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Los incentivos comerciales constituyen una de las formas de inversión empresarial más grandes, pero también menos disciplinadas, para la mayoría de las organizaciones. Muchas destinan entre el 8 y el 11 por ciento de sus ingresos a incentivos comerciales, y algunas llegan a gastar hasta el 20 por ciento. Sin embargo, estas inversiones con frecuencia no generan los retornos esperados.1 A diferencia de las inversiones en precios o en medios publicitarios, los incentivos comerciales se sitúan en la intersección entre el crecimiento, los márgenes, la salud de los canales y la confianza en la marca, lo que los convierte tanto en una poderosa palanca de crecimiento como –si se gestionan de manera deficiente– en una peligrosa fuente de erosión del valor. A medida que los directivos reajustan sus presupuestos en un contexto de compresión de márgenes, volatilidad de costos e intensificación de la competencia, el gasto en incentivos comerciales se ha convertido en un área clave de escrutinio para los directores ejecutivos (CEO) y los directores de marketing (CMO).
Comprender estos desafíos, sus implicaciones y replantear el enfoque para diseñar y gestionar los esquemas de incentivos comerciales podría transformar lo que durante mucho tiempo se ha considerado un centro de costos táctico en un impulsor estratégico del crecimiento.
El potencial desaprovechado del gasto comercial de las organizaciones
En todos los sectores, las organizaciones suelen destinar entre el 8 y el 11 por ciento de sus ingresos a incentivos comerciales (Gráfica 1). A pesar de esta magnitud, el gasto comercial a menudo se gestiona como una palanca táctica de ventas, en lugar de como una inversión estratégica.
Pregunte a cualquier CEO o CMO qué partida de costos exige una mayor transparencia y la respuesta será casi unánime: los incentivos comerciales.
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Detrás de esa preocupación subyace una inquietud más profunda. Muchos líderes siguen sin tener la certeza de si los actuales esquemas de incentivos comerciales impulsan realmente un crecimiento sostenible o si simplemente sirven como herramientas para gestionar los precios en el mercado, a menudo a costa de la rentabilidad de largo plazo de los canales.
La visibilidad fragmentada de los precios de la competencia y de las estructuras de incentivos agrava aún más el desafío. Si bien existen datos relevantes dispersos entre los equipos de ventas y los socios de canal, rara vez se consolidan, estandarizan o analizan mediante un enfoque riguroso basado en datos que permita generar conocimientos accionables (insights). Como resultado, uno de los mayores rubros de gasto discrecional en la mayoría de las organizaciones sigue guiándose más por la intuición que por los insights, lo que deja un valor significativo sin aprovechar.
¿Por qué el gasto comercial no genera los resultados esperados?
¿Por qué el gasto comercial rara vez se traduce en un impacto significativo? La experiencia de McKinsey en diversos sectores apunta a cinco deficiencias estructurales en la gestión de los incentivos comerciales:
- Fragmentación entre regiones y gerentes. Los esquemas de incentivos comerciales suelen diseñarse y ejecutarse a nivel regional, con una supervisión limitada y pocos lineamientos centrales. En sectores como el de las pinturas, esto da lugar a decenas de esquemas paralelos y descoordinados que varían de un estado o territorio a otro, lo que diluye el impacto general y propicia las transferencias de productos entre regiones.
- Transparencia limitada y escasa visibilidad sobre el retorno de la inversión (ROI). El diseño de muchos esquemas de incentivos comerciales sigue basándose en la intuición y se guía por referencias anecdóticas sobre la competencia, más que por datos empíricos. Muchas organizaciones carecen de visibilidad para determinar qué incentivos generan realmente un volumen incremental y cuáles simplemente subsidian ventas ya existentes. En una empresa de bienes de consumo, los gerentes de primera línea fijan las tasas de descuento con base en su intuición y en una simple equiparación con la competencia, con escaso conocimiento del ROI real.
- Uso de los incentivos comerciales como una palanca de precios. Bajo presión competitiva, las empresas suelen recurrir a los descuentos comerciales como una respuesta defensiva frente a los precios de los competidores, utilizando los incentivos como reducciones de precio de facto. Esto crea una trampa peligrosa: si bien los incentivos pueden reducir temporalmente los precios, distorsionan la percepción del mercado sobre el precio y el valor, generando un ciclo de dependencia sin solucionar el problema subyacente. En un caso del sector de bienes de consumo de alta rotación, observamos que los descuentos comerciales se usaban con frecuencia para igualar los precios de la competencia, lo que incrementaba la dependencia de los minoristas de incentivos continuos y contribuía a una inestabilidad de precios de largo plazo.
- Alta proporción de pagos fijos no vinculados al crecimiento. Nuestras observaciones muestran que, en todos los sectores, más de la mitad de los socios de canal con ventas estancadas o en descenso siguen recibiendo incentivos, a menudo porque las estructuras de incentivos por escalones basados en el volumen recompensan la escala absoluta en lugar del crecimiento incremental. Esto limita la diferenciación entre los socios con mejor y peor desempeño.
- Dependencia excesiva de los incentivos vinculados a las ventas primarias. Las marcadas diferencias entre escalones de incentivos benefician de manera desproporcionada a los socios de canal más grandes, orientando los incentivos hacia la facturación de ventas primarias en lugar de hacia las ventas reales al consumidor final. Esto genera disparidades de precios entre los minoristas, precios inconsistentes para los consumidores y un deterioro de la rentabilidad de los socios más pequeños. En la industria del cemento, casi todos los incentivos sobre ventas primarias han propiciado la aparición de compradores con gran poder de negociación (“power buyers”), que utilizan la igualación de precios para ampliar las disparidades del mercado, dejando a los minoristas pequeños y medianos en una posición poco competitiva.
Los incentivos comerciales mal enfocados erosionan el valor de la marca, del canal y del crecimiento
Los problemas estructurales no son solo detalles operativos; crean tres riesgos empresariales importantes:
- Distorsiones en los precios de mercado y erosión de la marca. Cuando los incentivos priorizan el impulso de las ventas hacia el canal, en lugar de las ventas reales al consumidor final, surgen fragmentaciones de precios entre los distintos mercados. La falta de uniformidad en los precios de venta al público erosiona el valor de la marca, debilita la confianza de los consumidores y distorsiona la percepción de valor. En un caso, reequilibrar la mezcla de incentivos de una proporción de 80:20 (primarios: secundarios) a 40:60, estabilizó los precios operativos del mercado, restableció la disciplina en el canal y recuperó la confianza tanto de los socios comerciales como de los consumidores.
- Erosión de la rentabilidad del canal. Los incentivos por escalones basados en el volumen, que suelen representar entre el 30 y el 40 por ciento del total de los incentivos comerciales, generan marcadas diferencias de margen entre los socios de canal grandes y pequeños. Este desequilibrio reduce la rentabilidad de los socios más pequeños y debilita la salud del canal a largo plazo. Con el tiempo, la presión sobre los márgenes puede llevar a que los socios más pequeños se desvinculen o migren hacia la competencia, erosionando la amplitud y la lealtad del canal.
- Bajo retorno de las inversiones en incentivos comerciales. Cuando los programas de incentivos comerciales carecen de objetivos claramente vinculados al crecimiento, los recursos tienden a concentrarse de manera desproporcionada en socios con bajo desempeño, diluyendo el ROI general. Esto desplaza recursos que podrían destinarse a actividades con mayor impacto en el crecimiento, como la expansión de la distribución, la “premiumización” del portafolio y la generación de demanda local, todas ellas con mejores rendimientos.
Principios de diseño estratégicos para un gasto comercial de clase mundial
Las organizaciones líderes ya no consideran el gasto comercial como una forma de descuentos discrecionales, sino como un sistema diseñado con base en principios claros. Nuestra experiencia con organizaciones sugiere que la eficacia del gasto comercial puede mejorar adoptando un diseño basado en principios y sometiendo cada esquema de incentivos a pruebas de resistencia frente a estos principios rectores antes de su lanzamiento. En todos los sectores, las organizaciones que incorporan principios de diseño disciplinados, una gobernanza estricta y una toma de decisiones impulsada por inteligencia artificial (IA) ya están logrando reducciones de entre 10 y 15 puntos porcentuales en el gasto comercial, al tiempo que reasignan esos recursos para impulsar el crecimiento.
Seis principios de diseño sustentan un desempeño de clase mundial en el gasto comercial:
- Anclar los incentivos al crecimiento. Vincule la mayor parte de los pagos de incentivos al crecimiento incremental en volumen o valor por encima de la línea base, en lugar de al volumen absoluto o a incentivos adquiridos por derecho. Esto garantiza que los incentivos recompensen directamente el crecimiento y se autofinancien. En un ejemplo, aproximadamente entre el 70 y el 80 por ciento de los pagos de incentivos se vincularon al crecimiento con respecto a una línea base de precios de mercado estabilizados, mejorando así el desempeño general. Una empresa de neumáticos redujo, en un periodo de tres años, los incentivos pagados a distribuidores con ventas decrecientes del 50 por ciento al 15 por ciento, liberando presupuesto para iniciativas vinculadas al crecimiento, como la expansión secundaria, y vinculando los pagos de incentivos al cumplimiento de objetivos de crecimiento (Gráfica 2).
- Limitar la dispersión entre escalones. Mantenga un margen reducido entre el escalón de incentivos más bajo y el más alto para disminuir las distorsiones sin afectar la motivación. Las grandes diferencias entre escalones pueden recompensar en exceso la escala, fomentar la concentración de compras y perjudicar el equilibrio del mercado. Los referentes en diversos sectores indican que una diferencia aproximada de entre 1.0 y 1.5 puntos porcentuales impulsa una sólida participación del canal sin sobreincentivar a los actores de mayor tamaño.
- Mantener la paridad entre canales. Garantice estructuras de incentivos equitativas entre los distribuidores tradicionales, el comercio minorista moderno y los canales en línea. Mantener las diferencias entre 1.0 y 1.5 puntos porcentuales minimiza los conflictos entre canales, reduce la competencia de precios impulsada por la propia empresa y refuerza condiciones equitativas en el modelo de salida al mercado.
- Asignar presupuesto a indicadores líderes. Reserve una parte del presupuesto total destinado a incentivos comerciales para programas que fortalezcan los fundamentos del crecimiento. Estos incluyen la expansión de los puntos de venta secundarios, la ampliación del surtido de productos y el impulso de iniciativas locales de generación de demanda. Por ejemplo, en el caso de un fabricante de autopartes, vincular aproximadamente el 10 por ciento de los pagos de incentivos a métricas de entrada mejoró la salud del canal y la rentabilidad general al reforzar el enfoque en productos de alto margen.
- Institucionalizar la gobernanza mediante procedimientos operativos estándar (SOPs, por sus siglas en inglés). Las organizaciones líderes adoptan sistemas de gobernanza formales con SOPs claramente definidos para mantener la disciplina del gasto comercial. Estos sistemas incluyen establecer objetivos para los esquemas de incentivos alineados con las metas estratégicas del negocio, como el crecimiento, la penetración y la mezcla de productos prémium; validar el diseño con base en principios fundamentales, como la vinculación al crecimiento, los límites entre escalones y la paridad entre canales; y realizar análisis previos del impacto financiero que abarquen los pagos de incentivos previstos, el ROI y el impacto sobre los márgenes del canal. Asimismo, se exige realizar evaluaciones posteriores a la implementación del esquema para comparar el ROI real con el proyectado, evaluar el impacto en los precios y revisar la participación de los distribuidores y la dispersión del crecimiento (Gráfica 3).
- Establecer un equipo especializado. El éxito sostenido depende de la creación de una organización dedicada a la gestión del gasto comercial, que normalmente es un equipo pequeño y especializado con experiencia en análisis, diseño y gobernanza de los esquemas de gasto comercial.
¿Cómo es un motor de gestión del gasto comercial basado en analítica avanzada?
Las organizaciones deberían considerar el desarrollo de tableros de control para registrar los resultados de mercado de sus esquemas de incentivos comerciales. Al analizar dónde terminan concentrándose las ventas, el crecimiento y los pagos de incentivos, como se muestra en el tablero de control ilustrativo (Gráfica 4), es posible determinar si el gasto comercial realmente está impulsando un desempeño incremental o si simplemente está siendo absorbido por el sistema (vea el recuadro “Transformación impulsada por IA en la optimización del gasto comercial”).
El tablero de control muestra los siguientes ejemplos ilustrativos:
- Cobertura. Los distribuidores que aprovecharon el esquema representaron el 67 por ciento de las ventas del año en curso, lo que indica un despliegue focalizado de los incentivos, en lugar de un gasto generalizado.
- Disciplina. El 97 por ciento de los pagos de incentivos se destinó a distribuidores con crecimiento, con una fuga mínima hacia cuentas con ventas decrecientes, lo que garantiza que el gasto comercial recompense el rendimiento.
- Crecimiento. El 83 por ciento del crecimiento total del sistema fue generado por los beneficiarios del esquema, lo que muestra una clara correlación entre los incentivos y las ventas incrementales.
- ROI. Por cada 100 unidades destinadas al pago de incentivos del esquema, se generaron 800 unidades en ventas incrementales, lo que representa un retorno en volumen de ocho a uno sobre las inversiones en incentivos comerciales.2
- Descuentos, distorsión de precios y disparidad entre canales. Si bien los descuentos promedio se mantuvieron bajos, una diferencia de aproximadamente el 2 por ciento dentro del mismo canal generó una disparidad de precios.
El tablero de control muestra que el esquema generó un crecimiento concentrado con una elevada eficiencia y una sólida disciplina; la mayor parte de las ventas incrementales provino de distribuidores que recibieron incentivos, lo que confirma que un gasto comercial bien gestionado puede impulsar el crecimiento y, al mismo tiempo, proteger el valor.
A medida que las organizaciones planifican para 2026 y los años posteriores, la pregunta ya no es si el gasto comercial se puede optimizar, sino si los equipos directivos están dispuestos a recuperarlo como una palanca estratégica de crecimiento. Las capacidades y herramientas para transformar el gasto comercial ya han demostrado su eficacia. Liberar este potencial requiere derribar los silos entre ventas, marketing y finanzas, e instaurar una cultura basada en hechos y orientada al ROI en las inversiones destinadas a incentivos comerciales.
Para los altos directivos, el mandato es claro: elevar la gestión del gasto comercial al mismo nivel que las inversiones estratégicas en precios, productos y medios publicitarios. Quienes lo hagan podrán alcanzar un crecimiento y una rentabilidad superiores.