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Robert Lighthizer, abogado que se desempeñó como representante comercial de Estados Unidos en la primera administración Trump, cree que el sistema de comercio internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial está roto. Algunos países mantienen superávits persistentes mientras que otros registran déficits persistentes, algo que no estaba en las intenciones de los creadores del sistema. En una conversación con Ziad Haider, socio de McKinsey, Lighthizer comparte su visión sobre posibles reformas comerciales, las tensiones entre Estados Unidos y China, las amenazas para la industria manufacturera occidental y cómo las empresas pueden hacer más resilientes sus cadenas de suministro.
La siguiente transcripción ha sido editada para mayor claridad y concisión.
Una “tregua” entre China y Estados Unidos
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Ziad Haider: Empecemos por la relación entre Estados Unidos y China. Recientemente hubo una reunión importante entre los presidentes Trump y Xi al margen de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Vimos lo que algunos calificarían como una tregua incómoda en la prolongada disputa comercial. ¿Qué opina del acuerdo al que llegaron y en qué deberían fijarse los líderes empresariales tras ese encuentro?
Robert Lighthizer: En mi opinión, China y Estados Unidos están intentando lograr lo mismo. China espera ser el número uno del mundo, algo que considera su lugar legítimo, y Estados Unidos siente lo mismo respecto de sí mismo y del sistema occidental en general. Existe una relación de confrontación entre ambos países, y creo que ahora estamos en una segunda guerra fría. Lo importante es que siga siendo una guerra fría.
No creo que un acuerdo pueda resolver las diferencias fundamentales entre ambos países. Por un lado, hay un gobierno totalitario marxista-leninista que quiere imponer un nuevo sistema al mundo. Por otro, está el sistema occidental de democracia liberal y economía bastante abierta. Lo que habrá son treguas, y eso es lo que fue esta. Redujo la tensión, que es lo máximo a lo que se puede aspirar.
En general, creo que la administración estadounidense se ha visto sorprendida por el alcance de los cuellos de botella que China ha creado a lo largo de los años. También creo que China cometió un error al imponer un nuevo sistema que exige su aprobación para exportar productos que contienen minerales de tierras raras chinas entre países terceros. Fue una extralimitación. Ahora corresponde a Occidente asegurarse de eliminar el mayor número posible de estos cuellos de botella. China, por supuesto, está haciendo lo mismo. Al menos desde 2006, el gobierno ha intentado reducir la dependencia del país de la tecnología occidental.
Semáforo de la relación con China: Luces rojas, amarillas y verdes
Ziad Haider: En el pasado ha hablado del “desacoplamiento estratégico” de Estados Unidos respecto de China. Usando la analogía del semáforo, ¿dónde ve luces rojas para las empresas que aún operan en China, es decir, ámbitos en los que ya no pueden participar? ¿Qué hay de las áreas de luz amarilla, en las que pueden proceder con cautela? Y, dado que no aboga por un desacoplamiento total, ¿hay ámbitos en los que daría luz verde?
Robert Lighthizer: Deberíamos tener comercio, pero debería ser equilibrado. No deberíamos estar transfiriendo riqueza a China. También creo que el gobierno estadounidense debería regular la inversión de una manera que beneficie a Occidente o a Estados Unidos.
En cuanto a las luces rojas, creo que incluyen todo lo relacionado con la seguridad nacional. Pero iría un paso más allá e incluiría todo lo relacionado con la tecnología, porque un porcentaje extremadamente alto de toda la tecnología es de doble uso (militar y civil) o acabará siéndolo. No siempre es posible predecir qué avances tecnológicos pueden tener aplicaciones militares en el futuro. Eso se demostró durante la administración de George W. Bush. El presidente Bush no consideró que la litografía ultravioleta extrema fuera una tecnología que mereciera protección. Hoy sabemos que es absolutamente fundamental para la producción de chips avanzados. También incluiría los datos en la categoría de luz roja, porque son esenciales para entrenar modelos de IA.
En cuanto a las luces amarillas, mencionaría la manufactura de alto nivel. En las luces verdes incluiría la agricultura y la manufactura de baja tecnología. Evidentemente, China necesita materias primas y productos agrícolas, y permitir que el país suministre materiales de baja tecnología a Occidente es una buena idea. Pero hay que pensar tanto en las implicaciones para la seguridad nacional como en las implicaciones económicas más amplias.
Un buen ejemplo de esto último es cómo la industria automovilística europea se encuentra bajo presión por parte de China. Las empresas automotrices chinas están empezando a ganar cuota en el mercado europeo. Los automóviles [no eléctricos] incorporan componentes de alta tecnología, pero en general no son productos de alta tecnología. Aun así, son tan fundamentales para la economía europea que, si Europa perdiera esa industria —o si Estados Unidos la perdiera— sería una catástrofe. Hace apenas cinco años, la mayoría de los expertos del sector consideraban imposible que las importaciones chinas de automóviles europeos disminuyeran; sin embargo, las empresas automovilísticas chinas están ahora apoderándose de su mercado interno. Aunque es necesario proteger la seguridad económica, también hay un componente de seguridad nacional en juego.
Reformar el sistema de comercio mundial
Ziad Haider: Yo radico en Singapur, que se encuentra en una región que ha desempeñado un papel clave como nexo entre Estados Unidos y China. Una de las grandes cuestiones regionales tiene que ver con las expectativas de la administración Trump en torno a reducir la dependencia de las cadenas de suministro chinas. Por ejemplo, el acuerdo comercial alcanzado cuando el presidente estadounidense estuvo en Malasia incluyó disposiciones de seguridad económica con respecto a China. ¿Cómo valora estos esfuerzos?
Robert Lighthizer: Los analizo desde dos perspectivas. Una es la de las cadenas de suministro y la otra es la del transbordo, es decir, el desvío de mercancías a través de países terceros para evitar aranceles más altos.
Si observamos a Vietnam, Tailandia y, en cierta medida, México, encontraremos importaciones procedentes de China que se exportan a Estados Unidos de manera encubierta para eludir aranceles más elevados. Una de las disposiciones acordadas en Malasia —que creo que se volverá universal en poco tiempo— es que el contenido chino transbordado esté sujeto a un arancel elevado. En el futuro será necesario desarrollar tecnología para determinar el verdadero origen de las mercancías, pero, en mi opinión, la necesidad de frenar el transbordo es clara. Este enfoque también es oportuno porque, si bien las exportaciones de China a Estados Unidos están disminuyendo, sus exportaciones a países que luego envían mercancías a Estados Unidos están aumentando.
La cuestión de las cadenas de suministro es algo diferente. Las cadenas críticas deberían ser nacionales o estar en manos de aliados cercanos, y creo que veremos avances en esa dirección. Los suministros menos críticos, que suelen ser de baja tecnología, pueden obtenerse en distintos lugares y trasladarse rápidamente si surge un cuello de botella, por lo que representan un problema menor.
Ziad Haider: En agosto, Estados Unidos y la Unión Europea firmaron un acuerdo sobre comercio recíproco, justo y equilibrado, pero siguen existiendo cuestiones en torno a los aranceles, las barreras no arancelarias y los servicios digitales. ¿Cómo ve la situación comercial entre Estados Unidos y la UE?
Robert Lighthizer: Desde la perspectiva de Estados Unidos, el sistema comercial se ha desequilibrado de forma generalizada. Hay países con superávits comerciales de billones de dólares, mientras que otros, incluido Estados Unidos, tienen déficits comerciales igualmente grandes. Algunos países siempre tienen superávits y otros siempre tienen déficits. El sistema no fue diseñado para funcionar así. Creo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue muy hábil en la manera de abordar la situación. En lugar de tomar represalias, reconoció estos desequilibrios. Siempre habrá fricciones, pero algunas podrían resolverse dentro del marco acordado.
El problema para Estados Unidos es que nuestro déficit comercial con Europa sigue aumentando. Hace décadas que no tenemos superávit comercial con Europa. En 2024, tuvimos un déficit de aproximadamente $235,000 millones de dólares en el comercio de bienes con la Unión Europea, y Alemania, Irlanda e Italia concentran casi la totalidad. Nuestro problema es, en realidad, con partes concretas de Europa, y conocemos las razones: en gran medida tiene que ver con la moneda en el caso de Alemania y con el sistema fiscal en el caso de Irlanda. La razón en el caso de Italia es algo más difícil de determinar.
Ziad Haider: ¿Qué opina de los nuevos corredores comerciales que están surgiendo? ¿Hay alguno al que esté prestando especial atención?
Robert Lighthizer: En primer lugar, creo que veremos a las empresas intentar adaptarse dentro de sus propios corredores comerciales, en lugar de hacer cambios drásticos. Es probable que Estados Unidos opere dentro de su propio hemisferio; México es una de las preocupaciones en materia de transbordo, pero el gobierno mexicano parece entenderlo. Los patrones comerciales que están en riesgo son los que generan desequilibrios. Eso se da claramente en el comercio con China y con otras partes de Asia.
El problema de la Organización Mundial del Comercio [OMC] es que no aborda –y probablemente no pueda abordar– las barreras no arancelarias, como las leyes laborales, la manipulación de divisas, las normativas bancarias y las regulaciones medioambientales, o la falta de ellas. Estas barreras reflejan la forma en que cada país organiza su sociedad. China y algunos otros países están organizados de un modo que siempre generarán un superávit comercial. En negociaciones arancelarias pasadas de la OMC, como las rondas de Tokio y Uruguay, intentamos abordar las barreras no arancelarias. Pero creo que fue un error pensar que podían negociarse, porque los países pueden crear nuevas barreras en cuanto se resuelve una antigua.
Creo que necesitamos un sistema basado en el equilibrio global, no en el equilibrio bilateral, que no funcionaría. Es probable que esa sea la dirección hacia la que evolucione el comercio mundial, más que centrarse en cuestiones menores.
Lista de vigilancia del comercio mundial para 2026
Ziad Haider: De cara al futuro, tenemos un fallo pendiente de la Suprema Corte de Estados Unidos sobre la capacidad del presidente para imponer aranceles y la revisión y posible ajuste del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC). ¿Qué otros temas en el ámbito comercial deberíamos seguir de cerca el próximo año?
Robert Lighthizer: Esos dos son muy importantes. Otro es el intento de Estados Unidos de reindustrializarse, generar más ingresos y corregir el desequilibrio comercial. Creo que veremos iniciativas similares en Europa, porque Europa tendrá que hacer frente a grandes déficits de una forma muy similar a como nosotros debemos hacerlo.
Lo primero en lo que hay que fijarse es en cómo están funcionando todos estos acuerdos comerciales que Estados Unidos ha negociado recientemente. ¿Están ayudando a crear un equilibrio? Si están generando problemas, habrá que hacer ajustes. Creo que este ámbito será muy dinámico en el futuro previsible. En cuanto a los compromisos de inversión incluidos en estos acuerdos, mi impresión es que no se materializará tanta inversión real como la que indican los acuerdos, aunque sí habrá una cantidad significativa.
Otro asunto que conviene observar es la relación de Europa con China. Ha llegado a un punto de inflexión. Ha pasado de ser una relación enormemente favorable para Europa a dirigirse hacia una situación muy desfavorable, y no creo que Europa pueda tolerarlo.
También merece la pena recordar que la mayoría de estos desequilibrios no son el resultado de factores económicos fundamentales, sino de políticas industriales. Eso marca una gran diferencia. Si se tratara de economía fundamental, se adoptaría un tipo de enfoque; cuando se trata de política industrial, se necesitan medidas gubernamentales que neutralicen la ventaja injusta que otros países han creado.
Ziad Haider: Hoy asesora a consejos de administración y equipos directivos. ¿Qué decisiones “sin arrepentimientos” recomendaría a los consejos para navegar la volatilidad geoeconómica?
Robert Lighthizer: Responderé como lo haría el presidente Trump: si quieren evitar que las regulaciones comerciales afecten a su negocio, deben fabricar cerca de su base de consumidores. Es sencillo, y creo que veremos más fabricación cercana al consumo y cadenas de suministro más cortas y menos complejas. También creo que las empresas diversificarán su producción, de modo que, en lugar de fabricar para todo el mundo desde un solo lugar, lo harán en distintos emplazamientos.
Ziad Haider: Entender el comercio se ha convertido en parte del trabajo de casi todos los líderes empresariales. A medida que intenta mantenerse al tanto de estos temas, ¿qué lee o escucha para dar sentido a unos acontecimientos que avanzan a un ritmo tan rápido?
Robert Lighthizer: Leo The Wall Street Journal, Financial Times y The Economist. También estoy suscrito a la publicación especializada Inside U.S. Trade. En redes sociales sigo a varias personas muy inteligentes que se centran en el comercio, entre ellas [los economistas estadounidenses] Michael Pettis y Brad Setser. Algunos expertos en China ofrecen contenidos excelentes en Substack. [El periodista estadounidense] Bill Bishop tiene uno llamado Sinocism, y Matt Turpin, exmiembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, tiene otro llamado China Articles. Rhodium Group también ofrece una enorme cantidad de análisis e información. Supongo que, con el tiempo, alguien creará una publicación o servicio que cubra todos los temas relevantes, pero no creo que exista actualmente.