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Soluciones para la crisis de salud materna en la población afroamericana

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Estados Unidos sigue enfrentándose a una crisis de salud materna crítica y persistente, con importantes disparidades en los resultados, particularmente entre las madres afroamericanas. Como revela una investigación conjunta del Instituto para la Movilidad Económica y el McKinsey Health Institute, las madres afroamericanas tienen hasta cinco veces más probabilidades de morir por causas relacionadas con el embarazo que las mujeres de otros países de la OCDE, y hasta cuatro veces más probabilidades de sufrir complicaciones que las mujeres de otras razas en Estados Unidos. Si bien ha aumentado la conciencia sobre este problema, el sector de la salud se enfrenta ahora al reto de pasar del reconocimiento de los datos a la implementación de medidas significativas y sostenibles que salven vidas. Esto requiere un cambio de estrategia: en lugar de tratar la salud materna como un único episodio de atención, considerarla como una trayectoria continua vinculada a la salud integral de la mujer y a las implicaciones sociales que influyen en ella.

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En este contexto, Joy Rhoden, vicepresidenta sénior de Resultados de Salud y Transformación de la Atención de la Asociación Estadounidense de Hospitales (American Hospital Association, AHA), es una de las principales voces que impulsan el cambio. La AHA, que representa a casi 5,000 hospitales y sistemas de salud, desempeña un papel central en la movilización del sector sanitario para reducir sistemáticamente las disparidades en materia de salud. El trabajo de Rhoden se enfoca en dotar a los hospitales miembros y al sector de la salud en general de herramientas y estrategias para abordar las desigualdades y mejorar la prestación de atención y la experiencia de los pacientes.

En una conversación con Fadesola Adetosoye, experta sénior de McKinsey, Rhoden analiza qué distingue a los sistemas de salud líderes de aquellos que tienen dificultades para avanzar en materia de salud materna. Destaca el papel fundamental del liderazgo, las intervenciones basadas en datos y las alianzas auténticas con las comunidades. Su pasión resulta evidente al defender con firmeza por qué valorar la salud materna no es solo un imperativo moral, sino también económico, con profundas implicaciones para las familias, las comunidades y la economía nacional. A continuación, se presenta una versión editada de la conversación.

Tres características para avanzar en salud materna

Fadesola Adetosoye: ¿Qué distingue a los sistemas de salud que están logrando avances en la mejora de la salud materna de aquellos que pueden tener dificultades para pasar de la concientización a la acción?

Joy Rhoden: Los sistemas de salud que están logrando avances reales comparten varias características:

  • Liderazgo: Existe un firme compromiso por parte de los líderes, tanto del ámbito clínico como del administrativo. Cuando los líderes expresan claramente que la salud materna es una prioridad en materia de calidad y seguridad —y no una iniciativa secundaria—, marcan la pauta desde el más alto nivel. Esto incluye consejos directivos comprometidos que revisan los tableros de indicadores de calidad, examinan el apartado dedicado a la salud materna y plantean preguntas incisivas a la alta dirección.
  • Datos: Demuestran disposición a ir más allá de las estadísticas nacionales y comprender su propio desempeño. Conocemos el dato principal —que las mujeres afroamericanas mueren a una tasa tres veces mayor que las mujeres blancas—, pero las organizaciones líderes deberían conocer su propia realidad. ¿Cuál es la experiencia de las madres que acuden a sus hospitales? A partir de ahí, pueden utilizar esa información interna para diseñar intervenciones específicas.
  • Humildad: Abordan el trabajo con humildad y un enfoque centrado en las personas. Entienden que detrás de esos datos hay personas. Están dispuestos a salir de los límites de sus instituciones, establecer alianzas con las comunidades y brindar una atención que responda a las particularidades culturales.

Innovación y rendición de cuentas en los sistemas de salud

Fadesola Adetosoye: ¿Cómo pueden los sistemas de salud innovar mejor y rendir cuentas de manera más efectiva por sus resultados?

Joy Rhoden: No creo que necesitemos un conjunto de indicadores completamente distinto; los hospitales ya recopilan muchos de los datos adecuados. La clave está en cuestionar esos datos. ¿Cómo hacer que sean útiles para tomar medidas? Además, debemos analizar las experiencias de las mujeres en nuestros hospitales y sistemas de salud: ¿se sienten escuchadas y respetadas? El reto consiste en desglosar esos datos en función de diferentes factores demográficos: raza, origen étnico, tipo de seguro, edad, situación laboral y nivel educativo. Son factores que, francamente, no deberían influir en los resultados, pero sabemos que sí lo hacen.

La responsabilidad consiste en analizar los datos desde distintos ángulos de maneras que puedan revelar verdades incómodas y, después, implementar medidas diseñadas en colaboración con la comunidad. Un ejemplo convincente es el trabajo realizado por Cedars-Sinai en Los Ángeles.1 Debo admitir que este caso me toca especialmente: allí nació mi único hijo. Analizaron sus datos de salud materna y descubrieron que a las mujeres afroamericanas que cumplían los requisitos no se les ofrecía aspirina en dosis bajas para prevenir la preeclampsia con la misma frecuencia que a las mujeres blancas. En respuesta, pusieron en marcha una campaña educativa a gran escala dirigida a las pacientes y se asociaron con interlocutores de confianza de la comunidad, como March of Dimes. Educaron a las farmacias e incorporaron una alerta en la historia clínica electrónica para ayudar a los profesionales a identificar a las pacientes que cumplían los requisitos. Como resultado, el uso de aspirina en dosis bajas entre las madres afroamericanas aumentó a más del triple [con lo que prácticamente se cerró la brecha de tratamiento]. Es un ejemplo contundente de cómo usar los datos para orientar las intervenciones.

La promesa —y los riesgos— de la IA

Fadesola Adetosoye: Actualmente se habla mucho de la inteligencia artificial. ¿Qué oportunidades ofrece la IA dentro los sistemas de salud, específicamente en lo que respecta a la salud materna?

Joy Rhoden: Debería ser una de las principales prioridades de todos los CEO de hospitales o sistemas de salud. De lo contrario, no están sabiendo interpretar las señales. En la AHA, contamos con un grupo de estrategia centrado en la innovación, y como parte de ese trabajo evaluamos el potencial de la IA para impulsar ámbitos como el análisis predictivo –por ejemplo, predecir quién tiene probabilidades de regresar a un servicio de urgencias– y analizar indicadores de salud poblacional.

En el ámbito clínico, observamos un uso generalizado de la IA ambiental, que puede grabar conversaciones para que los profesionales puedan prestar más atención al paciente. Sin embargo, uno de los retos para nuestros miembros es distinguir los resultados reales de las expectativas exageradas. Queremos utilizar la tecnología de forma adecuada, ya que, si no se implementa de manera responsable, podría agravar las disparidades. Debe actuar como un facilitador que complemente la atención, especialmente en las zonas rurales, donde es fundamental garantizar el acceso a la atención especializada en centros de atención terciaria.

De la “atención médica” a la “salud”

Fadesola Adetosoye: A menudo hablamos de la salud materna como si fuera un único episodio. Pero la trayectoria de una madre no termina con el parto. ¿Cómo están abordando esta cuestión los sistemas de salud líderes?

Aproximadamente 50,000 mujeres experimentan morbilidad materna grave cada año. Es una cifra estremecedora.

Joy Rhoden: La salud materna no comienza con el embarazo ni termina con el parto. Es fundamental actuar mucho antes. ¿Cómo ayudamos a las mujeres jóvenes que desean ser madres a iniciar el embarazo en un estado de salud adecuado? Cada vez vemos que más mujeres inician el embarazo con enfermedades crónicas. Los sistemas de salud están respondiendo al cambiar la conversación de la atención médica a la salud. Y no podemos hacerlo solos. El dinero destinado a la atención médica no puede repartirse entre todas estas necesidades diferentes. Debemos establecer alianzas eficaces para abordar la estabilidad de la vivienda, la inseguridad alimentaria, la violencia interpersonal o doméstica, y las necesidades de transporte. Todas estas cuestiones están relacionadas con la salud y se sitúan, en gran medida, fuera del sistema de atención médica.

Después de que una madre da a luz, la atención suele desplazarse por completo hacia el bebé. No podemos olvidarnos de las madres. Una función importante que podemos desempeñar como líderes hospitalarios es informar a todas las personas con las que las madres pueden tener contacto durante el período posparto: su pareja, su familia, los profesionales de primera respuesta de los servicios médicos de emergencia [EMS], los pediatras que atienden al bebé en las consultas de seguimiento, los profesionales de los servicios de urgencias, entre otros. ¿Están todos plenamente informados sobre las posibles señales de alerta durante el posparto?

La morbilidad, definida como las afecciones de salud causadas o agravadas por el embarazo, es real. Los últimos datos de Estados Unidos que vi indicaban que aproximadamente 50,000 mujeres experimentan morbilidad materna grave cada año.2 Es una cifra estremecedora.

Fadesola Adetosoye: Si consideramos de manera integral la trayectoria de la salud materna, ¿cómo deberían los sistemas hospitalarios abordar las necesidades específicas de las mujeres afroamericanas a lo largo de esa trayectoria?

Joy Rhoden: Es fundamental contar con un equipo que tenga conciencia y conocimientos culturales para responder a las necesidades específicas de las madres afroamericanas. Los estudios sobre concordancia muestran que, cuando los pacientes conectan con sus profesionales de atención médica en el plano cultural, esto se traduce en una mayor satisfacción y una mejor adherencia al tratamiento. Por ejemplo, las investigaciones muestran que los resultados de salud de los recién nacidos afroamericanos mejoran sustancialmente cuando son atendidos por médicos afroamericanos. Sin embargo, la realidad es que no podemos formar a suficientes obstetras-ginecólogos y pediatras afroamericanos para atender a todas las madres y bebés afroamericanos.

Por consiguiente, es importante que desarrollemos las capacidades de otros miembros del equipo de atención para que comprendan el contexto biopsicosocial más amplio de sus pacientes. Porque los sesgos son inherentes: todos los tenemos, y se convierten en un problema cuando se incorporan al plan de atención. Los sistemas de salud líderes también están ampliando la definición del personal dedicado a la salud materna para incluir a doulas y trabajadores de salud comunitarios. Son voces de confianza que pueden ayudar a las madres a desenvolverse en el entorno de la atención médica, comprender la terminología médica y defender sus propios intereses. Ahí está la clave. Pero los hospitales no pueden resolver esto por sí solos; deben trabajar con los recursos que ya poseen las comunidades.

Un ejemplo convincente de esto se encuentra en Akron, Ohio, donde Summa Health se asoció con Project Ujima y Minority Behavioral Health Group porque sus modelos tradicionales de atención prenatal no estaban funcionando para las madres afroamericanas y las pacientes de bajos ingresos. Mediante sesiones prenatales grupales semanales con un equipo de atención estable y acceso a obstetras-ginecólogos afroamericanos, trabajadores de salud comunitarios certificados y asesoramiento en materia de salud, lograron resultados extraordinarios: aumentaron las tasas de lactancia materna y disminuyeron las tasas de nacimientos prematuros y de mortalidad infantil.3

En la AHA, hemos puesto en marcha la Iniciativa Better Health for Mothers and Babies (Mejor salud para madres y bebés). Podemos recopilar prácticas innovadoras de todo el país y presentarlas a nuestros casi 5,000 hospitales y sistemas de salud miembros. Nuestro objetivo es reducir la morbilidad y la mortalidad maternas prevenibles mediante la comprensión de nuestros datos, el análisis de las disparidades, situando a las pacientes y las comunidades en el centro e involucrando al personal.

El imperativo económico

Fadesola Adetosoye: Cerrar la brecha en la salud materna de las mujeres afroamericanas no es solo un imperativo de salud. Afecta la estabilidad económica de las familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. ¿Cómo cambia esta perspectiva las conversaciones que mantiene con los líderes de los sistemas de salud?

Joy Rhoden: Tiene toda la razón. El argumento moral ya está planteado. Ahora, cuando hablamos con los CEO de hospitales, estamos poniendo el énfasis en el imperativo económico. Dado que esta brecha en la salud representa una carga cada vez mayor para el PIB, pronto publicaremos un informe sobre el impacto económico de las disparidades. Un estudio nacional reciente estima que estas disparidades le cuestan a Estados Unidos cientos de miles de millones [$451 mil millones] de dólares anuales y que, si no se abordan, se espera que este costo siga aumentando.4 Es un problema que no podemos permitirnos ignorar.

La conversación debe cambiar para centrarse en la salud como el resultado que buscamos. Cuando empezamos a valorar económicamente la salud materna, la vemos como un factor de estabilidad para la comunidad. Influye en la participación en el empleo, la participación en la fuerza laboral y la capacidad de las familias para mantenerse unidas y contribuir. Si no abordamos estos resultados deficientes, las consecuencias a largo plazo incluyen un mayor uso de los servicios de urgencias, estancias hospitalarias más prolongadas y mayores necesidades de cuidados. Todo ello supone enormes costos adicionales para el sistema.

Políticas, pagos y soluciones prácticas

Fadesola Adetosoye: De cara a los próximos cinco años, ¿qué políticas o medidas cree que tendrán el mayor impacto en la mejora de los resultados de salud materna de la población afroamericana?

Salgan de los límites de sus instituciones [...] para que las soluciones se diseñen conjuntamente desde una perspectiva cultural.

Joy Rhoden: La cobertura es fundamental. Es la puerta de entrada a una atención coordinada, en lugar de una atención fragmentada, por lo que es vital garantizar que se mantengan los avances que hemos logrado. Me alienta mucho la ampliación de la cobertura de Medicaid hasta un año después del parto en la mayoría de los estados.5 Pero la cobertura no equivale al acceso; también debemos resolver el problema del acceso y asegurarnos de contar con profesionales dispuestos a atender a estas pacientes.

Más allá de las políticas, se están poniendo a prueba ideas de baja tecnología y gran impacto. Por ejemplo, muchos hospitales están probando pulseras visibles de colores neón que indican a un profesional de un servicio de urgencias o de los servicios médicos de emergencia que una madre se encuentra en el posparto inmediato. Otros sistemas de salud proporcionan a las madres tarjetas para llevar en la cartera y presentarlas en el servicio de urgencias, o les entregan tensiómetros al recibir el alta para que puedan monitorear su presión arterial en casa. A veces pensamos que las soluciones tienen que ser muy tecnológicas, pero estas intervenciones de bajo costo ofrecen un potencial enorme. Sin embargo, las prácticas de pago suelen estar muy rezagadas. Por eso necesitamos una reforma de los pagos y políticas que fomenten estas conductas adecuadas.

¿Qué sigue?

Fadesola Adetosoye: Si pudiera conseguir que todos los CEO de hospitales se comprometieran a tomar una medida en los próximos 12 meses, ¿cuál sería?

Joy Rhoden: Salgan de los límites de sus instituciones. Vayan a las comunidades, no una vez ni dos, sino de manera constante. Hablen con las madres afroamericanas y con las personas que viven en esas comunidades. Escuchen, aprendan y compartan esos aprendizajes con sus equipos directivos. Pero, más importante aún, inviten a esas mismas voces a participar en la conversación para que las soluciones se diseñen conjuntamente desde una perspectiva cultural. Nunca se insistirá lo suficiente en la humildad que requiere este trabajo. No se genera confianza apareciendo únicamente cuando se necesita pedir algo. Hay que estar presente y demostrar que se es digno de confianza.

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