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Desde el campo de críquet hasta el set de filmación, sus historias revelaron que el liderazgo audaz consiste en descubrir temprano una brújula interior, mantener la disciplina frente el fracaso y liderar con integridad cuando otros cuentan con uno.
Sus trayectorias reflejan una verdad más amplia para los líderes de hoy: el impacto duradero no proviene de perseguir aplausos, sino de mantenerse firme en los valores y estar siempre presente para las personas a las que se lidera.
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Ganar confianza antes de los reflectores
Antes de que el instinto se vuelva confiable, la confianza debe ganarse, a menudo en los roles menos glamorosos.
Para Zoya Akhtar, esa base se construyó mucho antes de dirigir su primera película. A los 21 años, fue asistente de dirección en Kama Sutra, gestionando la logística de una producción de época sin teléfonos móviles ni herramientas digitales. Su trabajo consistía en seleccionar a cientos de extras —soldados, ministros, aldeanos— viajando a las comunidades, fotografiando personas, explicando el proyecto y organizando el transporte diario al set.

Era un trabajo operativo minucioso, muy alejado de la autoridad creativa que más tarde tendría. Pero resultó decisivo: hacer bien un trabajo difícil, repetidamente, hasta que la complejidad se sintiera manejable, fortaleció su confianza. “Después de ese trabajo sentí que, si podía hacer eso, podía hacer cualquier cosa”, dice Zoya.
Para Sunil Gavaskar, la confianza se forjó bajo un tipo de presión diferente: pública, implacable y física. Como joven jugador de críquet y, como él mismo lo expresa, “verticalmente limitado”, enfrentando a algunos de los boleadores (bowlers) más rápidos del mundo, la intimidación era parte del trabajo. “Todo el mundo solía intimidarte”, comenta. Pero cuanto más la enfrentaba, más sereno y resistente se volvía.
Con el tiempo, la repetición evolucionó hacia algo más profundo: “La confianza en uno mismo tiene que ser tu mayor fortaleza”.
En espacios distintos, ambos líderes descubrieron que el dominio temprano de los fundamentos construye la certeza interior que más adelante sostiene decisiones audaces.
Disciplina frente a la duda
Si bien el éxito temprano puede generar confianza, la excelencia sostenida requiere disciplina, especialmente cuando los resultados flaquean.
La serie debut de Sunil en las Indias Occidentales acaparó titulares. Pero lo que siguió fue un periodo de tres años sin anotar una centena. “Ese fue el momento en que empecé realmente a dudar de mi propia capacidad”, afirma.

En lugar de replegarse, volvió a comprometerse con los fundamentos y buscó consejo en muchos sitios. “Debo de haber hablado con cientos de jugadores veteranos y entrenadores para tratar de averiguar qué estaba saliendo mal”, comenta. Horas de práctica deliberada le devolvieron poco a poco la confianza.
De ese período surgió una filosofía contraintuitiva: recordar lo que se siente triunfar en los momentos más difíciles. “El éxito debería subírsele a uno a la cabeza”, dice Sunil. “Porque, tan seguro como que a la noche le sigue al día, vas a caer. Y si puedes volver a levantarte, también te conviertes en un mejor ser humano”. El fracaso, en su visión, no es un desvío del liderazgo, sino una de las fuerzas que lo moldean.
La humanidad como lenguaje universal
Un encuentro fortuito con un joven rapero le recordó a Zoya que la disciplina en su trabajo es importante, pero no puede sustituir la humanidad: el arco universal.
“Este es el Rocky del rap”, recuerda haber pensado sobre el rapero. “No sé nada de boxeo. Me encanta Rocky porque es una historia humana. Trata sobre un boxeador con pocas probabilidades de ganar”. Vio que él había creado una conexión emocional con sus fieles seguidores. “Simplemente déjate llevar por la emoción de la historia. Todos terminarán llegando al rap”.
Su filosofía es simple y amplia a la vez: “La experiencia humana es la misma. Confía en su humanidad. La humanidad tiene que estar al frente. Sea cual sea tu historia, eso es lo único que tenemos en común”.
En los negocios, como en el cine, los líderes suelen lidiar con la complejidad de los mercados, las métricas y la estrategia. Sin embargo, el tejido conectivo sigue siendo la motivación humana: la aspiración, el miedo, el sentido de pertenencia, la esperanza. Cuando los líderes anclan sus decisiones en ese terreno emocional compartido, amplían su alcance.
Elevar al equipo, no solo al individuo
Para ambos líderes, el liderazgo maduró en momentos que exigían dar la cara por otros.
Sunil se convirtió en uno de los primeros jugadores de alto perfil en defender mejores condiciones y un trato justo dentro de la administración del críquet. “Para mí, se trataba de intentar hacer algo por mi hermandad del críquet”, afirma.
Sentía que alzar la voz era una responsabilidad. Observó que muchos compañeros de equipo dudaban en cuestionar el statu quo. Liderar significaba usar su plataforma en nombre de ellos.
Zoya hizo eco de ese ethos desde la silla de dirección. “Cuando las cosas salen bien, hay que compartirlo con todos”, dice. “Pero cuando no salen bien, tú eres el capitán del barco.”
A lo largo de los ciclos de desarrollo cinematográfico de varios años, se enfoca en crear entornos en los que las personas sientan que el trabajo les pertenece. “Solo cuando sienten que el proyecto es suyo dan lo mejor de sí”, comenta Zoya.
Tanto en el deporte como en el cine, el patrón es consistente. Los líderes duraderos ven su papel no como el de la estrella principal, sino como el del custodio que crea las condiciones para que otros puedan sobresalir.
El instinto guía las decisiones, la disciplina sostiene el desempeño y la integridad lo mantiene todo unido.
Ya sea enfrentando ataques de bowling en el críquet, navegando riesgos creativos o cuestionando normas institucionales, tanto Sunil como Zoya vuelven al mismo principio: mantenerse fieles a sus valores. Aunque la validación externa y los titulares pueden desvanecerse, la credibilidad ante compañeros de equipo, colaboradores y ante uno mismo perdurará.