hacer al respecto? Estos fármacos ayudan a abrir esta conversación sobre la salud metabólica.

Dicho esto, aún hay muchas cosas que no sabemos sobre esta clase de fármacos. Sabemos que, por el momento, los GLP-1 están en camino de convertirse probablemente en la mayor clase de fármacos que hayamos visto.

Por supuesto, las predicciones varían. No conocemos plenamente su eficacia a largo plazo. No conocemos su perfil de seguridad a largo plazo en personas sanas. Estos fármacos se han utilizado durante muchos años en pacientes diabéticos, pero no en individuos sanos.

Por lo tanto, no sabemos qué problemas importantes debemos vigilar. Hay algunos, pero por ahora no hemos detectado grandes preocupaciones que cambien el panorama que acabo de describir. Como aspecto positivo, estos fármacos pueden dar una mayor sensación de saciedad y ralentizar el procesamiento de los alimentos a través del cerebro. Esto puede tener implicaciones positivas en otros ámbitos. También se están estudiando en relación con el consumo de alcohol, por lo que aún podemos aprender mucho sobre esta clase de fármacos. Sin duda, es algo a lo que hay que prestar atención.

Educarse sobre la salud metabólica

Roberta Fusaro: Pero los GLP-1 son solo una pieza de un rompecabezas más grande. También mencionó la importancia de la transparencia en el seguimiento. Me refiero a las políticas públicas, la educación y la participación comunitaria; ese último cambio del que habló antes. ¿Qué papel desempeñan para que la prevención sea la opción más fácil entre las dos que hemos planteado en el informe?

Lars Hartenstein: Le daré un ejemplo sencillo. Recuerdo exactamente una clase de mi época escolar en la que nos educaron sobre nuestra salud metabólica de una manera significativa y práctica. Aún recuerdo que nuestro profesor de biología nos dio una lista de alimentos y nos pidió que subrayáramos los alimentos saludables y no saludables con distintos colores. Esa fue la única clase, así que creo que existe una enorme oportunidad de hacer más e integrar la salud metabólica en la educación. Eso, por supuesto, incluye el tipo de comidas que se ofrecen en las escuelas.

Los empleadores también tienen un papel importante que desempeñar porque muchas personas comen una vez al día en su lugar de trabajo. Cuánto se mueve una persona está muy influido por su empleador y por sus condiciones laborales. Los empleadores tienen la oportunidad de mejorar o influir en las condiciones de trabajo; por lo tanto, cada empresa ofrece un ecosistema que puede ser más o menos favorable para la salud metabólica en diferentes industrias.

Roberta Fusaro: Son todas esas pequeñas cosas en las que la gente no piensa. Si pudiera hablar directamente con líderes empresariales e individuos, ¿cuál sería la única acción que los animaría a tomar a partir de mañana?

Lars Hartenstein: Creo que hay dos ángulos. Para los individuos, existe la obligación de educarse más. Es bueno comprender la salud metabólica y qué la impulsa, y luego tomar decisiones. Es importante que las personas intenten comprender mejor cómo funciona su cuerpo, se eduquen más y traten de distinguir las modas de la información real.

Para los líderes de organizaciones, hay muchísima oportunidad. Les diría que no tengan miedo de ser los primeros, porque existe un impulso generado por enormes inversiones que están fluyendo hacia el ámbito de la salud metabólica. Vale la pena asumir algunos riesgos calculados y reflexionar sobre su industria y lo que esto significa para ustedes. Identifiquen las oportunidades e intenten aprovecharlas, porque las tendencias subyacentes son muy fuertes.

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