¿Una cuenca mediterránea sin clima mediterráneo?

El característico clima del Mediterráneo impulsa el turismo y la agricultura en toda la región. ¿Qué impacto puede tener el cambio climático?

A lo largo de todo el año, turistas procedentes de todo el mundo acuden en tropel a disfrutar del clima, de la gastronomía y de los maravillosos paisajes que brinda el Mediterráneo. Sin embargo, el cambio climático puede endurecer el clima mediterráneo, perjudicando a sectores económicos esenciales para toda esta zona, como son el turismo y la agricultura. Desde finales del siglo XIX, la temperatura media de la cuenca mediterránea ha subido 1,4 grados centígrados, frente a un aumento medio de 1,1 grados registrado a escala mundial. Además, a menos que se alcancen los objetivos de descarbonización establecidos, la previsión es que, en 2050, las temperaturas hayan aumentado otros 1,5 grados. A su vez, esa subida de las temperaturas incrementará la variabilidad hidrológica, aumentando el riesgo de sequía, la escasez de agua, los incendios y las inundaciones, y modificará visiblemente el clima mediterráneo.

¿Cómo podría endurecerse el clima mediterráneo?

El clima mediterráneo podría experimentar varios cambios a medida que aumenten las temperaturas, se agudice la escasez de agua y las precipitaciones se vuelvan más volátiles, generando, a su vez, múltiples reacciones en cadena que van desde los incendios hasta la propagación de enfermedades (Figura 1).

A Mediterranean basin without a Mediterranean climate?
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Calor: Las proyecciones climáticas indican que el número de días con una temperatura máxima superior a los 37 grados incrementará en todos los puntos de la región mediterránea, duplicándose en el norte de África, el sur de España y Turquía, donde pasará de 30 a 60 días en 2050.

Sequía: En Italia, Portugal, España y algunas zonas de Grecia y Turquía, está previsto que las precipitaciones durante la temporada cálida y seca, que va de abril a septiembre, se reduzcan hasta 10% para 2030 y hasta 20% para 2050. En esos lugares, la situación de sequía podría prolongarse durante un mínimo de seis meses al año para 2050. 1

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Escasez de agua: Numerosas cuencas podrían registrar un descenso de las reservas de agua de aproximadamente 10% para 2030 y de hasta 25% para 2050. La escasez de agua ya es alta en la mayoría de los países del Mediterráneo, y extremadamente elevada en Marruecos y Libia. Se prevé que la disminución de las reservas de agua agudice la escasez de agua en todos los países mediterráneos desde la actualidad hasta el año 2050, especialmente en Grecia, Marruecos y España. 2

Incendios: Se prevé que el aumento del nivel de calor y sequía provoque la quema de superficies más extensas a causa de los incendios -hasta el doble de las que se queman actualmente en la Península Ibérica.

Enfermedades: Asimismo, se ha establecido una correlación entre las altas temperaturas estivales y la mayor incidencia de la fiebre del Nilo Occidental en Europa. Durante el verano de 2019 se registró el primer caso declarado de infección por el virus del Nilo Occidental en una zona tan septentrional como Alemania. Los investigadores ya contemplan la probabilidad de que el virus del Nilo Occidental se extienda de aquí a 2025 y se propague aún más llegado el año 2050.

¿De qué manera afectaría a la agricultura un endurecimiento del clima?

Prácticamente la mitad del valor de la producción agrícola de la zona mediterránea procede de cuatro cultivos: la uva (14%), el trigo, el tomate y la aceituna (9% cada uno) (Figura 2). De los tres últimos, los países mediterráneos cultivan en torno al 90% de la producción total del planeta. Nuestro análisis se enfoca en la posible alteración de la producción de uva y vino a causa del cambio climático durante el período que va hasta el año 2050.

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La producción de las regiones vitivinícolas tradicionales podría disminuir en paralelo a la variación del clima mediterráneo, dado que la vid muestra una gran sensibilidad a las oscilaciones de la temperatura y de las precipitaciones, y también se puede ver afectada por la escasez de agua y el granizo. Los investigadores han pronosticado un amplio abanico de posibles efectos del cambio climático sobre la producción de uva. Algunos estudios prevén que la zona mediterránea apta para la viticultura podría reducirse hasta un 70%, siendo ese porcentaje el máximo del rango de estimación, si bien existe un debate considerable en torno a tales predicciones, dado que otros estudios no prevén efectos negativos en absoluto. Asimismo, es probable que el calentamiento de la región mediterránea cause que determinadas variedades de uva dejen de darse en lugares donde actualmente están presentes (por ejemplo, la variedad Merlot en Burdeos), mientras que, al mismo tiempo, se presente la oportunidad de plantar nuevas variedades. Determinadas zonas agrícolas de Italia, Portugal y España podrían experimentar fuertes caídas de producción o, incluso, desparecer.

Algunos investigadores anticipan que el calentamiento climático previsto en toda Europa posibilitaría el cultivo de uvas de vino en regiones más septentrionales. De hecho, la franja vitivinícola de Europa podría desplazarse. Sin embargo, las características de los viñedos y las bodegas mediterráneas no podrían ser replicadas de manera inmediata. De hecho, es posible que jamás se logre igualarlas, dado que la adquisición de un nivel de experiencia similar en nuevas regiones vitivinícolas podría tardar varias generaciones.

¿Qué efectos podría tener un endurecimiento del clima sobre el turismo y el sector viajes?

El sector de turismo y viajes, incluidos sus efectos indirectos e inducidos, generan, de media, alrededor del 15% del PIB de los países mediterráneos. Puesto que, en algunas zonas, la economía local es aún más dependiente del turismo, hemos analizado varias ciudades de esas características. Por ejemplo, Antalya, una ciudad de playa de dos millones de habitantes, situada en la costa meridional de Turquía, atrae todos los años a más de diez millones de visitantes, lo que representa alrededor del 30% de todos los turistas que visitan el país. La previsión es que la ciudad experimente un fuerte aumento del número de días estivales (comprendidos en el periodo que va de junio a agosto) en los que se alcance una temperatura superior a 37 grados: aproximadamente 15 días adicionales cada verano para el año 2030 y alrededor de 30 días adicionales (10 días al mes) para 2050. Para el sector turístico, esos meses son cruciales, ya que concentran el 40% de las visitas anuales y registran un gasto turístico de unos 4.500 millones de dólares, lo que representa en torno al 20% del PIB de Antalya y aproximadamente el 2% del de Turquía.

¿De qué manera pueden adaptarse el sector agrícola y el turismo?

Los destinos mediterráneos pueden adaptarse al cambio climático de diversas formas. Una opción es que los destinos turísticos amplíen su temporada media en función de lo que varíe el clima mediterráneo, algo que, sin embargo, puede no resultar tan sencillo como ofrecer promociones más económicas. Pese a que ya se ofrecen grandes descuentos para incentivar a los turistas a viajar a esas zonas fuera de los meses de verano, la temporada alta estival se ha mantenido estable durante los diez últimos años. Una de las razones que lo explican es que son muchos los turistas que se ven obligados a viajar durante los períodos vacacionales escolares o laborales. Otra opción podría ser que los destinos turísticos ofrezcan actividades durante todo el año para aumentar el flujo de turistas durante los meses que actualmente consideramos temporada media o temporada baja, o bien traten de captar otros mercados, como el de los congresos y las reuniones.

En referencia a la agricultura, los viticultores ya están adoptando medidas para gestionar los cambios de cantidad y calidad de la producción. Entre ellas, cabe destacar el cultivo de variedades de uva que maduran más lentamente o necesitan menos agua. Entre las distintas medidas a las que se puede recurrir para afrontar el aumento del calor y la sequía se encuentran las de cosechar antes, reducir la luz solar que reciben las uvas o regar los viñedos. Los viticultores también pueden aumentar su resiliencia plantando cultivos diferentes, o bien trasladándose a otros lugares situados a mayor altitud o en laderas distintas a las convencionales, típicamente orientadas hacia el sur.

La mayor parte de las regiones del Mediterráneo van a tener que realizar inversiones para adaptarse. Por ejemplo, se puede reforzar la resistencia de los bosques al riesgo de incendio plantando especies arbóreas resistentes al fuego, reduciendo la cantidad de material de fácil combustión (como hojarasca y maleza) o, incluso, realizando quemas programadas y controladas. Con toda probabilidad, esos costes de adaptación habrá que asumirlos a lo largo y ancho del continente, si bien serán especialmente importantes en la cuenca mediterránea.

Para más información, descarga el caso práctico, ¿Una cuenca mediterránea sin clima mediterráneo? (PDF–2MB).


Acerca de este caso práctico:

En enero de 2020, McKinsey Global Institute publicó el informe “Riesgo climático y su respuesta: Riesgos físicos e impacto socioeconómico”, en el que medimos los efectos del cambio climático en función de cómo podría afectar al ser humano, a los activos físicos creados por el hombre y al entorno natural durante las tres próximas décadas. Con el fin de vincular riesgo climático físico e impacto socioeconómico, investigamos nueve casos concretos que ilustran la exposición a las situaciones más extremas del cambio climático y la proximidad a los umbrales físicos.