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China: el estado de su economía

Bienvenidos a la primera edición de China Brief. En esta serie de publicaciones, que complementa a nuestro podcast mensual McKinsey on China, nuestros socios en China nos ponen al tanto de las perspectivas más recientes en este mercado dinámico.

En los últimos meses, los expertos vienen anunciando la ralentización del colosal crecimiento económico de China. El crecimiento de su PBI muestra un congelamiento evidente, sobre todo desde mediados del año pasado, y las ventas de automóviles y teléfonos inteligentes registran una caída pronunciada. Algunas empresas de alto perfil están anticipando señales de bajas en sus ventas y, en algunos casos, recortes de personal.

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Podcast
El estado de la economía en China

A pesar de este panorama desalentador, China no deja de tener uno de los índices de crecimiento más envidiables a escala mundial, sumando el equivalente de «una Australia» por año a su economía. Los consumidores continúan elevando su nivel de compras, optando por bienes más costosos en la categoría premium y algunas empresas registran un récord de ventas. Con lo cual, el panorama no es tan desalentador. ¿Qué podemos esperar en 2019 sobre la base de hechos concretos? En esta primera edición de China Brief, presentamos una breve reseña de algunos factores clave que están definiendo la economía en China.

1. El crecimiento es más lento, pero China continúa sumando el equivalente a «una Australia por año» a su economía

La actividad económica se debilitó en 2018: según estadísticas oficiales, el crecimiento real del PBI fue del 6.6 por ciento en 2018. Este es el nivel de crecimiento más bajo del PBI desde 1990. Si bien algunos observadores podrán cuestionar la exactitud de las cifras oficiales, hay algo que no se puede negar: la economía de China se está ralentizando. El Índice de Actividad Económica de McKinsey Global Institute, que evalúa el desempeño de la economía de China mediante el análisis de 57 indicadores distintos (que abarcan desde ventas minoristas y de bienes inmuebles hasta consumo de energía eléctrica), coincide con esta tendencia a la baja en el PBI que muestran las cifras oficiales (Gráfico 1).

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El Índice de Actividad Económica tiene en cuenta una amplia gama de factores y sus fluctuaciones fueron mayores que las del PBI bruto en la última década, superando al PBI en su periodo de dos dígitos, entre 2005 y 2008, y nuevamente entre 2010 y 2013. El índice se mantuvo por debajo del PBI en los últimos cuatro años, y actualmente oscila en niveles similares a los del periodo 2015-2016, cuando también se temía la caída estrepitosa de la economía china tras una etapa de alto crecimiento.

Se espera que la economía continúe su tendencia a la baja en 2019, con pronósticos que coinciden en un crecimiento del PBI entre 6.0 y 6.2 por ciento para este año.

Es cierto: el motor que mueve a la economía china se está enfriando, pero sigue logrando uno de los índices de crecimiento económico más acelerados a nivel mundial. Dada la enorme envergadura de su economía, esto se refleja en incorporaciones sumamente significativas en términos absolutos: este año, China agregará el equivalente de toda la economía australiana a su PBI.

Para muchas empresas, el verdadero interrogante es saber si pueden adaptarse con la velocidad suficiente a un ritmo de crecimiento menor, o si sus estrategias, balances y operaciones necesitan un crecimiento más alto para prosperar, o incluso sobrevivir. Para los emprendedores que dieron por sentados los índices de crecimiento y las valuaciones de los precios de las acciones y que, por ejemplo, ofrecieron acciones de reciente cotización en Bolsa como garantía a cambio de fondos para sus proyectos visionarios, los riesgos de la ralentización están inclinando esta delicada balanza hacia una verdadera disrupción corporativa.

2. El nivel de consumo se mantiene sólido, pero con cambios

La cantidad de noticias negativas de empresas multinacionales y locales en China que registraron caídas en sus ventas en los últimos meses disparó una ola de preocupación acerca de la fuerza del motor de consumo en este país. A pesar de los titulares sobre la caída en las ventas de Apple y otras empresas multinacionales en los últimos meses, China sigue siendo el mejor caso de éxito de consumo en el mundo.

Los pronósticos coinciden en que se espera un crecimiento del nivel de consumo en China en el orden de los USD 6 billones de aquí al año 2030. Esta cifra descomunal equivale al crecimiento combinado del consumo que se espera en Estados Unidos y Europa Occidental durante el mismo periodo, el doble del crecimiento de India, y de las economías de la ASEAN en su conjunto.

China continuó reorientando su economía hacia el consumo y los servicios, los cuales aportaron alrededor del 76 y el 60 por ciento del crecimiento de su PBI, respectivamente. El crecimiento de las ventas minoristas registró un leve descenso, del 10.2 por ciento en 2017 al 9.0 por ciento en 2018, lo cual refleja la disminución de las ventas en el sector automotriz. El ingreso disponible real per cápita fue del 6.5 por ciento en 2018, en consonancia con el crecimiento del PBI. También en 2018, China creó 13,6 millones de puestos de trabajo en centros urbanos, superando su objetivo de 11 millones de nuevos empleos.

Detrás de la ralentización hay cambios en los patrones de consumo. Una caída más pronunciada en las ventas de determinadas empresas, o incluso en las ventas de ciertos sectores como la industria automotriz o cosmética, no nos muestran el panorama completo. Por ejemplo, las ventas por Internet registraron un importante crecimiento en el orden del 24 por ciento. Por primera vez, observamos un nuevo segmento de consumidores en China que opta por productos menos costosos. El éxito de Pinduoduo, una plataforma de descuentos en el sector más bajo de consumo que apunta específicamente a los consumidores que bajan de segmento —y que causó la disrupción del duopolio del comercio electrónico en China (atacando a los actores más agresivos)— nos muestra que estamos en un mercado maduro y en evolución.

El consumo en las ciudades de primer nivel sigue siendo importante, mientras que va disminuyendo en las ciudades de niveles inferiores. ¿Podríamos estar simplemente ante un «colchón de riqueza» (bienes inmuebles a un mayor valor y un nivel de recursos disponibles que fortalece la confianza de los consumidores de mayor poder adquisitivo, que aún no sienten la ralentización que ya está afectando a los niveles más bajos en la pirámide de ingresos)? Lo sabremos en los próximos meses.

3. La contracción del crédito es real

La última década de estímulo y desapalancamiento es un ejemplo de «ocho más dos». Ocho años de estímulos por parte del gobierno después de la crisis financiera global, seguidos de un par de años de desapalancamiento y reducción del crédito a conciencia.

La crisis desató una serie de medidas de estímulo y liberalización financiera que se extendieron entre los siguientes siete y ocho años. Esto trajo aparejado el rápido crecimiento de la «banca en la sombra» y los préstamos informales, a la vez que originó una serie de experimentos de emisión de deuda. El coeficiente deuda/PBI de China trepó del 120 por ciento en 2007 al 253 por ciento en el segundo trimestre de 2018, superando a los coeficientes de Alemania y Estados Unidos.

Sin embargo, la eficacia de los estímulos económicos del gobierno ha menguado recientemente. Cada unidad monetaria (renminbi) que el gobierno destinó a estimular la economía logró un retorno menor en términos de crecimiento real del PBI que en el pasado. El crecimiento del ICOR, el Coeficiente Incremental de Capital/Producción —la cantidad de dinero que el gobierno necesita inyectar a la economía para obtener una unidad de crecimiento— significa que el estímulo económico se está volviendo más costoso.

El haber aceitado la maquinaria crediticia durante años también generó burbujas de activos sostenidas mediante un exceso de liquidez. Los precios de los bienes inmobiliarios continuaron escalando, incluso después de que el crecimiento nominal del PBI se afianzó en un dígito.

Los entes reguladores son conscientes de estos desafíos desde 2016 y han hecho hincapié en el apalancamiento. Las severas medidas del gobierno contra la «banca en la sombra» y los préstamos P2P, que incluyen el arresto de ejecutivos, le ponen un freno adicional al flujo de crédito. Esto derivó en una caída pronunciada de la disponibilidad del crédito en los últimos 24 meses. El crecimiento de créditos pendientes retrocedió del 13 por ciento en 2017 al 7 por ciento en 2018, situándose por debajo del 9.7 por ciento de crecimiento nominal del PBI. Esto refleja una contracción pronunciada del financiamiento proveniente de la «banca en la sombra», el cual creció en un 13 por ciento en 2017, pero retrocedió 7 puntos porcentuales en 2018 (Gráfico 2).

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La economía de China no se ralentiza en un abrir y cerrar de ojos. Aun así, ya se está empezando a sentir el impacto de la contracción crediticia, sobre todo entre las empresas privadas de menor envergadura, y en las empresas que operan en ciudades de tercer y cuarto nivel. Como la economía de China depende cada vez más del consumo y los servicios, la contracción de la actividad económica de sus empresas se termina volcando al ingreso, al consumo y al crecimiento general.

Después de leer la gran cantidad de informes periodísticos publicados recientemente, son muchos los que creen que la guerra comercial entre Estados Unidos y China es la causa de la ralentización actual de su economía. Esta explicación también es muy conveniente para el sector político. Sin embargo, hoy en día el PBI de China depende mucho menos del comercio de lo que muchos nos quieren hacer creer. De hecho, el superávit comercial neto de China fue solo el 1.7 por ciento de su PBI en 2017, por debajo del 8 por ciento registrado en 2008. El efecto puede ser más indirecto; puede tener un impacto en la confianza de los consumidores y hacer que las empresas del sector privado pospongan sus decisiones de invertir para ampliar su capacidad de producción.

Los entes reguladores están viendo la manera de reabrir las líneas de crédito, aunque están actuando con mayor cautela y están aplicando un apalancamiento más específico que en los ocho años de expansión crediticia. Por ejemplo, el Banco Popular de China (PBOC) recientemente anunció medidas para estimular la liquidez del sector bancario mediante la emisión de bonos de duración perpetua. El objetivo de esta medida es permitir que los bancos emitan bonos y se recapitalicen para poder otorgar más préstamos, pero con la condición de que los tomadores de los préstamos cumplan con un mínimo de requisitos crediticios.

En última instancia, China tendrá que definir su curso de acción, optando por un mayor estímulo a su economía (con sus consecuentes «burbujas» y externalidades), continuando con las reformas estructurales en el sector de empresas públicas (lo cual puede ser delicado desde la perspectiva política) o aceptando la ralentización de sus índices de crecimiento. Estas decisiones pueden estar bajo la influencia de factores políticos, geopolíticos y económicos en igual medida. En los próximos meses, veremos indicios del curso de acción elegido, y también sabremos si este periodo de ralentización es a corto o largo plazo.

4. Surgen oportunidades de adquisiciones para los actores que se muevan con rapidez

La contracción del crédito impulsada por el gobierno le agregó presión a la liquidez del sector privado, y la cantidad de bonos impagos por parte de empresas privadas creció de 42 en 2017 a 147 en 2018. Debido a que la presión crediticia recae principalmente sobre las empresas medianas del sector privado, es posible vislumbrar una ronda de consolidaciones a futuro.

En periodos previos de contracción crediticia, la consolidación de industrias favoreció a las empresas estatales, y no así a sus competidoras del sector privado que contaban con un menor nivel de financiamiento. Sin embargo, un mercado de capitales más profundo y el crecimiento extraordinario del capital privado en China podrían cambiar esta dinámica de algún modo. Para muchas empresas del sector privado, el gran interrogante sigue siendo si todavía tienen recursos suficientes o se apalancaron vinculando sus balances a tasas de crecimiento y valuaciones mayores que son insostenibles a lo largo del tiempo.

Este panorama, combinado con la posibilidad de una mayor apertura hacia la inversión extranjera directa en diversos sectores que se está tratando en negociaciones comerciales generales, podría abrir una ventana de oportunidades para que las empresas multinacionales (que tengan una presencia significativa en China y estén dispuestas a realizar jugadas audaces) adquieran a sus competidoras del mercado local que quedaron atrapadas en esta contracción crediticia.

Paradójicamente, ahora que los titulares sobre China no son tan llamativos, puede ser el momento justo de aumentar la presencia y la participación comercial en este mercado.

To listen to a podcast conversation on this topic with Gordon Orr, former Asia chairman of McKinsey, and Jonathan Woetzel, senior partner and Asia director of the McKinsey Global Institute, please click here.

Sobre el/los autor(es)

Nick Leung es socio sénior de McKinsey en la oficina de Hong Kong.